El movimiento contra el 'porrismo' y la antidemocracia / Elvira Concheiro

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Ciudad de México. Los estudiantes han vuelto a presentarse en la escena política del país. Lo hacen, como siempre: con enjundia y fuerza, también con alegría y creatividad. Hay rabia e indignación por el ataque artero de porros contra sus compañeros del CCH Azcapotzalco y contra quienes se solidarizaban en la explanada central de la rectoría de la UNAM, que dejó varios heridos, dos de ellos estuvieron al borde de la muerte.

Pero no hay movimiento que sea igual a otro. A los estudiantes que conforman éste los acecha la violencia y temen por sus vidas. Son hijos de Ayotzinapa y del último gran terremoto, uno y otro acontecimiento los han marcado aunque aún no todos lo sepan. Por eso, cada contingente en la marcha del 5 de septiembre recordó a los 43 estudiantes desaparecidos, los nombró uno a uno y se hicieron acompañar por su recuerdo exigiendo justicia. Por eso, también son ordenados y levantan el puño para pedir silencio y para hacerse presentes, tal como lo aprendieron frente a los escombros el pasado 19 de septiembre.

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