La Jornada Semanal/ Marguerite Yourcenar

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De los mayores deleites que me ha dado la narrativa francesa en el curso de una vida que se aleja es la lectura de la obra de Albert Camus y Marguerite Yourcenar. La del argelino es una prosa solar, sensual y tocada por el aire y el mar mediterráneos; la otra, la prosa equi-libradamente musical y sobriamente exacta que muchas veces parece mármol en movimiento. De Yourcenar, la primera gran revelación fue, debía ser, Mémoires d’Hadrien (1951), libro al cual uno vuelve no necesariamente para releerlo completo, sino pasajes o páginas de una lucidez bellísima. Mujer de un talento y una inteligencia excepcionales, Yourcenar, en sus dos novelas mayores, supo unir implícitamente ética y estética, como los poetas e historiadores de la antigua Grecia, a los que leyó tan bien. Igual que en Borges o en Robert Graves, en sus páginas se da en alto grado la emoción intelectual.

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