Concluye seminario "Miroslava Breach Velducea" en Chihuahua

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Chihuahua, Chih. En muchos lugares de México la frontera entre el poder público y la delincuencia organizada se ha desdibujado, registrando el país año con año un aumento en los casos de violencia y asesinatos de reporteros, además de nuevas formas de agresión incluida la censura desde los propias mesas de redacción y la desinformación creciente que propicia el aparato gubernamental.

La clausura del seminario de periodismo de investigación “Miroslava Breach Velducea”, que se desarrolló cada sábado durante dos meses en las instalaciones de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Chihuahua, culminó con un minuto de aplausos para la reportera y corresponsal de La Jornada, asesinada el 23 de marzo del año pasado.

Participaron como ponentes los periodistas Gabriela Minjares, Marcela Turati, Jaime Armendáriz, Daniela Rea, Sandra Rodríguez y Alicia de los Ríos, además de un nutrido grupo de reporteros locales y estudiantes.

El cierre de los trabajos contó con la participación de Jean Albert Hoostsen, corresponsal para México del Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ) y un diálogo entre los periodistas Olga Aragón, Blanche Petrich, Jon Gliber, el monero Mario Juárez y Rocío Gallegos, quienes discutieron las condiciones adversas que caracterizan el ejercicio crítico del periodismo en México.

El último informe de agresiones presentado por CPJ revela que los asesinatos de comunicadores en México presentan dos constantes: el que las víctimas casi siempre trabajan para medios de comunicación pequeños y locales, gozan de muy poca protección y trabajan la fuente policiaca, o son periodistas que daban seguimiento a temas de fondo relacionados con el crimen organizado, tal es el caso de los corresponsales de La Jornada, Javier Valdez y Miroslava Breach.

El Comité para la Protección de los Periodistas reporta el último año seis periodistas que fueron asesinados por motivos relacionados con su trabajo, aunque la violencia y hostigamiento se están presentando en prácticamente todo el país.

Jean Albert Hoostsen recordó que el índice global de impunidad elaborado por CPJ ubica a nuestro país en el sexto lugar mundial, detrás de Somalia, Siria, Irak, Filipinas y Sudán del Sur, todos países que enfrentan conflictos bélicos.

El contexto de riesgo que enfrentan los comunicadores mexicanos debe entenderse como una realidad que forma parte de un contexto más amplio de violencia generalizada, “definido por una frontera casi inexistente entre la delincuencia y los funcionarios públicos encargados de castigar los crímenes”, dijo.

En el estado de Chihuahua 22 periodistas han sido asesinados desde el año 2000, la incidencia de muertes y su tendencia está relacionada con la penetración del crimen organizado en amplias zonas del estado, en estructuras del poder público e incluso intereses empresariales.

El último asesinato de periodistas registrado en Chihuahua, el homicidio de Miroslava Breach Velducea, confirma un contexto de riesgo cuya frontera entre los entornos de riesgo y los que no lo son se ha desdibujado.

Desde fechas recientes la Ciudad de México registra también casos de agresión a periodistas y hostigamiento, con cinco casos de reporteros que han solicitado mecanismos de protección, a esta realidad se suma la censura desde las redacciones por presiones del poder político y discursos como el del escritor peruano y premio Nobel, Mario Vargas Llosa, quien el martes pasado calificó la cifra creciente de muertes y agresiones contra periodistas en México “en gran parte, por culpa de la libertad de prensa”.

Blanche Petrich, periodista de La Jornada y corresponsal de guerra en Centroamérica, explicó que existe una gran diferencia entre las condiciones que se dan en un territorio donde se presenta una guerra civil, con campos de conflicto bien delimitados, de conflicto armado declarado y partes beligerantes bien definidas.

“Las nuevas condiciones de riesgo ponen al reportero en un territorio donde las zonas de riesgo son imprecisas, ahora el riesgo sucede en la vida cotidiana del periodista”.

“En las zonas de conflicto mexicanas hay toda una serie de ramas que se derivan del gran tronco de la delincuencia organizada: traficantes de armas, traficantes de mujeres y niñas, lavado de dinero, migración, trasiego de droga y muchas otras”.

El contexto de riesgo en el que ocurre el asesinato de Miroslava Breach no puede entenderse sin la complicidad de las autoridades. “También estamos hablando de autoridades coludidas, de policías de todos los niveles, Ejército y Marina que involucrados en el patrón de violencia pueden ver en un momento dado a la prensa como objetivo”.

“El territorio es incierto y un periodista puede ser blanco deliberado de agresiones por cualquiera de los actores del conflicto, en cualquier momento por cualquier razón, puede ser como Miroslava Breach, porque como dice Javier Corral: le está pisando los callos al diablo”.

En el mismo sentido Jon Gliber consideró necesario replantear el concepto de zona de riesgo.

“Al final de los años noventa todavía había una cierta capacidad de lectura de la violencia, tú veías un informe de policía municipal y más o menos sabias el nivel de violencia posible, hoy todo se ha revuelto y ya no tienes esa capacidad de lectura”.

“En temas como el feminicidio la zona de riesgo incluso puede ser la recamara, la casa, un centro comercial de lujo en la Ciudad de México, su coche, pero la verdadera zona de riesgo es ser mujer, eso nos obliga a cambiar el concepto, se trata más bien de producciones de muerte”.

La nueva definición tiene que partir del reconocimiento de políticas e instituciones diseñadas por mucho años, “que han impuesto una calidad de riesgo sobre ciertas personas: ser mujer, ser indígena, ser de barrio económicamente violentado, todas ellas circunstancias para propiciar el silencio ante la violencia”.

Frente al panorama adverso para el periodismo en el país, la protección pocas veces viene de las autoridades y son las redes de colaboración y protección entre reporteros las estrategias que permiten enfrentar el actual contexto, de alta penetración del crimen organizado en el poder público y frente a otras modalidades de agresión como la censura.

“Hay que abrazar esa soledad del Estado y buscar el compañerismo y acompañamiento de otros periodistas, abrazar la solidaridad, tenemos que cuidarnos entre nosotros, tenemos que buscar las redes de protección y colaboración”, concluyó Jon Gliber.

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