Opinión
Ver día anteriorMartes 13 de noviembre de 2018Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Caravana migrante, crisis humanitaria
L

a caravana de migrantes proveniente de Honduras y otros países de Centroamérica es un desafío a las democracias de los países de tránsito y para la nación a la que aspira arribar. Es mucho más que el resguardo hermético o la eventual porosidad de soberanías territoriales, es una crisis humanitaria que reivindica el derecho de migrar de quienes huyen de la pobreza, la represión y la violación sistemática de los derechos humanos en las naciones de origen.

Es un contingente de entre 5 y 6 mil migrantes, cifra que podría crecer a pesar de los centenares que han decidido regresar, pero el dato contundente es que casi la mitad de ellos son niñas y niños, además de muchos adultos en condiciones físicas y de salud deplorables para hacer un recorrido de miles de kilómetros hasta la frontera con Estados Unidos.

Lo más reprobable de todo es el uso político de un hecho humano trágico, la exacerbación de la xenofobia y el racismo del gobierno estadunidense, y especialmente de quien lo encabeza para atraer los reflectores de los medios con la bandera de un nacionalismo excluyente y primitivo.

El presidente estadunidense, Donald Trump, ha afirmado, sin ofrecer pruebas, que desconocidos de Oriente Medio se han mezclado entre los migrantes centroamericanos que se desplazan en la caravana hacia la frontera sur de su país. Coge tu cámara, ve al medio y busca. Encontrarás a miembros del MS-13, encontrarás gente de Oriente Medio, encontrarás de todo. ¿Y sabes qué? No vamos a permitir que entren en nuestro país, queremos seguridad, ha dicho en sus conferencias de prensa.

La embestida mediática se da en el marco de las elecciones legislativas de ese país, para revertir la ventaja de los candidatos del Partido Demócrata, según varios estudios de opinión.

La estridencia de la administración trumpista no deja dudas del fondo an-timigrante y del formato político:

El presidente estadunidense vincula la caravana de migrantes hondureños con las elecciones del 6 de noviembre al afirmar que “los demócratas están en favor de dejar que el crimen entre a nuestro país con fronteras abiertas, porque muchas de esas personas… un gran porcentaje de ellas son criminales y quieren venir a nuestro país… Y eso no ocurrirá en mi mandato. No sucederá”.

El mismo tono refractario y exagerado se ha percibido de los demás funcionarios de ese gobierno: Estamos rápidamente llegando a un punto que parece ser un momento de crisis: cifras récord de migrantes, ha dicho el secretario de Estado estadunidense, Mike Pompeo, en su visita a Ciudad de México, cuando una cifra semejante de personas emigran todos los días de un país latinoamericano a otro cuando hay problemas políticos o crisis económica.

En consonancia con esta concepción, el Pentágono prepara el despliegue de cerca de 800 efectivos adicionales en la frontera con México, que se sumarían a los 2 mil de la Guardia Nacional que ya están en operaciones desde abril pasado.

A juicio de analistas y voceros del Partido Demócrata, la administración trumpista está explotando el tema de esta caravana para exacerbar el miedo hacia los inmigrantes y estimular a sus seguidores para que salgan a votar por sus candidatos en las elecciones legislativas en puerta.

Para la oposición interna a esa administración de derecha, están tratando de desviar la atención sobre el desmantelamiento del Estado de bienestar, la reducción de derechos sociales de los sectores más desfavorecidos y, en contrapartida, la reforma fiscal que beneficia a los deciles de la población más altos en ingresos, y convertir a esta caravana en el tema central de las elecciones legislativas.

En efecto, para citarlos textualmente, el Presidente está desesperado por cambiar el tema de la atención médica a la inmigración porque sabe que la atención médica es el problema número uno que preocupa a los estadunidenses, dijeron en un comunicado la líder demócrata de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, y el líder demócrata del Senado, Chuck Shumer.

La politización de una tragedia humana la resume puntualmente Frank Sharry, jefe del grupo proinmigración de America’s Voice en Washington: El gobierno de Donald Trump no está interesado en solucionar el problema de la inmigración, está interesado en explotarlo.

De nuestra parte, qué bien que el gobierno mexicano no haya cedido a las presiones para erigir un bloque infranqueable y monolítico al ingreso de los migrantes centroamericanos y haya, por el contrario, planteado una propuesta para permanecer en el territorio nacional, una propuesta a analizar por los beneficiarios, pero en el ánimo claro de no violentar sus derechos humanos.

Mal hubiera sido ceder a las presiones de cualquier gobierno, y de sectores conservadores internos, siendo México un país impulsor de la Convención Internacional sobre Trabajadores Migrantes y sus Familias. Un país, además, emblemático por su tradición de asilo, ante perseguidos políticos y ante quienes huyen del hambre y las condiciones de implosión social de sus naciones de origen.

Caravana de migrantes centroamericanos, un tema humanitario no político, y mucho menos político-partidista como ahora ocurre, en su tratamiento, en Estados Unidos.