Opinión
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En tránsito
Carlos Bonfil
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▲ Fotograma de la cinta de Petzold
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antasmas a la deriva. En tránsito (Transit, 2017), nuevo largometraje perturbador del alemán Christian Petzold (Bárbara, 2012; Phoenix, 2014) retoma y exacerba algunas constantes de sus obras anteriores, de modo especial la incorporación de figuras espectrales que misteriosamente irrumpen en las tramas y que al ubicarse en contextos históricos muy precisos terminan por alterar el sentido final de la narración. En el caso de Phoenix, por ejemplo, la aparición de la protagonista que interpreta Nina Hoss, una sobreviviente de los campos de exterminio nazis, con su rostro desfigurado y su deseo y su temor de saber si su esposo pudo haberla traicionado en el pasado, representa el duro recordatorio de un episodio vergonzoso en la historia de un país. Algo más inquietante propone En tránsito. Basada en la novela homónima escrita en 1944 por la historiadora judío-alemana Anna Seghers, quien se refugiara primero en Marsella huyendo de la persecución nazi, para desde ahí emigrar luego a México, lo que relata la cinta es el itinerario parecido de Georg (Frank Rogowski), un joven alemán igualmente perseguido por su disidencia política, quien decide usurpar la identidad de Weidel, un escritor comunista que se suicida en Marsella cuando ya poseía la visa de tránsito que le permitiría abandonar una Francia ocupada por el ejército nazi.

Esa misma historia la había llevado a la pantalla el francés René Allio en Tránsito, cinta de 1990, en el tono realista de un a trama de suspenso. Lejos de limitarse a elaborar un remake convencional, el alemán Petzold trastoca ahora caprichosamente los elementos de la narración original. Ambienta su película en una época actual y con ello sugiere de modo mordaz la persistencia en Francia de una atmósfera de persecución a disidentes y refugiados políticos similar a la de la vieja nación petainista. El símil es arriesgado y posiblemente arbitrario, pero en un plano metafórico resulta algo válido. Los anacronismos abundan, por supuesto. Los automóviles son modelos recientes, aunque los personajes llevan ropa de aquella época. Nadie utiliza teléfonos celulares, pero el patrullaje policiaco del gobierno colaboracionista de Vichy apenas se distingue del de una redada actual de indocumentados. La mayor parte de la cinta transcurre en la Marsella de hoy, territorio multirracial por excelencia. La destreza del realizador y su solvencia narrativa consiguen que el espectador muy pronto tome como algo natural esta azarosa yuxtaposición de épocas y se deje atrapar por un relato muy ágil que explora el comportamiento complejo del protagonista Georg, un hombre taciturno a la vez calculador y generoso, y también las ambigüedades de una época presente que asiste con una pasividad inquietante al resurgimiento de las viejas amenazas fascistas.

En sus vagabundeos por esa Marsella desolada, Georg conoce a un niño de origen magrebí y a su madre sordomuda, a quienes ofrece una solidaridad afectiva tan sincera como impotente. También entabla una extraña relación de empatía con un médico alemán que vive una frustración amorosa y el dilema de no poder dejar Francia y tampoco a Marie (Paula Beer), la mujer que ama y quien a su vez se afana por encontrar a su esposo desaparecido, el propio Weidel. Es fascinante el entramado narrativo de destinos cruzados en ese limbo suspendido. Los fantasmas de un pasado histórico nefasto surgen de improvisto en un presente cargado de señales ominosas, mientras Georg vive una fugaz pasión amorosa con Marie, víctima propiciatoria de sus cálculos oportunistas. La fatalidad se cierne sobre estos personajes nómadas, siempre en tránsito, que deambulan por la ciudad portuaria en espera de un visado providencial, cómo ánimas en pena o tránsfugas en una suerte de libertad condicional. Christian Petzold, quien fuera asistente de realización del documentalista Harun Farocki, dedica a su maestro esta cinta compleja y a la vez sorprendentemente diáfana, en la que pasado y presente se conjugan para aventurar un vigoroso posicionamiento político en tiempos de discriminación e intolerancia crecientes. De la llamada escuela de Berlín, Petzold es sin duda la figura más atractiva y estimulante.

En tránsito forma parte de la 17 Semana de Cine Alemán y se exhibirá en la sala 3 de la Cineteca Nacional el próximo martes a las 20:30 horas y el jueves a las 18:30 horas.