Opinión
Ver día anteriorDomingo 12 de agosto de 2018Ver día siguienteEdiciones anteriores
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España y la guerra contra Venezuela
Marcos Roitman Rosenmann
E

spaña no renuncia a ejercer un papel de sicario de Estados Unidos en América Latina. Tras el atentado con drones contra el presidente Nicolás Maduro, las fuerzas armadas y el gobierno bolivariano, una parte destacada de su clase política ha sido portavoz de la oposición venezolana en los medios de comunicación. Como en toda guerra, las noticias han sido censuradas, malintencionadas y sobre todo manipuladas. Más allá de toda duda razonable, es una actitud pueril. En ningún momento se habla de atentado, sino de acontecimiento, presunto hecho, ataque sin demostrar de drones, interpretaciones contradictorias, se omite la palabra magnicidio o acto terrorista. A medida que transcurren los días las fuentes de información son los autoexiliados en Colombia, España y los portavoces de Primero Justicia quienes tienen la palabra, las interpretaciones y la explicación de los hechos. Los apelativos para describir la realidad venezolana no pueden ser más espurios: crisis humanitaria, dictadura, hambruna generalizada, tiranía marxista y comunistas.

Asimismo, las emisoras de radio prestan sus servicios y se suman a la campaña. La radio de la Conferencia Episcopal y el director del programa más destacado de las noticias, Carlos Herrera, no tiene empacho. Califica al presidente Nicolás Maduro de corrupto, loco, canalla y cretino, todo en un mismo instante. La cadena Ser no se queda atrás en los insultos. Todos reman en la misma dirección. Los invitados y tertulianos coinciden en hablar de autoatentado, de una maniobra para ocultar la represión. La prensa escrita pone su granito de arena: las editoriales de los periódicos ABC, La Razón, El Mundo y La Vanguardia se muestran convencidos de la falsedad de las noticias procedentes del gobierno de Venezuela. Califican el acontecimiento o presunto atentado de una acción borrosa que genera dudas. Mención aparte merece El País. Su nueva directora, Soledad Gallego Díaz, presentada como una periodista que dará un giro a la izquierda en el periódico, una mujer comprometida, publica los mismos artículos de sus corresponsales que destilan mentiras y no contrastan la información, es decir, sin cambios. Para els grupo Prisa, el gobierno de Venezuela es considerado un país en manos del enemigo y debe ser tratado como tal. Fraude informativo.

La televisión no es menos. Los únicos que toman la palabra en relación con Venezuela, en las emisoras privadas y por cable tanto como la pública –recordemos gobierna el PSOE y hay nueva administradora única– tanto monta, monta tanto, son los dirigentes del Partido Popular, Ciudadanos, el ex presidente de Colombia José Manuel Santos, Álvaro Uribe, el sempiterno Felipe González y los representantes de la Unión Europea que solicitan sanciones. No hay dudas de cuál es su versión de los hechos. Venezuela está sumido en el caos institucional con un gobierno ilegítimo. La respuesta a todas las preguntas es siempre la misma: ni diálogo, ni negociación, dimisión del dictador.

También los llamados expertos que hablan en los medios son los mismos que veneran y afirman la legitimidad del gobierno de Michel Temer en Brasil, avalan las reformas y los acuerdos del gobierno de Mauricio Macri con el FMI y justifican la represión contra el pueblo Mapuche en Chile, sea con el gobierno de Michelle Bachelet o ahora con Sebastián Piñera. Se muestran pletóricos cuando señalan las virtudes del gobierno peruano, colombiano o de Panamá. Ahora son defensores de Lenin Moreno en Ecuador. Se les conoce por sus llamados a frenar el populismo de izquierdas en la región. Sobresalen los investigadores del Real Instituto Elcano, en cuyo patronato encontramos los nombres de José María Aznar, los presidentes de toda la banca, IBM, hidroeléctricas, Repsol, mutuas de seguros y Renfe. Tergiversan la realidad, hasta hacerla irreconocible. Su investigador principal para América Latina, Carlos Malamud, invitado a todas las tertulias, defendió y defiende la dictadura de Augusto Pinochet en Chile. Para referirse al presidente Nicolás Maduro utiliza el adjetivo de marruñeco, además de llamar abiertamente al golpe de Estado, denigrar al gobierno bolivariano o descalificar a José Luis Rodríguez Zapatero en el proceso de negociaciones.

En estos días, España oculta la realidad de Venezuela. La forma de presentar el problema no puede ser más canalla. América Latina y la OEA se unieron en un clamor contra la tiranía de Nicolás Maduro: no tiene apoyo internacional, está aislado y moribundo. “La salida“ es apoyar la desestabilización, el bloqueo y ganar esta guerra contra el comunismo internacional, la tiranía marxista avalada por Rusia, Irán y China. España, adalid de la democracia, está con los golpistas.