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Gastan $184.9 millones en tinacos

Hacen negocio con fondo para remediar ecocidio en Sonora

Colegios de ingenieros y un primo de Germán Larrea, beneficiarios

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▲ Los comités de cuenca del río Sonora, asesorados por Proyecto sobre Organización, Desarrollo, Educación e Investigación denunciaron que el dueño de Grupo México, Germán Larrea Mota Velasco, utilizó el Fideicomiso Río Sonora para enriquecer a empresarios cercanos mediante la compra de 3 mil tinacos con sobreprecio.Foto Cristina Gómez Lima
Corresponsal
Periódico La Jornada
Martes 31 de julio de 2018, p. 27

Ures, Son.

El Fideicomiso Río Sonora (FRS), creado como único medio de pago para resarcir los daños ocasionados por el derrame de químicos a los ríos Sonora y Bacánuchi en agosto de 2014, gastó más de 184 millones de pesos en la compra de tinacos, y uno de los tres beneficiarios fue la empresa Rotoplas, propiedad de Carlos Rojas Mota Velasco, primo hermano de Germán Larrea Mota Velasco, dueño de Grupo México, denunciaron los comités de cuenca del río.

Explicaron que el FRS destinó 184 millones 954 mil pesos a la compra de 3 mil contenedores de agua, mientras la suma entregada directamente a los afectados en su salud a causa de la contaminación por el derrame fue de apenas 7 millones 805 mil pesos.

Los comités de cuenca del río Sonora, asesorados por la asociación no gubernamental Proyecto sobre Organización, Desarrollo, Educación e Investigación (Poder), detallaron que el FRS pagó por los tinacos 150 millones de pesos al Colegio de Ingenieros Civiles de Sonora, AC. El Colegio de Ingenieros Ambientales de México, AC, fundado poco después del derrame por Rodolfo Lacy Tamayo, presidente del comité técnico del FRS, recibió a su vez 28 millones 614 mil pesos. En tanto, Rotoplas obtuvo 5 millones 502 mil pesos.

Más de un centenar de afectados se reunieron fuera de lo que debió ser la Unidad de Vigilancia Ecológica y Ambiental (Uveas) de Ures para exigir a Grupo México que se responsabilice por los daños provocados por la contaminación del agua desde hace cuatro años.

Para afectados por derrame, apenas 10% de lo erogado

Pobladores de los municipios de Arizpe, Banámichi, Huépac, Aconchi, San Felipe, Baviácora, Ures y Hermosillo afectados por un derrame de aproximadamente 40 mil metros cúbicos de solución de sulfato de cobre acidulado en ambos ríos, reclamaron al consorcio minero el pago de daños ambientales y a la salud.

‘‘Estas empresas voraces acaban con nuestra vida y naturaleza a cambio millones, pero éstos no valen más que la vida de los 25 mil sonorenses afectados por el ácido sulfúrico’’, manifestó Roberto Gallegos, habitante de Huépac.

Cifras publicadas por el FRS refieren que en el rubro ‘‘Acciones de atención y seguimiento médico’’ se otorgó a los afectados en su salud 7 millones 805 mil pesos, es decir, 10 por ciento de ese rubro.

Mientras, el 90 por ciento restante se gastó en la construcción de la Uveas ubicada a la entrada de Ures, la cual debió inaugurarse en 2015, un año después del derrame, pero sigue en obra negra.

Benjamín Cokelet, director de Poder, calificó la compra de tinacos de ‘‘muestra de cinismo más allá de lo imaginable’’; además, señaló que ya se ha gastado 61 por ciento del FRS, es decir, mil 231 millones 367 mil 946 pesos de un total de 2 mil millones. El resto quedó congelado sin resarcir daños sanitarios, ambientales ni económicos.

En febrero de 2017 quedó clausurado, en total opacidad, sin cumplir su cometido y con el aval de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, a cargo de Rafael Pacchiano.

En junio de 2016 Grupo México cerró la Uveas y dejó sin atención médica a los pobladores perjudicados. Además, incumplió el compromiso de vigilar la calidad de las fuentes de agua en la región.

Datos de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios mencionan que el derrame tóxico provocó daños en la salud de al menos 360 habitantes de la ribera, quienes presentan altas concentraciones de metales pesados en sus organismos.

El 6 de agosto de 2014, una falla en una represa de la mina Buenavista del Cobre causó el mayor desastre ambiental en la historia de México. El agua de los ríos Sonora y Bacánuchi ya no sirve para consumo humano ni para actividades productivas, en perjuicio de 25 mil habitantes.