Opinión
Ver día anteriorViernes 20 de julio de 2018Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Trump: la desconfianza
D

onald Trump a pesar del gesto diplomático para subsanar un largo historial de atropellos y malentendidos con nuestro país en el intento de avanzar hacia la construcción de un trato mutuo, la colaboración en temas de interés común, la reciprocidad y la simetría.

Apenas el día de ayer se desliza y verbalmente dice acabar con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y buscar una relación bilateral con nosotros, y otra con Canadá. Divide y vencerás...

La ficción rebasa la realidad y el ‘‘enemigo” es del orden del fantasma de ‘‘algo” amenazante que no tiene rostro, que no puede encuadrarse en el tiempo ni en el espacio y confronta descarnadamente a una experiencia ominosa, siniestra.

Lo ominoso, lo siniestro, pertenece al orden de lo terrorífico, siendo aquello que suscita angustia y dolor. Lo ominoso es una variedad de lo mismo que se remonta a lo consabido de antiguo. Si nos preguntamos de lo consabido de antiguo, a lo familiar.

Y preguntamos con Sigmund Freud cómo es posible que algo familiar se vuelva ominoso y en qué condiciones se presenta de esta forma, el sicólogo vienés recurre al análisis de la palabra alemana unheimlith, que es lo opuesto heimlich, que es traducido como familiar, íntimo; lo unheimlith, lo ominoso, resulta terrorífico, justamente porque no es consabido.

Lo heimlitch se torna un unheimlith, pero el vocablo no es unívoco, está abierto a múltiples significados y lo que aparece es el retorno de lo reprimido infantil. La lectura de este texto de Sigmund Freud sobre lo ominoso ilustra a la perfección el juego macabro en el que parecemos suspendidos como marionetas. Fácilmente pasamos a reconocer en la figura de Donald Trump los terroríficos fantasmas de la infancia, en las aterradoras imágenes, discursos que los medios de comunicación nos invaden permanentemente. Ejemplo; los juegos de horror de su entrevista con Vladimir Putin en Helsinki, Finlandia.

Lo antaño hospitalario se vuelve agreste e inhóspito; el amigo, enemigo; el civilizado salvaje; la seguridad-miedo; la certidumbre, paranoia.

Un desdoblamiento especular de lo íntimo, familiar, y a la vez siniestro que nos habita.

Confusión del adentro y afuera; la fantasía y la realidad; la razón se sale de sus goznes.

Frente al ‘‘enemigo sin rostro”, la amenaza de lo fantasmático, aparecen las fantasías más arcaicas, la paranoia y la actuación.

Lo más irracional aflora y la capacidad para reflexionar nos abandona.

Con Donald Trump el mundo se ha tornado unheimlith, se ha poblado de fantasmas.

El fantasma Trump asusta al mundo.