Opinión
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El shock de la victoria
V

ivo como victoria el triunfo de López Obrador y de Morena, la alegría estalla en mi pecho, experimento una profunda felicidad mientras vivo una conmoción imprevista que perturba: el shock de la victoria. El triunfo de un movimiento político carece de antecedentes en mi historia de vida, en tanto la derrota de una lucha y el ejercicio de la protesta están inscritos como habitus en mi piel.

Vencer pacíficamente a contrarios que jugaron sin escrúpulos no es un logro menor, y tampoco es el triunfo de una persona, sino el de movimientos de larga data, a lo que se sumó una buena organización partidista y un líder que recorrió el país y enfrentó a élites que han saqueado al pueblo. Son muchos los perdedores, el Partido Encuentro Social (PES) y Nueva Alianza pierden su registro, pero gracias a que se colgó de Morena, el primero hizo el negocio de su vida y tendrá una recompensa desproporcionada en el Congreso; el balance es insano, los miembros del PES salieron muy caros y tienen una agenda contraria a las libertades, en especial contra los derechos de las mujeres y de la comunidad LGBTTTI, así que en estos temas esperamos que el PES no vaya a jugar como oposición de Morena. Las derrotas del Partido Revolucionario Institucional (PRI), del Partido Acción Nacional (PAN), del Partido de la Revolución Democrática (PRD), del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y del Movimiento Ciudadano (MC) pueden disfrutarse como un sentimiento desagradable, paradoja emocional.

Salvo en Guanajuato, cuna del sinarquismo, Morena ganó en todos los estados, así como la mayoría en congresos, no como en los tiempos en que el PRI manipulaba las elecciones, sino ahora cuando cada voto se cuenta y los ciudadanos se encargan de las casillas; a pesar de los millones invertidos en compra de votos y de la intervención de gobernadores (en Puebla pretenden imponer a la esposa del ex gobernador), presidentes municipales y delegados. En todas las demarcaciones de Ciudad de México se compraron los votos de manera descarada, y aún así Morena ganó 11 alcaldías, incluyendo Iztapalapa, la joya de la corona; pero se impusieron en Venustiano Carranza y en Coyoacán.

El voto por AMLO es un voto de conciencia y de conocimiento, más de 55 por ciento de quienes lo eligieron cuenta con estudios universitarios, al sector ilustrado se sumó la clase trabajadora y así logró atraer a más de la mitad del electorado, jóvenes en su mayoría. De manera opuesta a la clase política dominante, el gobierno morenista evitará la opulencia, el despilfarro y el abuso del poder, porque será austero y cercano a la gente. Desde los primeros momentos de la nueva administración, la efectividad en la lucha contra la corrupción será una de las principales valoraciones de la ciudadanía, las cosas irán bien en la medida en que sea implacable la intolerancia a quienes actúen con deshonestidad dentro y fuera de las filas del gobierno y del partido triunfador, tal como lo comprometió el virtual presidente electo.

El electorado no ha depositado el poder en una sola persona, por el contrario, se votó por todo un equipo de gabinete plural y por un conjunto de líderes partidistas cuyas trayectorias o eran conocidas o se hicieron públicas durante la campaña. El respeto irrestricto de los derechos humanos, abrir la participación de la sociedad civil y garantizar la transparencia y rendición de cuentas de los actos de todas las autoridades permitirá acabar con la corrupción, un camino menos sinuoso que la lucha contra la violencia, aunque esta última está interconectada con la primera. Porque la violencia es uno de los más grandes retos para el gobierno entrante, ha sido gran acierto que al lado del presidente, Olga Sánchez Cordero, la responsable de la política interior, se haya comprometido con el diseño de una política de pacificación, y con la redacción, consulta y aprobación de una ley de amnistía; y más, a considerar la despenalización de la producción y consumo de la mariguana. Porque tales medidas cambian las estrategias previas tan fallidas, será necesario probar, evaluar, corregir, armarse de paciencia, abrir la participación a las víctimas y a los gobernados, todos y todas tendríamos que colaborar para superar la violencia.

AMLO no es inmune a la violencia, lo necesitamos sano y vivo, él tendría que fortalecer su seguridad personal y minimizar los riesgos, porque el cuerpo del presidente es el símbolo de nuestro territorio, y es la imagen que detenta el poder que le dio el electorado. Como estadista, su discurso triunfal fue sereno, siempre pausado y a lenta velocidad, tal como el ritmo que esperamos marque las decisiones y los grandes cambios que vienen. A ese compás nos ayuda a manejar hoy, el shock de la victoria.

Twitter: @Gabrielarodr108