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El despertar

Locura manifiesta

L

a locura es la pérdida de la razón y el loco es un personaje de poco juicio, disparatado e imprudente, una persona que carece de un sentido de realidad. Entre el diluvio de improperios que desató la propuesta de AMLO de revisar todos los expedientes, incluida la amnistía, para traer la paz a México y terminar la matanza, destaca la reacción del gobernador de Veracruz, que habla de locura total, de loco y de pérdida de juicio al referirse al líder de Morena.

En boca de ese gobernador lo de locura no es un diagnóstico, sino un insulto, y en boca de este personaje los insultos se vuelven piropos. No sólo por lo tortuoso de toda su carrera política, incluyendo abusos y fraudes y su pésimo desempeño en un estado donde los índices de violencia crecen semana tras semana. El epíteto de loco ha sido frecuente entre los periodistas venales y los políticos que sienten cada vez más la amenaza del triunfo de AMLO.

Una prueba de la locura de AMLO es su desempeño en cada una de las etapas de su vida política. Si nos concentramos en la lucha electoral, AMLO ganó el Gobierno de la Ciudad de México por un porcentaje de 37%, lo que equivale a um millón 600 mil votos; en 2006 se le reconocieron, como candidato a la Presidencia, 14 millones 683 mil votos, menos de un punto porcentual abajo del triunfador, Felipe Calderón; en 2012 obtuvo 15 millones 848 mil votos. Además, ha creado un partido nuevo y lo ha hecho prosperar con una actividad personal intensiva. En este momento él y su partido son líderes en las preferencias electorales, incluso en sectores y estados donde la izquierda no ha tenido relevancia. Los electores jóvenes se inclinan por él, particularmente los universitarios (encuesta Reforma, 2/XII/2017). Estos hechos son una prueba indudable de que AMLO es un hombre disparatado, que ha perdido la razón, que es imprudente.

También es prueba de su locura o de su cordura la forma en la que gobernó a la capital del país. Por lo general sus críticos no mencionan su desempeño. Cumplió con sus 40 promesas de campaña, mantuvo una excelente relación con los empresarios, eliminó los cochupos, mejoró la seguridad pública, superó el déficit y no endeudó a la ciudad. Introdujo programas sociales innovadores, no estableció compromisos con los grupos de interés. Para medir el buen juicio y la lucidez de AMLO bastaría comparar estos hechos con la desastrosa ejecutoria de todos los gobernadores del PRI, sin una sola excepción.

Twitter: @ortizpinchetti