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Ayer murió el cantautor uruguayo, reconocido en AL y Europa por su compromiso social

Debemos trabajar contra la impunidad, cáncer de la sociedad, decía Daniel Viglietti
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Sobre estas líneas, Daniel Viglietti durante una presentación con el poeta Mario Benedetti en 2002 en Uruguay; al lado, con el escritor Eduardo Galeano en una manifestación en 2013 en MontevideoFoto Afp
 
Periódico La Jornada
Martes 31 de octubre de 2017, p. 8

El cantautor y guitarrista uruguayo Daniel Viglietti (Montevideo, 1939) se asumía como hombre de memoria, un ser que creía en la renovación y en el futuro.

Este hombre de hablar pausado y palabras concisas decía que México –país que pisó por vez primera hace más de 40 años– ocupaba una parcela muy importante en su corazón y sus emociones.

Ayer, Viglietti murió en Montevideo a los 78 años de edad, informaron amigos del artista.

El músico y compositor Rubén Olivera dijo que no tenía problemas cardiacos y que la muerte fue sorpresiva para todos, incluyendo su hermana, que también vive en la capital uruguaya. 

Viglietti integró una generación de grandes músicos y cantores uruguayos que emergieron en la década de 1960, como Alfredo Zitarrosa, Los Olimareños, José Carbajal, Héctor Numa Morales, Aníbal Sampayo y otros que dieron nacimiento a lo que, hasta hoy, se identifica como Canto Popular Uruguayo.

Estuvo siempre comprometido con las causas populares y, por su obra artística y su solidaridad recibió el reconocimiento de los públicos más diversos de América Latina y Europa, principalmente de Francia, país al que estuvo muy vinculado y que visitaba con frecuencia.

Música para poetas

Fue autor de reconocidas canciones como A desalambrar o El chueco Maciel y musicalizó a numerosos poetas iberoamericanos como sus compatriotas Circe Maia, Líber Falco y Washington Benavídez, el peruano César Vallejo, los españoles Rafael Alberti y Federico García Lorca y el cubano Nicolás Guillén, entre otros.

Desde 1997 realizaba semanalmente un programa de radio llamado Tímpano y otro de televisión titulado Párpado, en el que difundía a artistas de todo el mundo.

Viglietti era generoso, entrañable, cálido y crítico, como sus composiciones, muchas de las cuales han dado voz a las diversas luchas sociales de la región.

Vino a México por primera vez en los albores de los años 70, invitado por Beatriz Allende, una de las hijas del presidente chileno Salvador Allende, para apoyar los actos de solidaridad y contra la dictadura de Pinochet.

A partir de ahí, se gestó un vínculo muy estrecho del uruguayo con esta tierra y su gente. Aquí, en 1978, creó y presentó un espectáculo de poesía y música con Mario Benedetti. Este formato también lo aplicó con escritores como Juan Caparry, Eduardo Galeano y Juan Gelman.

Hizo sinergia con diversos músicos y cantantes, como Óscar Chávez, Amparo Ochoa, Judith Reyes, Salvador El Negro Ojeda, René Villanueva y Rubén Ortiz, artistas que se ha ocupado de difundir en aquella nación sudamericana, como ha hecho también con Eugenia León y Guadalupe Pineda, entre otros.

Para mí, hay vínculos de amor muy fuertes con México, por muchos momentos que he vivido, como la experiencia de la Cumbre Intergaláctica en Chiapas (organizada por los zapatistas), y también porque aquí tengo muchos seres queridos. Por eso, es un país que me duele. ¡Cómo no me va a doler todo lo ocurrido en este país, como Tlatelolco, Acteal, Atenco y ahora Ayotzinapa, comentó en una entrevista en estas páginas.

Viglietti expresaba su admiración por dos grandes mujeres mexicanas. Una de ellas, Rosario Ibarra, a quien consideraba referente en el tema de los desaparecidos, como lo es para Uruguay Luisa Cuestas, activa en esa lucha aun a sus 95 años. La otra, la escritora Elena Poniatowska, de quien apreciaba su delicadeza intelectual y lealtad a sus convicciones.

Entre los temas abordados, el cantautor hace patente su convicción de que la historia no termina ni hay fin de las ideologías ni del pensamiento crítico. Tiene que haber transformaciones, no se pueden aplicar el mismo modelo ni los mismos mecanismos siempre.

También hizo manifiesta su determinación de no estar anclado al pasado ni a la nostalgia, aunque precisaba que eso no implicaba dar la espalda a la memoria.

Es algo que no borro, para nada. Hay mucha gente interesada en que el pasado nos aleccione para seguir adelante. Tenemos que trabajar contra la impunidad, una de las palabras clave en esta época, que une a varias historias de diversos países; es un veneno letal, un cáncer de la sociedad, explicaba en referencia a los desaparecidos, la violación a los derechos humanos y las brutalidades de las dictaduras en Latinoamérica.

No es ni nostalgia ni melancolía. Es una exigencia de justicia y memoria, para que en el futuro no se reproduzcan esas situaciones, ni en Uruguay ni en ninguna otra parte del mundo.

Después de la represión desatada por el gobierno de su país natal, Daniel Viglietti estuvo exiliado 11 años en París, donde paralelamente a su carrera musical realizó una amplia actividad periodística y social, denunciando los abusos de las dictaduras en Latinoamérica, principalmente en Uruguay.

Su discografía se inicia con Impresiones para canto y guitarra y Canciones folclóricas.

Quiero mucho al México de Zapata, de Rosario Ibarra y de los sin nombre que se acercan y me siguen, comentaba Viglietti.