17 de junio de 2017     Número 117

Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER

Suplemento Informativo de La Jornada

Trabajar [email protected] contra la codicia
de las grandes trasnacionales

Amélie Nguyen Centre International de Solidarité Ouvrière (CISO), Québec-Canada [email protected]


FOTOS: Edgardo Mendoza / ANEC

El Centro Internacional de Solidaridad Obrera (CISO) es una organización intersindical de solidaridad internacional de Quebec. Su mandato es defender los derechos laborales mediante la creación de una mayor conciencia de las dinámicas estructurales –económicas, políticas y sociales– que amenazan el respeto de los derechos de [email protected] [email protected] en Quebec y del mundo.

No tenemos hoy día un sistema que funcione para [email protected] [email protected] Más bien es un sistema que defiende y promueve los intereses, las ganancias y el poder jurídico y político de las grandes empresas, y bloquea la creación de procesos democráticos. Desde su creación, el CISO ha generado un mensaje a favor de la autodeterminación de los pueblos. El reciente encuentro trinacional, enfocado a analizar la pronta renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), tuvo una participación muy diversa de los tres países con representantes de sindicatos, organizaciones campesinas y de consumidores, movimientos ciudadanos y de la sociedad civil en general, y podría lograr un alcance mucho más importante y profundo que únicamente la lucha en contra de este tratado específico.

1. Solidaridad más allá del libre mercado y a largo plazo

Durante el encuentro, los representantes mexicanos hicieron llamados constantes a crear un bloque solidario entre los movimientos sociales de los tres países no sólo en cuanto al TLCAN, sino más allá, en la defensa conjunta de los derechos humanos y las luchas sociales de las poblaciones.

Las discusiones expusieron el hecho de que las violaciones de los derechos humanos están aumentando día a día en México. Ello se expresa por varias vías: una violencia generalizada y normalizada que implica mayores agresiones hacia las mujeres y hacia las voces disidentes; una impunidad casi total para quienes cometen crímenes violentos; la destrucción de las formas de vida de [email protected] [email protected] e indígenas, a fin de propiciar la desesperación necesaria para proveer mano de obra barata a los intereses privados, muchos de ellos extranjeros; la corrupción dentro del aparato del Estado, y la perversión de los sindicatos, de aquellos denominados “blancos” y “amarillos o verticales”, que son los que predominan (no hablamos aquí de los sindicados independientes, que luchan admirablemente y con riesgos en un contexto muy difícil).

Lo que salió del encuentro es que debemos ver el momento actual como una oportunidad. Los grupos mexicanos han aprendido a funcionar en un ámbito violento, en el cual la libertad de expresión está en riesgo, y donde pesa mucho el asombroso poder corporativo, que es apoyado por leyes que cristalizan su influencia y sus beneficios futuros. Por necesidad, han aprendido a organizarse a veces clandestinamente, a ser creativos, a adaptarse a condiciones que cambian a veces rápidamente, a no parar aunque haya obstáculos. De esta sólida y durable experiencia de resistencia, grupos de Quebec, Canadá y Estados Unidos tenemos mucho que aprender. Este podría ser el momento de dar reversa a las dinámicas neocolonizadoras, y cuestionar seriamente las relaciones históricas de poder que favorecen a las elites del Norte. ¿Por qué? Porque ya en el pasado [email protected] [email protected] han confrontado muchas veces la derechización de las políticas, la discriminación y la represión.

2. Pensar y actuar de manera trinacional

Durante las discusiones se sugirió que había que cambiar profundamente las maneras de pensar y de actuar. Los grupos mexicanos propusieron una agenda trinacional de trabajo. Esa expresión implica que debemos planear las luchas de cada país tomando en cuenta las repercusiones en los otros dos países, y habiendo aprendido ya de los impactos muy dañinos del TLCAN para [email protected] [email protected] de América del Norte. Esto quiere decir que debemos tomar en cuenta los potenciales impactos trinacionales de los TLCs; las potenciales deslocalizaciones; las desiguales condiciones de trabajo y de salario; los vínculos entre el dumping, la destrucción de la agricultura, las desposesiones de los territorios, la industrialización y la destrucción de la economía local con la tendencia a priorizar el flujo de inversiones extranjeras y las exportaciones; la relación de esto último con el creciente extractivismo, y la profundización de la crisis de derechos humanos en México, tanto los civiles, como los políticos, económicos, culturales y sociales. Es necesario entonces establecer acuerdos entre organizaciones para impulsar juntos mejores condiciones para la población, y en especial para la clase obrera de México, el país en el cual el TLCAN seguramente ha tenido los impactos más fuertes.

3. Un modelo alternativo

Por supuesto, lo más complejo será construir una propuesta común y convencer a la población; esto, en un ámbito en el cual la ideología neoliberal sigue siendo hegemónica. A esto estamos convidados en los próximos meses, con toda nuestra escucha, creatividad y solidaridad.

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