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Otra víctima del padre Meño narra los abusos que sufrió en el seminario

Desde hace 14 años el obispo de Piedras Negras encubrió a sacerdote pederasta

Familiares de los menores afectados realizan manifestaciones para exigir justicia

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En Coahuila siguen las protestas contra el obispo Alonso Garza, por presunto encubrimientoFoto Sanjuana Martínez
Sanjuana Martínez
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Domingo 16 de abril de 2017, p. 11

Hace 14 años, Ignacio Martínez Pacheco denunció ante el obispo de Piedras Negras, Alonso Gerardo Garza Treviño, los abusos sexuales que le infligió el entonces director espiritual del seminario menor, y a cambio fue expulsado de esa institución religiosa.

En plena Semana Santa, la diócesis de Piedras Negras, Coahuila, vive el escándalo de las denuncias contra el rector del seminario menor, Juan Manuel Riojas Martínez, conocido como el padre Meño, y las manifestaciones de fieles que exigen el enjuiciamiento del sacerdote y de su presunto protector, el obispo Garza Treviño.

Ignacio tenía 15 años y cursaba el ciclo escolar 2001-2003 del bachillerato cuando el sacerdote Riojas Martínez, director del seminario, abusó de él en tres ocasiones: Nunca pensé que me fuera a pasar este tipo de cosas en ese sitio, un lugar que yo pensaba era como un convento para hombres, un lugar de oración, de alimento espiritual y preparación al sacerdocio, dice en entrevista con La Jornada.

Ignacio recuerda que no era el único menor de edad abusado. Muy pronto se dio cuenta de que había otros compañeros que estaban sufriendo lo mismo: “Una noche de primavera, el padre Meño, subió a mi dormitorio y me despertó. Eran como las 12 de la noche y me sacó de ahí para ir a caminar”.

Sorprendido, el menor inmediatamente notó el aliento alcohólico del sacerdote: Mientras caminábamos, me llevaba tomado de los hombros dándome masaje sobre el cuello y luego acariciándome. A continuación empezó a hablarme de sexo.

¿Te masturbas?, preguntó al joven seminarista, y éste asintió con la cabeza. El sacerdote Riojas Martínez le dijo entonces que no se preocupara, porque la masturbación era una cosa normal del cuerpo.

“Entre la oscuridad, me sentó a un lado de él, sobre una media barda y empezó a juguetear con mis manos. Luego me tomó de la cabeza hasta ponerme cerca de su pene, el cual ya lo tenía erecto. Así lo sentí porque me pegó la mejilla presionando mi cabeza con su brazo para luego sacarse el pene sin quitarse el short color azul que llevaba. Me obligó a hacerle sexo oral hasta eyacular dentro de mi boca.”

Absolutamente desconcertado, sin saber qué hacer, el sacerdote le dijo entonces: Vete a tu cuarto. Esto queda entre tú y yo.

Sexualidad abierta

Pronto, Ignacio se dio cuenta de que la práctica de sexo en el seminario menor era un secreto a voces. Fue testigo de las relaciones que sostenían el seminarista Gerardo García Cabrera, actualmente sacerdote, y su compañero Néstor.

“Ambos seminaristas estaban en su época de magisterio y se encontraban realizando su apostolado. De hecho, Gerardo estaba como coadjuntor del seminario, mientras Néstor realizaba su apostolado en la parroquia de Guadalupe.

Una tarde me encontraba lavando un prenda en el lavadero que se encontraba en la parte trasera de la ventana del dormitorio del seminarista Gerardo y vi que se estaban dando besos en la boca de manera apasionada y luego haciendo sexo oral.

Recuerda que le contó a Riojas Martínez lo que había visto: “Bajé de la planta alta del seminario y le conté al padre Meño, que se encontraba regando el jardín. Él me dijo que apuntara en un cuaderno cada vez que mirara eso, y registrara el día y la hora, y que él iba a actuar, pero nunca hizo nada y pasando los días yo observaba cómo los seminaristas que había visto haciendo eso no me miraban con buenos ojos”.

Ignacio empezó a sentir el rechazo de algunos compañeros y el acoso sexual del padre Meño: “Me di cuenta de que había seminaristas abusando de otros compañeros. Él (Riojas Martínez) jugueteaba con muchos de ellos, pero a mí seguía acosándome. En una ocasión me dirigí a la puerta de su oficina para hacerle unas preguntas sobre una actividad que realizaríamos al día siguiente, y el padre Meño salió en bata de baño y me invitó a que pasara a su oficina. De allí, me llevo a su recámara, donde se descubrió la bata y no traía ropa interior. Me jaló de la mano y me puso de nuevo a hacerle sexo oral”.

El acoso sexual continuó y el padre Meño abusó de él una vez más. Luego el joven se armó de valor y lo denunció ante el obispo Garza Treviño, recién llegado a Piedras Negras.

“El obispo me intimidó con la presencia de cuatro sacerdotes, entre los que se encontraban el prefecto del seminario, Juan Gerardo Hernández Briones. Les conté lo ocurrido y en lugar de hacer algo contra el padre Meño, determinaron enviarme a Guanajuato, a La Vid del Carmelo, con una carta de recomendación.”

Dice que el obispo le advirtió: No le digas nada a tus padres. No hables con la prensa, no hables con tu familia; nosotros vamos a solucionar esto. Pero luego se dio cuenta de que al padre Meño solamente lo transfirieron de parroquia y finalmente lo devolvieron al seminario y lo ascendieron a rector.

Finalmente, el prefecto del seminario, Hernández Briones, lo expulsó. “Nos encontrábamos en la novena de San Martín de Porras. Me inventaron cosas para sacarme del seminario. Me sentía humillado, discriminado. Yo simplemente denuncié los abusos del padre Meño y las cosas que había visto allí.

Le hablé a mi familia y a mi bienhechora y salí del seminario a las 6 de la mañana. Me daba vergüenza que mis compañeros me vieran.

Ajustar las cuentas

Después de todo lo vivido, Ignacio abandonó su vocación sacerdotal. Explica que los abusos sexuales a los que fue sometido por el sacerdote Riojas Martínez marcaron su preferencia sexual: Lo culpo de haberme inclinado hacia los hombres. Después de lo que viví en el seminario, crecí con mucho coraje y rencor hacia los sacerdotes y empecé a relacionarme sexualmente con algunos de ellos y a empezar a saber cosas de todo el clero de la diócesis de Piedras Negras y Saltillo.

Ignacio nunca se imaginó que la vida le ofrecería la revancha, como él dice. Hace unas semanas se enteró del caso del seminarista Roberto Javier Calzada Tamez, quien denunció al padre Meño por haberlo violado: “Fue cuando supe que llegó el momento de buscar justicia. Se me hace injusto lo que le hicieron a este niño. El obispo dijo que se acababa de enterar y que quería que prevaleciera la justicia, pero eso es mentira. Él sabía desde 2003 que el padre Meño abusaba de seminaristas”.

Ante el escándalo desatado por la denuncia, Javier solicitó una entrevista con el obispo Garza Treviño. Al estar frente a él, le dijo: “¿Te acuerdas de mí? Yo fui uno de los primeros que denunció los abusos sexuales del padre Meño. Y tú nunca hiciste nada”.

La reunión se prolongó más de una hora, una conversación grabada, de la cual La Jornada tiene copia. Ignacio le reclamó por qué no retiró al pederasta Riojas Martínez y también la razón por la cual ordenó a los otros sacerdotes denunciados. “Él reconoce que mandó investigar sobre mis denuncias, pero me dijo que el equipo que envió nunca confirmó lo que sucedía en el seminario. ¡Es terrible que al padre Meño lo ascendiera a rector!”

Cuenta que le dijo: “Desde que salí del seminario decidí relacionarme con cada uno de los sacerdotes que tienes en la diócesis, para confirmar que la mayoría ellos son jotos, porque yo me metí con ellos. Supe muchas cosas suyas, desde la intimidad que tenía con ellos, y por eso decidí hacer eso después de que el padre Meño abusó de mí”.

El obispo Garza Treviño prometió pedirle perdón públicamente en la misa del domingo, algo que no cumplió. Luego contrató a la abogada Vanessa Ramírez Rodríguez, quien anteriormente había defendido a jóvenes acusados de violación, los llamados Porkys de Piedras Negras.

Familiares de las víctimas de Riojas Martínez, acompañados de fieles, acudieron a la catedral a protestar, porque dicen que el obispo esconde al sacerdote pederasta, ahora prófugo de la justicia, y a exigir el enjuiciamiento de Garza Treviño por encubrimiento.

Como estrategia legal, hace unos días el obispo difundió un video en la página web de la diócesis para pedirle al padre Meño que se entregue a las autoridades: Desde el día en que presenté la notificación a la autoridad correspondiente, no he tenido ningún tipo de comunicación contigo; he decidido dirigirme a ti de esta manera, pues no sé dónde te encuentras. Existe una orden de aprehensión en tu contra y es necesario que te presentes ante el juzgado penal y des la cara.

El ex seminarista Ignacio no cree en la palabra del obispo Garza Treviño: Pienso que ellos lo tienen escondido. Todos están de acuerdo, incluidas las autoridades y el gobierno de Rubén Moreira, al que yo personalmente informé de este caso en su reciente visita a Piedras Negras, y me dijo que habría justicia, algo que no cumplió.

Añade: “Sencillamente, lo que yo sé es que el obispo no entrega al padre Meño y a todos los demás sacerdotes encubridores porque ellos saben cómo es, qué gustos tiene y a qué se dedica. Exigimos que el obispo sea reducido al estado laical; no merece seguir siendo obispo y debe ser enjuiciado por el delito de encubrimiento. Estamos pidiendo que los dos sean juzgados y encarcelados por sus crímenes”.