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Los de abajo

Brigada Callejera

D

esde hace más de tres años el equipo de la Brigada Callejera Elisa Martínez camina por la calle 12 del centro de Tapachula, Chiapas, repartiendo condones y haciendo pruebas de VIH, sífilis o tuberculosis, teniendo como consultorio la parte de atrás de una camioneta. Recorren bares, cantinas y cabarets de la zona de tolerancia de esta ciudad fronteriza y ahí, en alguna mesita de un rincón con luces fosforescentes, las meseras y trabajadoras sexuales se separan por un rato de su clientela para hacerse una prueba o recibir su paquete de condones, pedir una consulta o sólo saludar a los miembros de esta organización, que tiene 25 años de defender los derechos de las trabajadoras sexuales.

En Tapachula, donde la temperatura alcanza 45 grados centígrados, el calor es proporcional al tamaño de la violencia. Plaza comercial y ruta migratoria para quienes salen o huyen de algún país centroamericano con el sueño de llegar a Estados Unidos, esta ciudad del Soconusco no respeta sexo, origen ni edad cuando de violencia se trata.

A Tapachula llegan miles de mujeres procedentes de Guatemala, Honduras, Nicaragua o El Salvador en busca de una oportunidad que las traslade a la frontera norte, pero muchas de ellas aquí se quedan y, forzadas o por decisión, empiezan a ganarse la vida en calles y bares como trabajadoras sexuales o meseras. Es en atención a esta comunidad que llegó la Brigada Callejera, cuyo trabajo inició hace más de dos décadas en el barrio de La Merced, en la Ciudad de México.

La buena noticia es que a partir de esta semana las trabajadoras sexuales de la región contarán con una sede de la Brigada Callejera en esta ciudad, con una Unidad de Detección de VIH que ofrecerá pruebas rápidas para la detección temprana del VIH y sífilis, y acceso a tratamientos antibióticos y antirretrovirales gratuitos.

Pero para la brigada lo suyo es la calle, por lo que aunque cuenten con una nueva sede seguirán promoviendo el uso del condón y capacitando a promotoras de salud para realizar intervenciones en contextos de comercio sexual, así como actividades de apoyo a la regularización migratoria, defensa de derechos humanos, movilización contra la trata de personas y la explotación sexual.

Si la sobrevivencia es difícil para una trabajadora sexual mexicana, para las migrantes centroamericanas su condición de sin papeles las pone en riesgo mayor. Explotadas por agentes de migración, policías, crimen organizado y enganchadores, caminan con la amenaza permanente de la deportación. Por eso la oportuna apertura de la nueva sede de la Brigada Callejera será para ellas un poco de oxígeno entre tanta hostilidad.

www.desinformemonos.org