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Alejarse del filo
 
Periódico La Jornada
Domingo 19 de febrero de 2017, p. a16

Dragar la vida en busca de experiencias. Eso intenta la protagonista de Las chicas, novela de la autora estadunidense Emma Cline.

En la adolescencia, esa edad prohibida, ella se siente enferma de ridícula esperanza.

Dolor, soledad, desengaños, ausencia, castigos y humillación la acompañan en un trajinar atiborrado de banalidades que habitan sus parcelas de debilidad secreta.

Convertirse en adulto tiene como premisa la fragilidad adolescente; es ineludible acumular ideas y tomar decisiones que marcan a la persona.

Liberar sentimientos, combatir el abandono, el egoísmo y la estupidez conducen a hacer una excursión por el mundo normal.

Es menester ¿destruir para crear?, se inquiere en esta historia que ocurre en una comuna, donde se vive al margen de las normas. Se practica el amor libre, sus habitantes son presa de una espiral de drogas y permanecen a la deriva.

Orgías, desenfrenados viajes de ácido y chicas adolescentes huidas de casa y obligadas a acostarse con hombres mayores que ellas habitan el universo humano de esta obra.

Aquellas chicas de pelo largo parecían deslizarse por encima de todo lo que sucedía a su alrededor, trágicas y distantes. Como realeza en el exilio, escribe Emma Cline (Sonoma, California, 1989).

En un rancho de California, asevera el gurú que lo dirige, estábamos fundando un nuevo tipo de sociedad. Sin racismo, sin exclusiones, sin jerarquías. Estábamos al servicio de un amor más profundo.

Ahí se carecía de relojes de pared y de pulsera, y las horas y los minutos parecían una cosa arbitraria, días enteros se escurrían en la nada.

Ese sitio jamás había sido parte del mundo exterior, pero se aisló aún más. Nada de periódicos, televisión ni radio.

“Mis ojos –relata la protagonista– ya estaban acostumbrados a la textura de la decadencia, así que sentía que había entrado de nuevo en el círculo de luz (...) Mi dolor se duplicaba, la ausencia era mi único contexto.”

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Apuntalar el día a día con la finalidad de superar el aislamiento es una de las preocupaciones centrales de esa adolescente en abierto conflicto con la madre, el padre y el padrastro, cancerberos del principio de autoridad.

La muerte me parecía el vestíbulo de un hotel. Una estancia civilizada e iluminada en la que uno podía entrar y salir fácilmente, expresa la protagonista de Las chicas.

Todo el mundo puede amar, puede trascender las gilipolleces, pero hay muchas cosas que nos tienen bloqueados, esgrime su sedicente mentor.

Ante una de tantas celebraciones comunitarias en ese rancho, en los años 60 del siglo pasado, la noche develaba sus bordes deshilachados.

El crimen, la bestialidad, también figuran en esa trama, pues la autora se inspiró en la matanza perpetrada por Charles Manson y su grupo en 1969.

Algunos integrantes de la comuna incursionaron en una finca, aunque la protagonista de la novela, de último momento, fue bajada del automóvil en el que viajaban. Al llegar al sitio asesinaron a una mujer y su hijo, así como a una pareja.

Tras las pesquisas para esclarecer el múltiple homicidio y la captura de los presuntos autores, relata Emma Cline, se trataba de chicas que escupían en el suelo como perros rabiosos y se dejaban caer cuando la policía intentaba esposarlas. Había una dignidad demente en su resistencia: ninguna de ellas se echó a correr.

Para esa comunidad, el fin ya había llegado. Y, como sentencia la autora, la vida es un continuo alejarse del filo

Título: Las chicas

Autora: Emma Cline

Traducción: Inga Pellisa

Editorial: Anagrama

Número de páginas: 336

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