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Exquisiteces chinas
H

ace unas semanas los chinos festejaron la llegada del Año del Gallo de Fuego. En la Ciudad de México, como cada año, se celebró una gran fiesta en el pequeño Barrio Chino. Se encuentra en la segunda calle de Dolores, a unos pasos de la Alameda, en el Centro Histórico.

Durante cuatro días se realizan distintos actos, cuyo objetivo es atraer la buena suerte y espantar los malos espíritus.

Organizan un vistoso desfile en el que aparece un dragón, que se mueve al ritmo de sonoros instrumentos, cuyo fin es ahuyentar a los espíritus malignos.

En el espacio de dos cuadras se encuentran seis restaurantes que ofrecen la variada gastronomía china, así como tiendas donde se pueden adquirir artesanías, vestimentas, calendarios y porcelana. También hay productos comestibles, como el famoso té de gingseng, que sana y da energía, galletas para la buena suerte, aceite de ajonjolí, soya en distintas presentaciones y mucho más.

Es difícil determinar la fecha exacta en que nació el Barrio Chino de la calle de Dolores. A finales del siglo XIX se dio una fuerte inmigración china a Baja California, en busca de llegar a Estados Unidos por la fiebre del oro. Los que no lo lograron se quedaron en nuestro país; muchos se dedicaron a labores agrícolas en los estados del norte, otros emigraron a la Ciudad de México, donde abrieron lavanderías y establecimientos conocidos como cafés de chinos, que existen hasta la fecha.

Se sabe que en la década de los años 40 del siglo XX, se estableció un restaurante en el callejón de las Damas, que se encuentra en la calle de Dolores. Ese se puede considerar la semilla que dio nacimiento al Barrio Chino de la Ciudad de México. En los años 70 ya tenía definida su personalidad con restaurantes y tiendas en los que destacaban sus característicos faroles y adornos en color rojo.

En 2006, el gobierno de la ciudad le dio una remozada, convirtiendo la calle en peatonal y mejorando los servicios públicos: drenaje, agua potable y electricidad. El alumbrado público, guarniciones y banquetas se renovaron y se construyeron terrazas con mesas. Dos años más tarde, en la cercana plaza Santos Degollado, se inauguró un vistoso arco chino o pagoda, que donó ese país.

La inmigración de la nación asiática se ha incrementado en las pasadas décadas, con jóvenes que buscan oportunidades laborales, por lo que han surgido en la ciudad otros barrios chinos. En la colonia Viaducto Piedad se desarrolló uno, con tiendas de productos chinos y restaurantes que ofrecen la gastronomía de distintas regiones de ese país.

Uno de mis favoritos es el Jing Teng, que se encuentra en la calle Sur 65-A número 3256, su número telefónico es 5440-2732. El sencillo local ofrece una amplia variedad de dim sums. Son bocadillos de dos tipos: dumplings y ravioles, ambos elaborados con una pasta fina de harina de arroz, rellena de una diversidad de ingredientes, por ejemplo, camarón con hongos chino de oro o carne de cerdo finamente picada con hongo shitake y hierbas.

También hay bollos bao que se hacen con una pasta esponjosa de harina de trigo, cocidos al vapor y algunos fritos. Estos suelen tener relleno dulce: mantequilla y huevo, camote, mermelada de frambuesa o frijol rojo dulce. Se sirven entre las 10 de la mañana y la una de la tarde, aunque le parezca increíble es un buen almuerzo de fin de semana.

Hay un mostrador de vapor con canastillas de bambú, donde escoge los que se le antojen. Cada una suele traer cuatro dim sums, así es que vale la pena ir en grupo para probar varios. Es una delicia indescriptible.

Son especialidad de la cocina de Hong Kong, pero el restaurante ofrece otros manjares de la gastronomía china, como el pato laqueado y muchas verduras de texturas y sabores desconocidos para nosotros, pero exquisitos.

Hace alrededor de ocho años lo abrió una joven pareja originaria de Hong Kong y actualmente trabajan aquí cuatro cocineros del mismo lugar. Las primeras visitas vale la pena llamar a Monse, nuestra simpática paisanita que explica los platillos.