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Ver día anteriorDomingo 31 de julio de 2016Ver día siguienteEdiciones anteriores
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¿La Fiesta en Paz?

Mancera, futureo sin toreo

La fiesta, principal víctima

E

l demagogo Partido Verde Ecologista de México mandó al matadero al 80 por ciento de las especies que pretendió salvar de maltrato en los circos. Ahora, en su obsesión por prohibir en vez de regular, pretende exterminar al toro de lidia. Nocivo el animalismo de estos animales políticos.

Por esa falta de perspectiva es que ningún partido ha tenido inconveniente en relegar la tradición taurina de México. En casi 20 años, los gobiernos perredistas de la capital del país o no han sabido o no les ha interesado preservar la fiesta de los toros haciendo cumplir el reglamento o retirándole la licencia de funcionamiento a la nefasta empresa de la Plaza México, que en 23 años de impune autorregulación lo que logró sacar fue a la gente.

Miguel Ángel Mancera (MAM), al igual que sus antecesores, en materia taurina optó por llevársela leve, pero añadió una estrella más a su administración al tener a su tocayo Miguel Alemán Magnani (MAM), principal inversionista de esa calamitosa pero ineficaz empresa de la Plaza México, como miembro del Consejo Consultivo de Turismo del DF. Mancera futurea en su propósito de ser candidato a la presidencia de la República o lo que de ella va quedando y, por tanto, amarra aliados influyentes que puedan apoyarlo, como el propio Alemán y Antonio Cosío –a quien los toros le interesan tanto como a usted y a mí el patinaje en hielo–, dueño de la desaprovechada plazota y del estadio contiguo, así como del Frontón México, en proceso de remodelación y con un añejo conflicto laboral que desde luego se puede arreglar.

Entre tanto, el Cortijo de Insurgentes –Bardo de la Taurina dixit– ni tiene nueva empresa ni se sabe quiénes la integrarán ni el que ocupará el lugar del nefasto operador taurino de Alemán –que por fin fue separado– ni nada, que en los países neofeudales los vasallos están para obedecer, no para ser informados y tomarles parecer. En cualquier caso, Mancera y sus aspiraciones, no por remotas menos reales, estarán jugando con lumbre al utilizar una tradición taurina de 490 años para apuntalar acrobacias políticas durante unos cuantos meses.

Ahora, la amenaza real de la fiesta de los toros no reside en aspirantes veleidosos ni en subsidiados antitaurinos ni en autoridades inservibles ni en los especuladores partidos políticos, vamos, ni siquiera en los megamillonarios metidos a antojadizos promotores de su fiesta, ese estrecho concepto de tauroma- quia que ofrece novillones mochos y mansos para que algunas figuras, de preferencia sus cuates, toreen bonito, y mucho menos en la crítica positivista y acomodaticia que en su oportunismo evita hacerle daño a esa fiesta cursilona, predecible y caótica, mientras el misterio de la tauromaquia se diluye en sus eufemismos, amabilidades y lágrimas de cocodrilo cuando eventualmente muere alguien en el ruedo.

La verdadera víctima, antes que el toro o su aproximación y que los asistentes a las plazas, es la propia fiesta, cuando debería ser precisamente a la inversa: que la fiesta cobrara más víctimas en función de la bravura de los toros, bravura que en automático propiciaría una limpia de toreros, incluidos no pocos figurines, y una pronta recuperación de los públicos, hartos ya de tanta simulación y ventajas. Sin embargo, mientras los diestros que figuran no dignifiquen su profesión y exijan el auténtico toro ya podrá venir como nueva empresa taurina Bill Gates que las cosas seguirán igual. El problema del toreo es ético, no de componendas y opacidad empresarial.