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Acusan a los migrantes de ser una amenaza para la seguridad de Estados Unidos

Empieza como un reality show la Convención Nacional Republicana

En medio del caos aprueban reglas para elegir al candidato presidencial y la plataforma partidista

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Donald Trump presentó ayer a su esposa Melania durante el actoFoto Ap
Corresponsal
Periódico La Jornada
Martes 19 de julio de 2016, p. 22

Cleveland.

Tal como se esperaba, la Convención Nacional Republicana se estrenó como reality show. En el primer día de sesiones, con estrellas de segunda del mundo de los espectáculos, generales retirados, víctimas de migrantes y una senadora famosa por su mensaje de campaña que involucró la castración de marranos. Culminó con la presentación de una ex modelo eslovena: la esposa de Donald Trump.

Dedicado a hacer seguro Estados Unidos otra vez, según el programa oficial, en el primer día se destacó a los migrantes como amenaza para la seguridad nacional (excepto algunas modelos y esposas). La lista de oradores tenía la tarea de afirmar que Trump es el ideal, lo que el país necesita para enfrentar las amenazas externas e internas.

La oradora principal de la noche fue Melania Trump, quien aseguró que su marido es el mejor para recuperar la seguridad del país y del planeta (no se entendió bien, porque ella no es experta en este tema). Pero para no variar, su esposo aparentemente ya no aguantaba más ceder el podio y, en contra de la coreografía tradicional de estos eventos, en los que el candidato no aparece hasta el último día de la convención, Trump decidió subir al escenario para presentar a su mujer.

Al final de la noche apareció Trump con una luz atrás, estilo de espectáculo, con We are the champions, de Queen, como ruta sonora. Vamos a ganar en grande, muy grande, dijo. Presentó a “la próxima primera dama de Estados Unidos” –nada más.

Melania tenía la tarea de hablar del lado personal de Trump. Resaltó su patriotismo y amor al país, y su cariño familiar. Si quieren a alguien que luche por su nación, él es el hombre. Nunca los decepcionará. Ha comprobado que sabe cómo ganar. Aseguró que si bien es duro cuando necesita serlo, es gentil también. Expresó que el país y el mundo necesitan nuevo liderazgo y Donald es quien lo ofrece. Declaró que quiere representar a todo el pueblo, desde cristianos hasta judíos, musulmanes e hispanos, y a todas las clases económicas. Prometió que los valores que llevarán a la Casa Blanca incluyen amor y compasión.

Pero antes de comenzar el programa estelar de esta noche, los masivos esfuerzos por unificar a un partido profundamente dividido por la campaña insurgente de Donald Trump no lo lograron; de hecho, el tumulto interno fue transmitido en vivo a todo el planeta.

Las fuerzas Nunca Trump intentaron descarrilar la convención, al montar una rebelión para someter al voto del pleno la aprobación de las reglas de este encuentro, con el objetivo de obstaculizar la coronación del multimillonario como candidato presidencial del partido. Por momentos el control de la convención quedó en duda, con delegados antiTrump coreando sin voto, no a Trump, y los fieles a Trump respondiendo: USA, USA, para intentar callarlos.

Después de intensas maniobras del equipo de Trump y funcionarios de la convención, se logró sofocar la rebelión y se aprobaron las normas. Pero cualquier imagen de unidad quedó fracturada.

Ausente, el gobernador anfitrión

Más aún: la ausencia notable de John Kasich, gobernador de Ohio –estado anfitrión de esta reunión–, en la arena, quien ha rehusado apoyar a Trump, provocó un ataque contra él por las fuerzas del casi candidato; un jefe de campaña lo acusó de avergonzar a su estado. Tampoco se presentará parte de la cúpula y de la aristocracia republicana en esta reunión.

Hoy también se aprobó la plataforma del partido, que generará más polarización dentro y fuera de éste, la cual incluye propuestas antimigrantes severas y adopta la construcción del muro a lo largo de la frontera con México como posición oficial. Señala que la presencia de millones de individuos no identificados en este país representa graves riesgos para la seguridad y soberanía de Estados Unidos. Por ello, expresa, se requiere, entre otras cosas, el muro: Debe cubrir la frontera sureña y ser suficiente para detener el tráfico vehicular y peatonal.

Hubo momentos en los que se mencionaba el tema y los delegados coreaban: Construyan el muro, construyan el muro.

De manera un poco esquizofrénica, con el subtítulo Familia de las Américas y después de establecer que se requiere un muro en la relación bilateral, la plataforma también elogia a México como amigo y socio en la lucha antiterrorista y en la guerra contra las drogas.

Vale subrayar que las plataformas se han vuelto casi irrelevantes y no son vinculantes.

La lista de oradores para la parte principal empezó con una estrella de un reality show sobre las vidas de los cazadores de patos (aquí no tenemos espacio para explicar esta parte de la cultura estadunidense), seguido por un trío de legisladores federales republicanos –entre los pocos que no evadieron presentarse junto con Trump en este escenario–, el ex alcalde de Nueva York Rudolph Giuliani, un sheriff y un general retirado.

Además, para hablar del sacrificio y el peligro de los migrantes ilegales y de México en general, el programa incluyó a los familiares de un agente de la Patrulla Fronteriza, Brian Terry, asesinado por delincuentes mexicanos, y la madre de un policía que murió en un accidente provocado por un indocumentado de México.

Todos postularon el mensaje de que Trump es el líder que llevará a un Estados Unidos más seguro, ante las amenazas en las fronteras, el terrorismo y dentro de nuestras comunidades. Al acabar la noche parecía que el mensaje era que este es un súper-poder muy débil y asustado.

Tal vez el acto más dramático fue uno no programado. La noche del domingo el comediante satírico Stephen Colbert logró llegar al podio principal, donde asumió el papel del conductor de un concurso mortal de las películas de Los juegos del hambre y proclamó que los juegos del hambre por el poder han comenzado ante la arena vacía. Cuando alguien de seguridad le pidió retirarse, Colbert dijo que sabía que no debía estar ahí, pero, seamos honestos, creo que Trump tampoco.