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La Compañía Seña y Verbo monta Música para los ojos en el teatro Julio Castillo

Se preguntan en escena si el arte sonoro es algo ajeno a las personas sordas

Tres actores que no escuchan y un director interpretan cuatro historias; fusionan sonido y ritmo

 
Periódico La Jornada
Jueves 12 de mayo de 2016, p. 4

Tres actores sordos y un director oyente interpretan cuatro historias en las que música y ritmo se fusionan con imágenes silenciosas para presentar un montaje.

Música para los ojos está a cargo de la compañía Seña y Verbo.

La obra, dirigida por Sergio Bátiz, desarrolla temporada en el teatro Julio Castillo del Centro Cultural del Bosque.

La obra está inspirada a manera de pequeña orquesta de cámara, aderezada con pantomima, objetos en movimiento, proyecciones y arte digital.

“Música para los ojos –explicó Bátiz– surgió del deseo de hacer una obra de teatro con el eje temático del arte sonoro, el cual es difícil de abordar cuando se trata de vincularlo con una compañía de actores sordos y esta es la finalidad: preguntarnos si la música es ajena a una persona sorda.”

Al respecto, dijo el director, el ritmo fue determinante, porque los actores sordos profesionales lo conocen desde que empezaron a hacer teatro y con esta fusión decidimos contar cuatro historias.

Las piezas que se escuchan en los cuadros escénicos son La tempestad del mar, del concierto de Antonio Vivaldi; La pequeña fuga en sol menor, de Johann Sebastian Bach; el segundo movimiento de La sonata patética, de Ludwig van Beethoven, y La obertura de Las Hébridas, de Félix Mendelssohn.

Dudas y búsqueda de respuestas

Personajes y situaciones escondidos en la música dan por resultado un concierto fuera de lo común, en el que un libro de dibujos funciona como partitura, y actores y director transitan libremente por el ritmo, los acentos, la cadencia y el espíritu musical que, además de escucharse, puede verse.

Entonces, agregó Sergio Bátiz, se entabla un diálogo entre dos mundos diferentes: el de las imágenes silenciosas de los sordos y el aparente intangible universo de la música, unidos en lenguaje común: el teatro.

Este montaje ha sido desarrollado a lo largo de cinco años y presentado en varios foros, donde los niños y los adultos disfrutan con el colorido, la música y el movimiento.

Durante la obra, el director de orquesta carga las partituras que a manera de cuadros de arte muestran imágenes de peces, pájaros, sueños y astronautas. Los actores reaccionan al ritmo que marca la batuta.

Las imágenes, describió Bátiz, están escondidas en la música y viajamos a nuestro antojo por el mar, el cielo, el campo y las estrellas.

Con esos elementos el montaje tomó la forma de un concierto en el que un director marca el ritmo de cuatro historias contadas por tres personajes músicos, cuyos instrumentos son ellos mismos, puntualizó Bátiz.

La finalidad de la obra consiste en que “las familias disfruten con esta puesta en escena. Sin embargo, me seduce más la idea de que el espectador reflexione sobre, ¿cómo es que tres sordos pueden hacer una coreografía al ritmo de una música que no pueden escuchar? o ¿qué parte de la música no es ajena a una persona sorda?, y así con esas dudas regresen a ver Música para los ojos. Si observan con atención encontrarán las respuestas”.

Desde que se fundó la compañía “hace cinco años –retomó el actor Eduardo Domínguez– hemos explicado que quienes la integramos somos actores sordos profesionales, pero no discapacitados”.

Las funciones de la obra Música para los ojos son sábados y domingos a las 11:30 y 13 horas, respectivamente.

La temporada en el teatro Julio Castillo del Centro Cultural del Bosque (Paseo de la Reforma y Campo Marte s/n, atrás del Auditorio Nacional) concluirá el 15 de mayo.