Sociedad y Justicia
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Una de las 7 plantaciones autorizadas en Washington para uso medicinal, convertida en búnker

El paraíso de la cannabis, cerca de la Casa Blanca
Afp
 
Periódico La Jornada
Martes 3 de mayo de 2016, p. 35

Washington.

Cámaras de seguridad y alambres de púas indican que se está en la dirección correcta: este viejo almacén de ladrillo rojo al final de un callejón sin salida alberga 500 plantas de mariguana, a escasos cinco kilómetros de la Casa Blanca. Hacemos la visita con un botón de pánico, explica Matt Lawson-Baker, propietario de la plantación Alternative Solutions, junto con su padrastro, Bob Simmons, ambos ex empresarios de la construcción.

Más de 60 cámaras de vigilancia, un guardia 24 horas al día que estuvo en Irak y Afganistán, una estación de policía cercana y un sistema de alarma hipersensible: los cerca de mil 700 metros cuadrados del sitio están protegidos. Cada puerta interior dispone de una cerradura con contraseña.

La plantación es una de las siete autorizadas en Washington según una ley de 2010 para producir cannabis de uso medicinal para los cerca de 3 mil 700 pacientes insertados por ahora en la capital federal. Empezamos a plantar hace poco más de un año, dice el australiano Lawson-Baker.

¿Ganar millones? Su licencia autoriza mil plantas, pero la plantación por ahora sólo cuenta con la mitad, a la espera de que el mercado realmente despegue. Como muchos, pensamos que rápido nos iban a entrar millones. Pero en poco tiempo nos desilusionamos, dice.

Porque, además de un mercado aún pequeño y fuerte competencia, hay mucho que aprender para producir algo que se vende, según la variedad, en entre 3 mil y 4 mil 500 dólares la libra (unos 500 gramos). En tres cosechas desde noviembre de 2015 generaron cerca de 700 mil en facturación y piensan alcanzar el umbral de rentabilidad en tres o cuatro años. La cuarta está en proceso.

La cosecha no se hace sin cuidar detalles: cada planta se corta por la base, suspendida boca abajo para secarla 10 días, y luego los cogollos (o flores) se cortan, se dejan secar y se podan.

Por un lado los cogollos y, por el otro, la poda (de pequeñas hojas) se convierte en polvo (40 dólares el gramo) o resina (45 dólares por 0,5 gramos). Todo se vende sólo a cinco dispensarios autorizados en Washington.

Su verdadera apuesta es la mariguana de uso recreativo. Desde febrero de 2015, es legal en Washington para cualquier persona mayor de 21 años consumir cannabis en un espacio privado, cultivar seis plantas y poseer hasta 56 gramos.

Sin embargo, el Congreso de Estados Unidos impidió al municipio regular el mercado recreativo, por lo que la compra y la venta siguen estando prohibidos. Esta falta de regulación hace que explote el mercado negro; la policía no sabe cómo manejar el problema, lamenta Lawson-Baker. Sobre todo porque la posesión, compra y venta de cannabis siguen siendo ilegales a nivel federal.

Cada vez más estados autorizan, sin embargo, el uso médico y, ahora, recreativo. El mercado se estima en 22 mil millones de dólares en 2020 (4.6 en 2014).

En estos pulcros espacios, Alternative Solutions cultiva 12 variedades: la blue cheese, cuyo aroma pica un poco la nariz, la más suave AK47, la green love potion, con cualidades afrodisiacas, o la hasta ahora mejor vendida, goji OG.

El olor es más bien discreto en los locales. La temperatura y la humedad son razonables, aunque ligeramente superiores en las tres salas de floración en comparación con las de incubación y las de las plantas madres (que proporcionan las semillas y nunca florecen).

Este es un paraíso para la mariguana. Hemos creado el mejor ambiente para que pueda crecer, dice Simmons. ¿Su secreto, según ellos? Un sistema de alto rendimiento de riego, con filtración, oxigenación, adición de sustancias nutritivas vegetales, casi individualizada. No está permitido grabar o fotografiar este dispositivo. Nada de productos químicos ni pesticidas. Y mucha agua: 750 litros por día para 84 plantas en floración.