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Nahila Hernández recorrió la Antártida después de Atacama

El maratón de hielo, más que una competencia es una aventura

Lo mío es la resistencia, soportar frío y calor, sed y hambre, destaca

 
Periódico La Jornada
Miércoles 2 de diciembre de 2015, p. a15

No se escuchaba nada más que el viento, el jadeo de la respiración y un crujido monótono, rítmico, de la nieve bajo las pisadas de Nahila Hernández San Juan. En ese yermo blanco, donde la vista se pierde en un desierto de hielo que parece interminable, correr era un acto que no se relacionaba con la velocidad.

A veces casi a ciegas por una tormenta repentina, atentos a esporádicos banderines azules para seguir un trayecto donde cada zancada representaba un doble esfuerzo: un pie que se hundía y emergía con dificultad. Además, el frío austral.

Nahila Hernández corrió en esas condiciones durante casi cinco horas el maratón de la Antártida el 19 de noviembre, carrera en la que no importa la competencia ni existen podios. Es un maratón que busca revivir más las gestas aventureras de principios del siglo XX que las hazañas deportivas inmortalizadas en cronómetros.

Es un mero pretexto para vivir una experiencia; no iba con voluntad de pelear, cuenta desde Santiago de Chile la ultramaratonista latinoamericana, quien nació en Azerbayán y se naturalizó mexicana.

A pesar de que corrió sin presionarse, terminó en el segundo puesto de la rama femenil y cuarto general. Pero eso, para ella, no fue lo más importante. En estas carreras no importan la competencia en sí, sino la aventura, aclara.

Yo quería hacer esta carrera, meterme a un entorno ajeno a todo lo humano, lejos del consumo, en un mundo paralelo y hostil, comenta.

Territorio de disputas a principios del siglo XX entre aventureros profesionales y embusteros que reclamaban el honor de ser los primeros en pisar el último lugar de la Tierra, la Antártida ofreció a 52 corredores la oportunidad de seguir los pasos de esos exploradores que buscaban la gloria en tierra de nadie.

Antes de la carrera matábamos el tiempo leyendo y viendo documentales de los primeros expedicionarios. Así Nahila revivió la historia del británico Robert Scott, quien en 1912 alcanzó el Polo Sur para descubrir que se le había adelantado el noruego Roald Amundsen, y que al quedarse sin la gloria murió con su equipo de hombres al intentar volver a casa.

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Aunque lo principal no es el sitio que se ocupe en el maratón de la Antártida, Nahila Hernández quedó en cuarto lugar generalFoto cortesía de la atleta

Nahila está acostumbrada a someter su cuerpo a jornadas de resistencia física al límite. Cinco semanas antes de emprender este maratón se convirtió en la primera mujer en recorrer un desierto. La expedición de cruce del Atacama sumó mil 233 kilómetros, entre 40 y 60 kilómetros diarios.

Proyecto de investigación

Por esta razón –cuenta Nahila– participó en un proyecto de investigación médica que realizó el Tecnológico de Monterrey, en el que varios especialistas estudiaron su comportamiento físico y mental mientras se sometía a pruebas límite.

Mis capacidades no son las de la velocidad, explica Nahila. Lo mío es la resistencia humana, soportar frío y calor, incomodidades, sed y hambre.

El maratón de hielo no sólo fue una prueba para ese vehículo extremo que es su cuerpo. Nahila además tuvo que controlar la confusión que le provocaban los días interminables del círculo polar. En esta época del año en la Antártida el Sol no sabe de horarios.

El día dura 24 horas, el cuerpo se confunde y la mente no entiende, señala Nahila.

Al llegar a la meta no estallan multitudes ni los flashes de las cámaras. Todo es mucho más discreto, como la vida cotidiana de la propia Nahila, preocupada por salir adelante con sus hijas y con la agenda a tope. Ella, como muchos de los pioneros en la Antártida, hacía un trabajo duro que no buscaba recompensa.