Opinión
Ver día anteriorSábado 3 de octubre de 2015Ver día siguienteEdiciones anteriores
Servicio Sindicado RSS
Dixio
 
Infancia y sociedad

Poetas y filósofos

E

n sus primeros años, todos los niños son brillantes. Por su modo de mirar y explorar; por su incesante capacidad de asombro y su manera de preguntar y nombrar las cosas del mundo, podemos reconocer en el niño pequeño a un poeta y a un filósofo naturales. De mis años de maestra de prescolar en jardines de niños mexicanos conservo recuerdos entrañables.

Un niño pequeño puede darnos vuelta al preguntarnos, por ejemplo, ¿qué come el Sol? O dejar a su madre boquiabierta al decirle que su amor por ella es tan grande que llega hasta... –improvisa– el sur de la noche. Cuando los niños juegan se concentran de tal modo que para ellos su juego es tan serio como el trabajo para los adultos.

Cual científicos, los prescolares hacen hipótesis y las ponen a prueba repitiendo una y otra vez la misma acción; por ejemplo, construir una torre, tirarla y volverla a levantar. En su hacer artístico dibujan o modelan y se sienten orgullosos de sus creaciones; y no les importa mucho si los adultos vemos o no lo que han querido mostrar: si según ellos en su dibujo hay un elefante, pues ahí está y es ciego quien no lo vea.

Pero este cuento no tiene final feliz. De pronto, aparece la escuelastra con programas de conocimientos preseleccionados, tareas, exámenes y calificaciones reprobatorias; entonces la inspiración de nuestros pequeños poetas y el asombro de nuestros precoces pensadores sufren un golpe mortal…

Creo, por eso, que debemos reinventar la educación básica y proteger la imaginación y creatividad infantiles tanto de la estandarización como de los excesos tecnológicos. En los primeros años escolares, de seis a los 12 años de edad, que es cuando el cerebro intelectual está en pleno desarrollo, hay que evitar saturar las mentes de información. Mejor dejar que los niños piensen por sí mismos, aprendan a fabricar preguntas y a buscar respuestas con apoyo del maestro.

El arte, la música, la poesía (como base de la lectura y escritura) y las matemáticas lúdicas sí deben ser ejes en la escuela primaria. Somos muchos los maestros que estamos convencidos de que por esos caminos llegaríamos a mejores resultados y a una verdadera calidad educativa. Porque el niño sabe muchas cosas antes de llegar a la escuela y la información está por todas partes; lo que él necesita es aprender a manejarla, a jugar con ella y a recrearla. Estoy proponiendo, pues, una escuela divertida, interesante, gozosa y llena de amor; con maestros más sensibles que sabihondos, con vocación y orgullo por formar seres humanos. Lo demás, señores evaluadores, es puro cuento: Capacitar primero, evaluar después. Solidaridad y apoyo a la CNTE.