Opinión
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Tumbando Caña

Arturo Sandoval en grande

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Arturo Sandoval en el festival latino de jazzFoto Ernesto Márquez
C

omenzó bien el Latin Jazz Clazz México, con la presencia del trompetista cubano Arturo Sandoval, quien, apoyado por cinco extraordinarios músicos, hizo una rotunda exhibición de sus dones como instrumentista, arreglista, compositor, cantante y crooner, embarcándonos en un viaje que nos llevó del funk-jazz a la rumba cubana, pasando por el bolero, las baladas, los sonecitos y sentidos homenajes a su gestor Dizzy Gillespie y su admirado Armando Manzanero.

Fue una noche redonda con el 10 veces ganador del premio Grammy, quien lo mismo lució en las percusiones, sintetizadores, piano y, por supuesto, en la trompeta y voz.

Sandoval cantó (no con bonita voz, pero cantó), scateó (en lengua extraña) y animó al gentío con una actitud desenfadada y fresca que viene de lo bien que me siento, de lo bien que me va en la vida y de no negarme nunca a la música, como bien nos dijo al término del concierto en charla particular.

Sin un programa predeterminado, Arturo arrancó con un numerito funkeado en el que destacó la sonoridad de su trompeta. Temprana era la noche y Arturo ya empezaba a inquietar al público con clausters armónicos ascendentes y descendentes que terminaban en los ya clásicos (en él) agudos y sobreagudos. La gente respondía a esos desplantes con gritos y aullidos, y el de Artemisa se mostraba cómplice.

La noche comenzaba bien y el ambiente crecía.

Acto seguido, tocó una balada en la que empleó su segunda trompeta, la de pabellón ancho, y de ella surgieron notas gordas, graves, pastosas… El maestro ofrecía una tierna melodía, lánguida y sensual, como cadera de mujer, dijera el poeta. La cosa iba bien, y mejoró cuando don Eólo arrancó con El Manisero, variantes sobre un cucurucho de maní que él incitaba: ¿Quieres que te dé mi cucurucho de maní?

Terminó el clásico de Moisés Simmons con un público bulliciosos y cantador. Arturo aprovechó el entusiasmo/complicidad para confiarle al público que por estas fechas celebra 40 años de casado, y que en su matrimonio hay buena armonía. Confesó también que de un tiempo a la fecha está dedicado mucho al piano. “Este instrumento me permite hacer más cosas que la trompeta (…) Tocar la trompeta es muy doloroso y esclavizante. En cambio, en el piano puedo contar un cuento y hacer otras cositas más”.

Acto seguido, se sentó ante las 88 teclas y lo que hizo dejó constancia de lo dedicado y estudioso que es el maestro. Surgieron piezas bien estructuradas que oscilaban entre baladas conocidas, boleros de antaño y algunos pasajes del jazz clásico.

Terminó esto con un público expectante, reanudando la fiesta con una serie de números funkeados en los que mostró el músculo orquestal.

En un momento de la noche se detuvo para rendir homenaje al hombre al que le debo todo, Dizzy Guillespie. Tomó el micrófono y entonó con voz pastosa The man who saved my life (El hombre que salvó mi vida).

Al terminar comentó: Para mí, Dizzy es el más grande jazzista que ha existido; fue mi mentor, mi ídolo, desde que yo era un muchacho. Después lo conocí en 1977, la primera vez que él fue a Cuba; me ayudó muchísimo, me dio muchas oportunidades, y desde 1978 me puso a tocar con él. Tuve la gran bendición de acompañarlo hasta el día que murió, el 6 de enero de 1993.

Dicho lo anterior, se volcó a lo cubano: homenaje al Pilón de Pacho Alonso, al filin de José Antonio Méndez y al guaguancó matancero. Concluyó su regia presentación en el Clazz, por todo lo alto, con la clásica de Guillespie, Una noche en Túnez como bis de regalo.

Julia Vari

Antes de Arturo y su piquete estuvo la cantante Julia Vari quien provocó diferentes reacciones en el público pero en lo general salió airosa. La compositora y pianista estuvo acompañada por Alejandro Mercado (piano), Agustín Bernal (contrabajo) y Gabriel Puentes (batería). Noche importante para la Vari, quien aprovechó para dar a conocer su más reciente placa discográfica, Adoro, en la que compila temas de compositores mexicanos como José Alfredo Jiménez, Armando Manzanero y Alvaro Carrillo, a quienes se refirió como grandes influencias.

Hoy el Jazz Clazz ofrece un verdadero platillo imperdible, con el proyecto Huatango y el grupazo Volcán. Este último está integrado por figurones del jazz Latino: el pianista Gonzalo Rubalcaba, el tumbador Giovanni Hidalgo, Horacio El Negro Hernández en la batería y José Armando Gola al bajo.