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De una vida descontrolada y que la llevó al sobrepeso, recurrió al pugilismo profesional

Alejandra Tigre Jiménez, primera mexicana en pelear en peso completo

La chef internacional afirma que este deporte no está peleado con la educación

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El pasado 11 de octubre, en una función realizada en Cancún, Tigre Jiménez (derecha) debutó y noqueó en el tercer asalto a Claudia RamìrezFoto Cortesía Cancún Boxing
 
Periódico La Jornada
Domingo 2 de noviembre de 2014, p. a15

Subió al cuadrilátero y en sólo tres asaltos hizo historia como la primera boxeadora mexicana en peso completo. Con una estatura de 1.80 metros, un peso de 86 kilgramos, brazos fuertes y mirada aguerrida, Alejandra Tigre Jiménez sorprendió en su debut profesional contra Claudia Ramírez el pasado 11 de octubre, en Cancún, al pelear en una división poco usual en el boxeo mexicano; logró lo que jamás imaginó hace apenas cuatro años, cuando la indisciplina la llevó a un sobrepeso y un gusto desmedido por las fiestas.

Llegué al pugilismo, primero, porque quería bajar de peso; estaba en 140 kilos y en el aspecto de salud, emocional y sicológica, ya me encontraba muy mal, relata.

Explicó que su familia la llamaba Tigre y le gustó el sobrenombre porque reflejaba su manera feroz de pelear.

Desde que está en el boxeo –hace unos cuatro años– bajó 60 kilos, dijo Alejandra, de 27 años, quien tiene un título profesional de chef internacional.

De niña, destacó en natación y futbol, deportes en los que incluso llegó a formar parte de la selección nacional femenil Sub- 15. Sin embargo, el gusto por las fiestas y la indisciplina la apartaron de eso, al tiempo que permitió que el descontrol dominara su vida.

Al subir a una báscula marcó un aumentó incontenible de peso. Aunque le preocupaba su aspecto, no hacía nada para cambiarlo. Era como si la resignación la hubiera atrapado para vivir en un cuerpo que impactaba por su corpulencia.

No había ropa de mi talla

Antes no entraba a los centros comerciales, no tenía caso, no podía comprarme ropa porque no me quedaba, era talla 46. Cuando acompañaba a mis amigos o mi familia prefería esperarlos afuera comiendo, recuerda la pugilista, de voz gruesa y siempre risueña, antes de uno de sus entrenamientos cotidianos en el gimnasio Pancho Rosales.

Tomó conciencia del deterioro de su salud cuando un día no logró flexionarse para alcanzar unas simples agujetas de tenis. Fue el golpe para salir de un estilo de vida que parecía una bomba de tiempo contra ella misma.

Al ver en la televisión la agilidad con la que se movían Jackie Nava y Ana María Torres en el cuadrilátero, se interesó en el boxeo, deporte que sin imaginarlo la ayudó a bajar 30 kilos en seis meses, pero sobre todo le enseñó la importancia de la disciplina no sólo para la actividad física sino en cada aspecto de su vida.

–¿Cómo te cambió el boxeo?

–Yo era una chica que me la pasaba en las fiestas con mis amigos, llegaba tarde a mi casa, era de buen comer, ya no hacía deporte, subí mucho de peso, sobrepasé los límites en indisciplina. En lo único que cumplía era en la escuela.

Desde el primer momento en el que empecé con este deporte me di cuenta de que necesitaba condición física, así que dejé las fiestas, el desvelo, el alcohol. Los fines de semana, en lugar de estar con mis amigos, comencé a convivir más con mi familia, me volví más tranquila, mi estado de ánimo cambió.

Jiménez ahora cuida con gran esmero su contrastante apariencia: ruda con cabello corto y perfecto peinado, y al mismo tiempo femenino con pestañas enchinadas con poco rimel y un toque de gloss en los labios.

En el gimnasio resalta por su gran tamaño físico entre el resto de los menudos boxeadores, la mayoría de peso mosca y pluma, alguno que otro wélter o medio, categorías en las que México ha destacado en la rama varonil.

Ella es un caso excepcional entre las campeonas de peso mosca y supermosca. El talento con los guantes lo ha tenido que demostrar ante hombres, pues de sus 10 peleas amateur, la mitad fueron contra rivales masculinos y venció a todos.

La primera vez que me vieron madera para el boxeo fue cuando peleé contra un hombre porque no había mujeres para enfrentar. El entrenador le dijo al chavo que se midiera porque se mediría con una chava. Yo le dije que no lo hiciera porque yo no lo haría y entonces le gané, comenta.

Aun cuando se tituló como chef internacional, quiso aprovechar su habilidad en el cuadrilátero para hacer algo trascendental. Renunció a su trabajo en un restaurante-bar en el estado de México, donde tenía un buen sueldo, para enfocarse en el pugilismo, consciente de los obstáculos para conseguir un contrato, que tal vez no igualaría su anterior paga.

Me gusta la gastronomía, pero no me apasiona como el boxeo, confiesa Tigre Jiménez, quien con estudios profesionales y conocimientos de inglés y francés contradice el mito de que el buen boxeador viene de barrio.

El deporte no está peleado con la educación. Que se cambie esa percepción de que el pugilismo es el deporte del barrio; también viene de gente con estudios profesionales, asevera, al tiempo que sonríe orgullosa por la carrera que estudió.

Pensaban que era un capricho

La decisión de practicar un deporte tan aguerrido provocó revuelo en su familia. “Siempre estuve en escuelas particulares. Cuando decidí dedicarme al boxeo, a mi madre le costó trabajo aceptarlo. Me decía ‘invertí en ti, en tu educación y ahora cambias así’. El resto de mis familiares pensaba que era un capricho de las niñas de las fiestas y decían que estaba loca”, recuerda.

No obstante, la dedicación que mostraba hacía este deporte los convenció para que aceptaran su determinación: Cuando vieron mi pelea de debut fue el cambio total, me convertí en una heroína en mi casa.

Pronto logró firmar un contrato como profesional. El promotor Pepe Gómez, de Cancún Boxing, no dudó en ofrecerle un convenio por cinco años, aun cuando sabía lo complicado que podría ser conseguirle rivales.

Al debutar frente a Claudia Ramírez, en el Oasis Hotel Complex de Cancún, Tigre Jiménez saltó al cuadrilátero consciente del compromiso que enfrentaba: demostrar que las mujeres (físicamente) grandes podemos hacer cosas extraordinarias. Que las mexicanas tenemos calidad para pelear en pesos completos.

Aunque Ramírez dio una digna pelea, se impuso el golpe fuerte de Jiménez, quien venció por nocaut técnico a los 19 segundos del tercer asalto.

Inició con el pie derecho su carrera en el pugilismo, pero sabe que debe pulir su técnica. Las mejores rivales están en el extranjero y yo no quiero ser una adversaria fácil. Para mí esto es un reto, sostiene.

Por ahora confía en que su debut inspire a muchas mexicanas para que se animen a pelear en este peso: Estoy segura que comenzarán a salir, sé que las hay.

El saltó que dio en su vida desde el descontrol hasta convertirse en la primera mexicana en boxear en la división más alta la enorgullece y la motiva para alcanzar más proezas.

Agradezco lo que pasé, porque de no haber sido por ese descontrol yo no estaría donde me encuentro ahora, dice Alejandra, quien toma sus guantes para lanzar un potente puñetazo contra un costal, con la misma fuerza con la que sacudió al pugilismo mexicano.