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En entrevista con La Jornada, define las particularidades de su larga producción

Un compositor tiene un sola obligación: escribir buena música, dice Steve Reich

El artista neoyorquino recibe hoy el Premio Fronteras del Conocimiento, en Madrid; antes recibió el Polar, galardón sueco, el máximo reconocimiento para un músico

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Soy un compositor muy sistemático; desde hace medio siglo practico lo que denomino procesos orientados, expresa Steve Reich (Nueva York, 1936), a La JornadaFoto Jeffrey Herman
 
Periódico La Jornada
Martes 17 de junio de 2014, p. a13

Suelo utilizar una palabra para definir mi música: música, bromea, en entrevista con La Jornada, el maestro Steve Reich (Nueva York, 1936), uno de los compositores más importantes en el mundo, creador de una vasta obra, sustentada en distintas técnicas alrededor del minimalismo y quien este martes recibe en Madrid el Premio Fronteras del Conocimiento, que otorga la Fundación BBVA.

Antes, recibió el Premio Polar, otorgado por la Academia Sueca, el galardón musical más importante en el planeta.

La obra de Steve Reich acumula montañas de sonido. Mueve. Encanta. Causa fascinación.

Su originalidad consiste en la creación de distintas vertientes propias alrededor del minimalismo. Al igual que su colega Philip Glass, trabajó como taxista, profesor de rock progresivo, entre otros oficios para poder mantener sus estudios, que incluyeron clases con Darius Milhaud y Luciano Berio.

Entre Nueva York y Los Ángeles

A través de la línea telefónica, Steve Reich habla acerca de las particularidades de su trabajo:

–Premio Fronteras del Conocimiento. ¿Qué implicación tiene para usted la palabra conocimiento?

–Bueno, así es como se llama el premio. Soy un compositor que asume diferentes temas que me interesan y supongo que al premiarme están dirigiendo la atención hacia algunos de esos temas, aunque a veces escribo música sin temática en particular, como mi Música para 18 músicos o Drumming.

“La música por cuyos temas asumo me premian empieza con Different Trains, de 1988 y que grabó Pat Metheny. Utilizo en ella voces pregrabadas, entre ellas la de mi nana negra, Virginia. Y se llama Trenes diferentes porque cuando yo era niño mis padres se divorciaron y yo viajé durante muchos años en tren entre Nueva York, donde vivía mi padre, y Los Ángeles, a donde se mudó mi madre. Era 1937 y Hitler buscaba apoderarse del mundo. Esos trenes diferentes son también los que conducían a los prisioneros judíos hacia los campos de exterminio. Ese es el juego que establezco en la obra.

“Cuando me dijeron: ¿por qué no escribes una obra sobre el Holocausto? Respondí: ¿estás loco?, ¿quieres que me beba toda el agua del Atlántico, para empezar? Así que decidí entablar la obra con voces de sobrevivientes del Holocausto y entreverarlas con la voz de Virginia. ¿De qué hablan esas voces? Simplemente de su vida. De manera que utilizo esas voces como melodía, speech melodies, para crear una pieza musical-documental. Así fue como pude lidiar con un tema tan enorme. Y bueno, resultó exitosa. Me dieron un Grammy pero lo más importante es que a la gente le conmovió. Y les gustó, porque no se trata de un hocus pocus, sino de un buen material artístico.

“También creo que el jurado de este premio tomó en cuenta mi primera ópera, The Cave, donde participan judíos israelitas, musulmanes palestinos y estadunidenses. Y quizá también pensaron en mi siguiente ópera: Three Tales, que es una reflexión sobre el uso de la tecnología y donde participan, con voces pregrabadas, varios científicos importantes, como Jay Gould, James D. Watson, Richard Dawkins, Rodney Brooks y Marvin Minsky, entre otros”.

–Su obra aparenta un manejo concentrado de las matemáticas, ¿hay tal?

–Para nada –ríe abiertamente el músico–. ¡Si supieran lo malo que fui en la escuela para las matemáticas! Se sorprenderían. Eso sí, soy un compositor muy sistemático; desde hace medio siglo practico lo que denomino procesos orientados. Elijo un patrón repetitivo en piano y gradualmente hago cambios. El patrón repetitivo correcto surge del acto de escuchar.

–Además del compositor medieval Perotin, la música de los pigmeos, Stravinsky, Radiohead ¿qué otras influencias reconoce?

–Bartok, en especial sus cuartetos de cuerdas. Luciano Berio, con quien estudiaba de día y de noche mi gran influencia: Coltrane, porque en 1961, antes de que existiera la así llamada música minimalista, él grabó el disco Africa/Brass, donde una pieza entera de 17 minutos está construida con una sola armonía. Nunca se había hecho algo así de revolucionario, además de su impresionante capacidad de orquestación, que hizo en equipo con Eric Dolphy y la complicidad del baterista Elvin Jones. De manera que la complejidad rítmica, la invención melódica y la riqueza orquestal a partir de tan sólo una armonía, conforman algo realmente revolucionario.

Música música

–John Adams, Phillip Glass y Terry Riley me han dicho que el minimalismo no existe, ¿qué piensa usted?

–Estoy de acuerdo con ellos. Aunque este tipo de términos resultan útiles para historiadores y periodistas musicales como usted. Así como en el barroco, Bach y los otros reflejaron la arquitectura barroca en sonidos, así nosotros partimos del minimalismo que inventó Sol LeWitt en escultura. Ah, el término lo inventó mi amigo Michael Nyman.

–Si no es minimalismo, ¿cómo describiría usted su música?

–Suelo recurrir a asuntos que me conciernen, como dije en mi primera respuesta, pero también hago música sin ninguna temática. Los compositores no estamos obligados a nada, salvo a escribir buena música. Yo suelo utilizar una palabra para describir mi música: música.

Ríe de buena gana el maestro Steve Reich. Nos despedimos entre carcajadas.