Opinión
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Sufragio efectivo
Miguel Marín Bosch
E

n lo que va de 2014 ha habido elecciones en un gran número de países, y habrá más antes del fin del año. Las hubo en Panamá y Colombia y las habrá en Brasil. En Malawi y Sudáfrica también acudieron a las urnas. En Afganistán e Irak los procesos electorales fueron sorprendentemente limpios y pacíficos.

El domingo pasado hubo elecciones en Ucrania. Ese mismo día concluyó la ronda de comicios para elegir al nuevo Parlamento Europeo. Pero sin duda la madre de todas las elecciones son las que se llevan a cabo en la India cada cinco años. Debido al crecimiento demográfico, el número de votantes ha ido en aumento en cada elección hasta llegar a más de 800 millones (100 millones más que en 2009). Y a los dirigentes políticos de ese país les gusta recordarnos que se trata del ejercicio democrático más grande del mundo. En efecto, el tamaño del padrón electoral obliga que las elecciones se realicen en nueve etapas a lo largo de cinco semanas y es un ejercicio caro (más de 600 millones de dólares).

El pasado 12 de mayo concluyó la séptima y última fase de las elecciones generales en la India. Participó 67 por ciento del electorado, el nivel más alto en la vida independiente del país. Hubo una participación muy alta de jóvenes. Se requieren 272 escaños en el Parlamento para tener una mayoría absoluta y el partido nacionalista hindú Bharatiya Janata, encabezado por Narendra Modi, obtuvo 282. Ese partido formó parte de la Alianza Democrática Nacional, que consiguió un total de 336 diputados. Los resultados fueron un golpe muy duro al Partido del Congreso (una especie de PRI de familia). Dicho partido ha dominado la vida política de la India desde su independencia y ha estado en manos de la familia de Jawaharlal Nehru (primer ministro de 1947 a 1964), su hija Indira Gandhi, su nieto Rajiv Gandhi y la viuda de éste, Sonia Gandhi.

A diferencia de la India, en Sudáfrica no hubo sorpresas en las elecciones del 7 de mayo, las quintas desde la instauración en 1994 del sufragio universal tras la desaparición del régimen del apartheid. Participó más de 70 por ciento del electorado y el partido Congreso Nacional Africano logró mantenerse en el poder, aunque su mayoría cayó a 62 por ciento, comparado con el 66 por ciento que obtuvo en 2009. Empieza a crecer una oposición encabezada por el partido Alianza Democrática.

Fue la primera vez que votaron los miembros de la generación libre sudafricana, los jóvenes nacidos después de 1994. Y el desempleo y la situación económica dominaron los debates, aunque también crecieron las críticas al presidente Jacob Zuma y la supuesta corrupción del partido en el poder.

¿Qué nos dicen estos procesos electorales acerca del estado de la democracia en el mundo? Para algunos observadores son un indicio del avance inexorable de la democracia en el último siglo. Quizás así lo interpretaría Woodrow Wilson, quien fuera presidente de Estados Unidos entre 1913 y 1921, y un entusiasta promotor de la democracia. Hace un siglo eran contados los países medianamente democráticos, y aún más escasos los que habían otorgado el voto a las mujeres.

Hoy el mapa político del mundo es muy distinto. Han desaparecido casi todas las colonias y predominan los países con gobiernos emanados de un sufragio universal. Vivir en una sociedad democrática significa elegir a representantes que avanzarán ciertas causas o proyectos, resolverán de manera civilizada sus diferencias con otros grupos políticos y buscarán mejorar la vida de quienes los eligieron. Cuando menos eso es lo que se cree.

Pero, ¿qué tan efectivo es el sufragio? Desde luego que las campañas electorales pueden despertar un gran entusiasmo entre la ciudadanía. Es un momento de esperanza, esperanza de cambio y, sobre todo, de un futuro mejor.

En la India, por ejemplo, Narendra Modi recibió el apoyo de mucha gente, incluyendo jóvenes y musulmanes, que no comparten sus ideas en torno al nacionalismo hindú. Más bien se guiaron por lo que hizo para levantar la economía del estado de Gujarat, que gobernó desde 2001. Entrevistados por los periodistas, no pocos jóvenes confesaron que habían votado por él porque creían que les conseguiría un buen empleo.

En Ucrania, la victoria abrumadora de Petro Poroshenko en los pasados comicios se debió al deseo generalizado de la población de lograr un gobierno estable y capaz de dialogar con Moscú. Pero también se inclinaron por un oligarca multimillonario que simpatiza con la Unión Europea y la OTAN. En la región oriental del país los llamados rebeldes pro rusos desquiciaron el proceso electoral, pero la comunidad internacional, incluyendo a Rusia, dio por buenos los resultados.

En las elecciones para el Parlamento Europeo hubo poca participación, pero los medios de comunicación enfatizaron las victorias de partidos anti Unión Europea como el Frente Nacional francés o el populista Independencia del Reino Unido. Lo cierto es que los partidos tradicionales de centro izquierda y centro derecha seguirán dominando el Parlamento. Lo curioso es que ahora habrá más diputados que quieren abolirlo.

En México parece que nos hemos olvidado del sufragio efectivo. Los partidos políticos no cuentan con la confianza del electorado: el nuevo PRI no es tan nuevo; el PAN defraudó cuando estuvo en el poder; y el PRD sigue fraccionándose. Peor aún, los diputados y senadores se han convertido en una especie de corporación que está por encima de las instituciones del Estado. Sólo velan por sus propios intereses y no permiten competencia (candidatos independientes) fuera de los partidos establecidos. Defienden sus prebendas y, pese a la propaganda oficial, poco parece interesarles el bien público. La brecha entre el electorado y sus representantes sigue creciendo.

¿Qué pasa una vez que un ciudadano ha emitido su voto? Con el tiempo sabremos si en otros países como la India los diputados cumplen con lo que prometieron a quienes los eligieron. Eso sería sufragio efectivo.