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Ante la ONU se presentarán los casos de Maciel y de su par chileno Fernando Karadima

Giro en la estrategia contra sacerdotes pederastas: los acusarán de torturadores

Todos éramos atormentados; conozco gente que se suicidó, narra una de las víctimas

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Fernando Karadima Fariña, conocido como El Marcial Maciel chileno
Sanjuana Martínez
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Domingo 27 de abril de 2014, p. 12

Las víctimas de abusos sexuales de sacerdotes han emprendido una nueva batalla: demostrar ante el Comité contra la Tortura de la Organización de Naciones Unidas que el Vaticano y sus representantes, los sacerdotes acusados de pederastia, han incurrido en actos crueles e inhumanos contra miles de víctimas en el mundo.

El Centro de los Derechos Constitucionales y la Red de Sobrevivientes de Abusos Sexuales de Sacerdotes (CCR y SNAP por sus siglas en inglés) han presentado el reporte Informe paralelo, de 123 páginas, donde incluyen casos paradigmáticos de abusos sexuales de sacerdotes y evidencias de protección y encubrimiento por el Vaticano ocurridos en Brasil, Chile, Honduras, México, Mozambique y Perú.

Dos de los casos clave, que serán presentados los días 5 y 6 de mayo ante el comité en Ginebra, son el del mexicano Marcial Maciel y el del sacerdote Fernando Karadima Fariña, conocido como El Marcial Maciel chileno, acusado de violar a cientos de menores con la protección y encubrimiento de la Santa Sede.

El caso chileno es un fuerte alegato contra la tortura. Muestra las políticas y prácticas del Vaticano para evadir la acción de la justicia. Y exhibe la continuidad de esa estructura sistémica impulsada ahora por el papa Francisco, quien ha protegido igualmente a los depredadores sexuales con sotana y ha premiado a sus encubridores nombrándolos obispos y cardenales, según las víctimas.

Víctimas y sobrevivientes de violencia sexual infantil han enfrentado altos riesgos como el suicidio, serias enfermedades físicas y mentales, severas y continuas ansiedades y desórdenes adictivos, enumera el Informe paralelo.

Chile como México

El periodista Juan Carlos Cruz Chellew y el doctor James Hamilton personifican la lucha por la verdad, la justicia y la reparación de las víctimas chilenas. Llevan 10 años combatiendo lo que llaman la estructura de protección y encubrimiento del Vaticano en torno a los abusos sexuales del clero católico, estrategia que –dicen– no ha cambiado nada con el papa Francisco.

Entrevistados para La Jornada, ambos recuerdan –por separado– cómo estuvieron al borde del suicidio y se enfrentaron al estamento eclesiástico, gubernamental y empresarial del más alto nivel en Chile, cuando denunciaron los abusos sexuales que padecieron ellos y cientos de menores de edad de parte del sacerdote Karadima, considerado por la comunidad como un hombre santo.

Esta historia se inicia cuando James Hamilton decide solicitar la anulación de su matrimonio religioso mediante un documento que incluía la historia de abusos que había sufrido desde que tenía 17 años y durante 20 años más, por parte del sacerdote Karadima, lo cual afectó terriblemente su relación conyugal.

La jerarquía católica encabezada por el actual cardenal Francisco Javier Errázuriz Ossa y Ricardo Ezzati Andrello, obispo de Santiago de Chile, intentaron disuadirlo y recibió más de 20 correos electrónicos amenazantes, en los que le exigían, en coincidencia con la visita de Tarcisio Bertone, secretario de estado del Vaticano, que mintiera: En ese momento fui sometido a una situación de tortura real. Me trataron de hacer firmar un documento, para darme la nulidad, donde yo tenía que reconocer que era gay y que los abusos que sufrí, en realidad habían sido plenamente voluntarios.

Hamilton y Cruz Chellew pertenecían a la Acción Católica Juvenil de la parroquia del Sagrado Corazón en el Bosque de la Comuna de Providencia, barrio de la clase alta chilena. Allí se conocieron. La mayoría de los jóvenes eran atacados sexualmente y torturados de muy distinta manera por Karadima y todos lo sabían, bajo un manto de silencio y amenazas.

Un día, Hamilton le llamó a Juan Carlos: Yo sé que el padre Karadima te hizo lo mismo, quiero que lo denuncies. Fue así como se inició el proceso canónico y judicial contra el sacerdote pederasta. A ellos se unieron, dos víctimas: el abogado Fernando Batlle y el filósofo José Andrés Murillo.

Fui torturado, como muchas otras víctimas. A los 15 años era un muchacho completamente vulnerable, se me había muerto mi papá y este cura se aprovechó absolutamente, dice Juan Carlos Cruz Chellew, mientras Hamilton explica: Hemos vivido una destrucción del ser interno, demoledor, enloquecedor. Todas las autoridades de la Iglesia lo sabían y seguían las directrices como en el caso de Maciel. Entorpecieron, ocultaron y archivaron toda la investigación.

Un monstruo

El Señor te ha traído a mi y yo de ahora en adelante voy a ser tu papá, tu confesor y tu director espiritual, dijo Karadima a Juan Carlos, quien desde el principio observó cómo el sacerdote daba golpecitos en los genitales a otros chicos.

Un día, mientras se confesaba, sucedió el primer abuso: “Me dijo: ‘pon la cabeza en mi pecho’. Luego me acarició y me dijo: ‘Saca la lengüita’. Yo la sequé y puso su lengua en mi lengua y me empezó a toquetear”.

A cada uno de los menores los atacaba de distinta manera: “A unos los masturbaba, a otros los penetraba, a mí me toqueteaba y sobre todo, me torturaba sicológicamente. Me amenazaba. Me advertía que les iba a decir a todos que era gay si contaba lo que me hacía. A los chicos de los que abusaba nos hacía juicios. Él los llamaba correcciones fraternas: nos sentaba delante de 10 personas para enjuiciarnos”.

Añade: Todos éramos atormentados. Conozco gente que se suicidó, gente que todavía no es capaz de contar los abusos y vive en la angustia. Él violaba nuestros cuerpos, eso es tortura física. Era un hombre absolutamente monstruoso, impredecible, que nos tenía controlados porque sabía cómo hacernos reaccionar en horror y utilizaba los secretos de confesión para torturarnos.

Cuatro sacerdotes a sus órdenes, ahora obispos, presenciaban los abusos: Horacio Valenzuela, obispo de Talca; Juan Barros, obispo castrense; Andrés Arteaga, obispo auxiliar de Santiago, y Tomislav Koljatic, obispo de Linares. Todos lo encubrieron, junto a Errázuriz y Ezzati, este último convertido en cardenal por el papa Francisco, mientras el sacerdote pederasta fue simplemente enviado a una vida de penitencia y retiro.

Estos monstruos que nos hicieron la vida imposible cuando denunciamos, que escondieron no sólo a este sacerdote pederasta, sino a montones más, ahora son premiados por el nuevo Papa, dice Juan Carlos , quien rehizo su vida en Estados Unidos, donde es ejecutivo de una multinacional.

James Hamilton, se casó nuevamente y ha ido sanando sus heridas a base de amor. Se muestra esperanzado por la próxima cita ante el Comité Contra la Tortura de la ONU: Es una dignificación para nosotros, es una esperanza para el futuro de los niños, porque estas torturas crónicas y consecutivas que sufrimos por estos curas abusadores, destruyen el espíritu de las personas y deben ser perseguidos como crímenes de lesa humanidad.