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El oficialista Sobianin rechaza negociar; el domingo, las elecciones más limpias en muchos años

El opositor Navalny exige segunda vuelta en comicios para alcalde de Moscú y recontar votos
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Partidarios del líder opositor ruso, Alexei Navalny, ayer, durante un mitin en Moscú. El candidato los convocó a protestar por los resultados de las elecciones del domingo, que, asegura, fueron manipulados en favor del Kremlin. En los carteles se lee: NavalnyFoto Reuters
Corresponsal
Periódico La Jornada
Martes 10 de septiembre de 2013, p. 25

Moscú, 9 de septiembre.

El líder de la oposición al Kremlin, Aleksei Navalny, no reconoce el triunfo de Serguei Sobianin en las elecciones para alcalde de Moscú, el domingo anterior, y exige que se lleve a cabo una segunda vuelta.

Navalny lo sostiene desde la madrugada de este lunes y lo reiteró en un mitin que reunió la noche de hoy a cerca de 40 mil seguidores, en el cual afirmó que la verdadera oposición en Rusia ya nació y exhortó a los congregados a no emprender ninguna acción de rebeldía civil.

Prometió luchar por la vía legal para lograr que se realice la segunda vuelta de votación dentro de una semana, un mes, o un año y manifestó la esperanza de que Sobianin acepte el recuento de sufragios.

La Comisión Electoral Central de Moscú (CECM) dio a conocer este lunes los resultados finales de la votación: Serguei Sobianin, 51.37 por ciento; Aleksei Navalny, 27.24 por ciento; Ivan Melnikov, 10.69 por ciento; Serguei Mitrojin, 3.51 por ciento; Mijail Degtariov, 2.86 por ciento; y Nikolai Levichev, 2.76 por ciento.

Navalny rechaza estas cifras, con base en las múltiples irregularidades que se dieron en la votación a domicilio, pensada en principio para minusválidos y ancianos, que alcanzó 4.6 por ciento de los votantes y representó para Sobianin alrededor de 105 mil votos más, y –asegura– de ahí salió el 2 por ciento que necesitaba para ganar sin tener que ir a segunda vuelta.

Además, denuncia Navalny, cuando la CECM hizo públicos los resultados sobre el escrutinio de 100 por ciento de las boletas, aún no se había terminado de introducir un tercio de las actas en el sistema automatizado GAZ Elecciones (que se utiliza para corroborar los datos antes de anunciar los resultados definitivos, entre otras funciones) y faltaban los datos del conteo de la comisión territorial en Otradnoye, uno de los distritos más poblados de la ciudad (38 mil votos depositados y 72 actas desaparecidas).

Aunque pudiera tener razón Navalny, es muy difícil que el Kremlin acepte realizar un recuento y efectuar una segunda ronda de votación. Sobianin se negó este lunes a negociar con Navalny esa posibilidad y proclamó que éstas han sido las elecciones más limpias en muchos años, haciéndole un flaco favor a los diputados de Rusia Unida y al presidente Vladimir Putin.

Sin ser su propósito, Sobianin confirmó que las manifestaciones multitudinarias del año pasado se debieron al fraude que otorgó al partido oficialista Rusia Unida 20 por ciento de votos más que los recibidos y permitió a Putin no tener que ir a segunda vuelta.

La participación fue de 32.07 por ciento y, en consecuencia, la abstención alcanzó a cerca de 5 millones de moscovitas con derecho a voto, el 70 por ciento del padrón. Muchos no fueron a votar por hartazgo y la errónea percepción de que nada depende de su voto, de que todo está decidido de antemano.

Quién sabe qué podría ocurrir en una segunda vuelta entre Sobianin y Navalny. El Kremlin no va a permitir que se corra ningún riesgo y pondrá el acento en que la diferencia de votos entre ellos es tan grande que nada hay que contar.

En realidad, Putin y su entorno no deben de estar festejando que su candidato rebasó el 50 por ciento requerido para ganar la alcaldía de Moscú con apenas 28 mil sufragios, un porcentaje que equivale a lo que los sociólogos denominan margen de error estadístico.

Los resultados oficiales ofrecen algunas claves para perfilar el devenir político de Rusia:

El declive del electorado del partido comunista, del anterior 20 por ciento al 11 por ciento que sacó su candidato Melnikov. Este declive irá en aumento en la medida que disminuya su clientela fija, por fallecimiento de los ancianos que se formaron en los tiempos soviéticos, y ante la incapacidad de la actual dirigencia de formular un discurso atractivo y de ceder la conducción del partido a un relevo generacional que brilla por su ausencia. Los actuales sexagenarios tenían 40 años cuando desapareció la Unión Soviética y no son nostálgicos de la militancia comunista.

Los otros dos partidos con representación en el Parlamento, el liberal-democrático del candidato Degtiarov y Rusia Justa del candidato Levichev, para el electorado de Moscú no son rivales del partido oficialista Rusia Unida y, por su sumisión en la Duma, carece de sentido votar por ellos.

El sector de adversarios del Kremlin que desconfía del opositor más votado y apoyó al liberal Mitrojin lleva años estancado, y así seguirá si no busca establecer puentes con el nuevo movimiento de oposición que encabeza Navalny.

En otras regiones de Rusia, las autoridades disponen de más posibilidades que en Moscú y otras grandes ciudades –Yekaterinburgo, por ejemplo, donde triunfó el opositor Yevgueni Roizman– para imponer a sus candidatos, incluida la alteración de resultados de modo más o menos burdo. En provincia ganaron las alcaldías candidatos apoyados no tanto por partidos como por personajes con influencia local.