Sociedad y Justicia
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La concepción del amor que lo puede todo ya no empata con la realidad: experta

El dinero es hoy una divisa para tomar decisiones que afectan la vida en pareja

Examina investigación de la UNAM trascendencia de los aspectos económicos en la relación

 
Periódico La Jornada
Lunes 5 de agosto de 2013, p. 42

No sólo de amor viven las parejas. Al establecer una vida familiar las relaciones amorosas se ven determinadas por el dinero: cuánto ingresa, quién aporta más, cómo se distribuyen y gastan las percepciones económicas y hasta quién oculta parte de sus ingresos.

Así lo muestran los resultados preliminares de una investigación cualitativa de la Facultad de Sicología de la Universidad Nacional Autónoma de México, que asienta que la complejidad y trascendencia de los aspectos económicos en la relación de pareja determinan, en buena medida, el curso que tomará el proyecto de vida de esa unión.

Patricia Meraz Ríos, académica de esa facultad y autora de la investigación, indicó que el manejo de los recursos tienen varias afectaciones en las familias, que en la mayoría de las ocasiones llevan al rompimiento de la pareja, por lo que es necesario encontrar nuevos conceptos para la relación pareja-dinero, refirió.

La liga amor-dinero nace en el momento en que una pareja decide vivir bajo el mismo techo, por lo que su vínculo dependerá del manejo y administración del capital. “El dinero es algo más que un simple medio de cambio: se convierte en una divisa para las decisiones que afectan las carteras y la vida. Aún existe la concepción idealizada de que ‘el amor nos une y nos sacará adelante’; sin embargo, la realidad muestra que ese sentimiento puede ser fracturado, porque lo ideal ya no checa con lo real”.

Además de ser un asunto relacionado con la administración y la economía doméstica, el manejo del presupuesto y del patrimonio revela las relaciones socioculturales que establecen las familias para satisfacer sus necesidades, construir sus realidades y proyectar sus aspiraciones.

La investigación se basó en entrevistas a profundidad con 20 parejas con diferente formación educativa, tiempo de convivencia y estrato socioeconómico. Parte del trabajo incluyó acompañamiento a las compras de despensa.

Las metas del estudio fueron identificar las estrategias, negociaciones y formas que emplean las parejas mexicanas respecto al dinero y las decisiones en el hogar; explorar el papel que juegan los aspectos económicos y financieros en el proyecto de pareja y en la satisfacción de la vida cotidiana, y examinar las prácticas financieras en las que el varón es un proveedor respecto a donde hay un doble ingreso.

Una de las principales afecciones en las familias es la alfabetización financiera, pues, con base en las decisiones de los padres, los hijos aprenden la relevancia de lo monetario, sus satisfactores, carencias o dificultades. Otra es la infidelidad financiera (concepto de reciente creación). Éste se da cuando no existe transparencia financiera ni del control de gastos y consumos. “Las parejas se sienten defraudadas, hay dinero secreto, escondido y negado con un argumento: ‘Lo tuyo es tuyo, pero estoy enterado de cuánto es, pero lo mío es mío y no lo conoces’. Esos recursos no son parte del gasto familiar y suelen usarse afuera, satisfaciendo necesidades o gustos personales”.

Otro indicador se relaciona con la forma en cómo ingresa el dinero al hogar. Aun en la actualidad hay familias en que el único proveedor es el hombre, a quien se ve como propietario de esos recursos, mientras ella es la distribuidora. En las relaciones con doble ingreso, no se ha encontrado un equilibro en el manejo de las finanzas, por lo que al ser un agente de poder, el recurso monetario continúa bajo vigilancia del varón, aun cuando la mujer aporte más al gasto familiar.

Una manera más en que la vida de pareja se ve afectada es la desigualdad en el gasto y distribución. Muchas veces hay compras especiales, se etiquetan los recursos, y en la mayoría son beneficios para el señor de la casa o los niños, señaló.

Aunque aún trabaja en las conclusiones, la investigadora mencionó algunos avances de los resultados: Las parejas que reportaron cierto nivel de satisfacción en el ejercicio de sus finanzas tienen claro el proyecto de familia, deciden de manera consensuada, hay cierto equilibrio en las negociaciones y manejo del poder, conocen el total de ingresos al seno familiar, algunos reportan una bolsa común, otros optan por dividir los ingresos en dinero colectivo y personal, hay un control de los consumos y algunos prefieren hacer aportes equivalentes aun cuando los salarios sean distintos.

“Sin embargo, cuando las mujeres ganan más suelen expresar malestar y califican al compañero de ‘conchudo, conformista y sin espíritu de superación’. Sienten que mientras ellas dedican mucho tiempo y trabajo para el bienestar de su familia, él se ha estancado.”