Opinión
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Ciudad de los libros y la imagen
U

no de los edificios más imponentes de la ciudad de México es el conocido como La Ciudadela. La enorme construcción data de finales del siglo XVIII, cuando fue diseñada para funcionar como fábrica de tabaco, lo que le confiere una particular arquitectura, con varios patios para el secado de las hojas y amplios salones. En el siglo XIX se convirtió en destacamento militar y prisión. Fue sede de sucesos dramáticos durante la Decena Trágica en 1913 .

En 1946 se inauguró como biblioteca bajo la dirección de José Vasconcelos; tras varias remodelaciones y reaperturas a lo largo de los años nuevamente fue inaugurada en 2012 con el nombre de Ciudad de los Libros y la Imagen. El plan maestro de la intervención lo realizaron los arquitectos Alejandro Sánchez y Bernardo Gómez Pimienta.

En otro espacio del inmenso inmueble funciona el Centro de la Imagen o la casa de la fotografía en México, adaptado hace unos años por el arquitecto Issac Braid con una propuesta muy audaz.

Una de las novedades de la actual remodelación es que se adaptó un espacio para albergar las bibliotecas de cinco destacados intelectuales ya fallecidos: Alí Chumacero, Jaime García Terrés, Antonio Castro Leal, José Luis Martínez y Carlos Monsiváis, cada una con un diseño, curaduría e intervención artística propia.

Creativos arquitectos diseñaron cada uno de los espacios tomando en cuenta la personalidad de cada escritor; sin duda, también reflejan la de los arquitectos. La mayoría de las bibliotecas tienen obras de arte, algunas que pertenecieron a los autores y que adornaban sus casas, ambiente que varios de los arquitectos trataron de reflejar.

Unas son muy cálidas otras más frías, unas luminosas y las menos un tanto oscuras. Lo que las distingue a todas es el talento y la originalidad.

No tenemos espacio para describir cada una de ellas, así es que me limitaré a la de Carlos Monsiváis: tiene 24 mil materiales bibliográficos como libros, folletos y revistas, distribuidos en libreros que semejan edificios, no falta algún callejón. Todo ello para revivir esa ciudad que Monsiváis tanto amó. Su gran amigo el pintor Francisco Toledo, realizó un gobelino en el que se ve a Carlos de perfil, junto a libros, con un gato. Para el piso diseñó un mosaico con una cenefa felina.Fue realizada por los arquitectos Javier Sánchez y Aisha Ballesteros. Los que crearon las otras bibliotecas fueron José Castillo, Mauricio Rocha, Jorge Calvillo,Tatiana Bilbao, Bernardo Gómez Pimienta y Alejandro Sánchez.

Además de estos novedosos espacios, que aprovechan la gran altura de los techos del magno edificio, vale la pena visitar el resto del lugar, aunque todavía faltan obras por concluir. Por supuesto, la gran Sala General, con excelente iluminación natural, plantas y obras de arte, a donde cualquier persona puede ir a consultar un libro o a leer. Entre libreros de poca altura están dispersas mesas para cuatro personas, con modernas sillas azules que le dan un aire informal.

Los infantes también tienen su sala, adecuada a su estatura y necesidades, con juegos didácticos, libros de acuerdo a su edad y una mini cineteca. Asimismo, hay una sala especial para las personas con discapacidad visual.

Los diversos arquitectos que lo han intervenido a lo largo de los años, entre otros, Abraham Zabludowzky, han tenido el cuidado de respetar su soberbia arquitectura original en estilo neoclásico, por lo que además de disfrutar sus instalaciones bibliotecarias y actividades culturales, se puede apreciar el notable diseño del espacio, que es uno de los más bellos y grandiosos de la ciudad. Actualmente la dirige el brillante poeta Eduardo Lizalde.

Su vecindad con el Centro Histórico facilita ir a alguno de sus múltiples lugares para comer bien. Escogimos el Salón Victoria, en la esquina de López y Victoria, ofrece un excelente cabrito, entre otros platillos de la comida mexicana y española. La paella no canta mal las rancheras.