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REPORTAJE / El arte, aliado del futuro

En 2012 se creó un sistema de enseñanza en una de las zonas más violentas de Acapulco

La música cambia la realidad de cientos de niños en Guerrero

Son 320 jóvenes lo que forman la orquesta y coros de Ciudad Renacimiento

Pensé dejarla, pero sé que aquí soy alguien, dice un pequeño de 10 años

A ocho meses de su inicio han sido fructíferos los resultados del Sistema de Orquestas Infantiles y Juveniles de Guerrero; mejor ser violinistas que vagos, drogadictos o delincuentes, dicen los niños

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A ocho meses de que comenzó a operar se fundó hace unas semanas el Sistema de Orquestas Infantiles y Juveniles de Guerrero, con el propósito de atender al mayor número de menores en situación de riesgo en la entidadFoto Yazmín Ortega Cortés
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La música es muy divertida y me ha hecho más inteligente; ya saco puros nueves y dieces en la escuela, dice con orgullo Ángel Delfino Aguirre, de siete años, de la sección de violinesFoto Yazmín Ortega Cortés
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De Ciudad Renacimiento proviene buena parte de los indiciados del Penal de Acapulco. Este programa da a los pequeños expectativas de vida más halagüeñasFoto Yazmín Ortega Cortés
Enviado
Periódico La Jornada
Lunes 8 de abril de 2013, p. 7

Acapulco, Gro.

Poco interesa si los 320 niños y jóvenes de la orquesta y el coro de Ciudad Renacimiento lograrán convertirse en músicos profesionales. Al menos, así piensa la mayoría de ellos, por ahora.

Lo importante en este momento, consideran, es la manera como la música ha cambiado para bien su realidad y la de su familia en tan breve tiempo, y ha abierto expectativas para un futuro más halagüeño.

Hasta antes de la creación de ambas agrupaciones, en julio de 2012, la tónica del día a día de esos menores estaba determinada por un entorno peligroso y violento, con condiciones de vida poco favorables.

Gran parte de ellos tiene su domicilio en una de las zonas con más alta marginación y la de mayor índice delictivo de Acapulco, ciudad en la que el año pasado se registraron mil 170 asesinatos, según cifras oficiales.

Dicho lugar lo conforman las colonias Ciudad Renacimiento y Zapata, ubicadas en los suburbios, distribuidas en las laderas de la carretera México-Acapulco, poco antes del llamado Maxitunel. Su población rebasa los 55 mil habitantes.

Conocida popularmente como La Rena, ésta pareciera tierra de nadie. Incluso ningún taxista se atreve a dar servicio allí de noche, y de día lo hacen por tarifas muy altas, además de que no son pocos los vecinos que, al oscurecer, evitan salir si no es para algo absolutamente necesario.

Entre los delitos más frecuentes cometidos allí están las muertes con violencia, la extorsión y el cobro de piso; también es el sitio del que proviene buena parte de los indiciados del Penal de Acapulco, de acuerdo con datos emitidos el año pasado por el Instituto Nacional de Salud Pública, citados en un artículo por Eunice Rendón, experta en prevención del delito y violencia.

A ese desolador panorama se suma una dinámica cotidiana en la que esos niños y adolescentes, cuyo rango de edad abarca de los siete a los 18 años, debían permanecer encerrados todo lo que restaba del día tras concluir su jornada escolar.

No es difícil adivinar las razones de tal circunstancia, conocido ya el tipo de peligros a los que están expuestos en la calle. Y así, su único medio de entretenimiento estaba de la mano de la televisión y el cada vez más extendido uso de Internet y las redes sociales.

De acuerdo con testimonios de algunos de esos menores o de sus familiares, el tiempo invertido ante el televisor o la computadora rebasaba por mucho a aquél que dedican a la escuela y a las tareas en casa, con un promedio de entre seis y siete horas al día.

Fueron ésas, en parte, las razones que impulsaron al gobierno estatal a emprender un estrategia que se vale de la cultura y el arte como herramientas para la transformación social.

En ese contexto fue que el Instituto Guerrerense de la Cultura (IGC) creó en julio de 2012 la Orquesta y el Coro de Ciudad Renacimiento, con el apoyo del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CNCA), tomando como inspiración el reconocido sistema venezolano de coros y orquestas infantiles y juveniles.

Tan rápidos y fructíferos han sido los resultados de esa iniciativa que, a ocho meses de que comenzó a operar, fue fundado hace unas semanas el Sistema de Orquestas Infantiles y Juveniles de Guerrero, con el propósito de atender al mayor número de menores en situación de riesgo en la entidad.

Además de los de Ciudad de Renacimiento, este sistema cuenta ya también con una orquesta y un coro en Bonfil, poblado localizado asimismo en Acapulco, donde a principios de febrero pasado fueron violadas seis turistas españolas y una mexicana. Aquí ascienden a 170 los niños y jóvenes atendidos.

El proyecto de la actual administración estatal es contar, por lo menos, con 10 agrupaciones sinfónicas y otras tantas corales en diferentes puntos de la entidad para cuando finalice el actual sexenio.

No más aburrimiento

Los 320 niños y jóvenes del proyecto musical Renacimiento, de los cuales 230 forman parte de la orquesta y 90 del coro, parecieran en principio ajenos de su conflictiva realidad.

Se les puede ver muy concentrados y felices en sus lecciones musicales, las cuales tienen lugar de lunes a viernes, entre las 15 y las 18 horas, en el Polideportivo Cici, de Ciudad Renacimiento.

Pero no son indiferentes de sus circunstancias. Tienen amplio conocimiento de que el suyo es un entorno violento y peligroso en varios sentidos. Lo que menos desean, a su decir, es convertirse en vagos, drogadictos o borrachos.

Mucho menos desean ser delincuentes y morir de trágica manera o terminar en la cárcel, como varios de esos chavos que decidieron incorporarse a la maña, nombre que dan los lugareños a los grupos delictivos.

Los padres u otros familiares, como tíos o abuelos, han desempeñado un papel crucial en generar valores y conciencia en ellos, según puede corroborarse en conversaciones, sobre todo con los de menor edad.

Uno de ellos es José Maximiliano Duarte Santana, quien tiene 10 años y cursa el quinto grado de primaria. Su figura es tan enjuta como serio su carácter. Cuando entró a la orquesta quería ser flautista, pero cambió de parecer al escuchar por vez primera un oboe y tener uno entre sus manos.

¡Claro que me gustaría hacerse músico profesional cuando sea adulto!, exclama cuando se le pregunta al respecto, pero aún más que eso le interesa ser científico, para encontrar medicinas y curar enfermedades.

Como ocurre con gran parte de quienes integran la orquesta y el coro –entre ellos los violinistas Mariana Arizmendi y Farid Nava García, de siete y 14 años, de forma respectiva–, este joven oboísta ha encontrado en la música una alternativa para paliar el ocio y el aburrimiento en casa, además de que está firmemente convencido de que este nuevo aprendizaje le forjara un destino más promisorio.

“En un momento –cuenta– pensé dejar la música, pero me di cuenta de que aquí (en la orquesta) soy alguien y aprendo muchas cosas muy interesantes. Mi mamá me dice que aquí puedo ser mejor persona, alguien importante en el futuro; yo no quiero ser vago, como muchos de mis compañeros de la escuela o niños más grandes, que se la pasan haciendo travesuras, molestando a los demás o a veces ya hasta emborrachándose y fumando en la calle.”

No hay integrante de estas dos agrupaciones que no se exprese orgulloso y emocionado de pertenecer a ellas cuando se les inquiere. Todos aseguran que su vida ha dado un giro profundo desde que comenzaron los primeros ensayos, los cuales aún realizan al aire libre, en espera de que el gobierno estatal construya una salas adecuadas para tal fin.

Mis papás trabajan todo el día y yo me la pasaba muy aburrida en casa. No hacía otra cosa que ver la tele con mi abuelita... eran muchas horas: cinco, seis, o siete, y la verdad es que ni pensaba. Ahora, en la orquesta, me divierto mucho y tengo varios nuevos amigos, y sé que estoy haciendo algo de provecho, algo que me ayudará a salir adelante, como dicen mis papás, cuenta a su vez Jalael Núñez Gallardo, de 11 años, quien cursa sexto año de primaria y es violinista.

De la misma edad, su compañera de sección Leticia Jazivette Loaeza confiesa con mucha pena que antes de ingresar a este proyecto era adicta al Facebook y que malgastaba allí varias horas de la tarde. Pero ahora me doy cuenta de que estaba muy mal, que estaba perdiendo el tiempo tontamente.

Un caso similar es el de Ángel Delfino Aguirre, de siete años, también de la sección de violines, a quien ya no le interesaba siquiera ir a la escuela, debido a que “me la pasaba embobado en el feis (Facebook)”.

De pícaro rostro, este pequeñín se dice muy contento de haber sido aceptado en la orquesta del Rena, porque la música es muy divertida y me ha hecho más inteligente; ya saco puros nueves y dieces en la escuela.

Él es de los pocos en la agrupación sinfónica que por ahora tiene muy clara su intención de ser músico profesional cuando crezca. Gran parte de ello se debe a que sus papás son integrantes de un grupo musical, de nombre Eskándalo.

“Pero ellos tocan salsa y yo quiero ser cantante de esos buenos y famosos, como Pavarotti, Plácido Domingo y el mexicano ése..., ¡ah!, Rolando Villazón. ¿Quiere que me eche una canción para que vea cómo canto?, dice Ángel, quien asegura que en cuanto aprenda a tocar el violín se cambiará al coro.