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Puntos sobre las íes

El Indio Grande (III)

N

acimiento de la gaonera.

Don Saturnino seguía esperando y confiando en que cayera maná del cielo, sólo que nanay, no caía, así que una tarde, con las alas rotas y las ilusiones perdidas, fueron a visitar al señor Paco, hermano de Salvador Sánchez Frascuelo, que tenía una pequeña escuela taurina en el moderno Madrid de aquellos años. Este señor tenía fama por la forma en que galleaba ante los toros, y Saturnino le pidió que enseñara a su discípulo cómo hacerlo y así lo hizo, pero a Rodolfo ni gracia le hizo, en tanto aquel seguía toreando de frente y por detrás, como entonces se estilaba, girando en sentido contrario al viaje del toro, a la vez que le decía mira, muchacho, aprende, porque esto es muy bonito y gusta a los públicos.

Gaona se resistía por más que Paco le insistía hasta que Ojitos le ordenó torea como te está enseñando y vamos a ver que si algo has aprendido.

El de León obedeció, se pasó a la carretilla por delante y por detrás para, a continuación, echarse el capote a la espalda. El hermano de Frascuelo se quedó pasmado y, creyendo que le habían estado tomando el pelo, enfurecido les gritó no sé si habéis venido a chuflarse de mí o a solicitar un puesto de catedrático así que iros, iros ya.

Y se fueron…

Pasaban los días y aquello iba de mal en peor, así que Ojitos, sin que se sepa de dónde ni cómo, pudo comprar dos toros de Bañuelos, alquiló la placita de Puerta de Hierro, organizando una encerrona por invitación.

Los astados resultaron ser un par de mansos y, tanto con el capote cómo con la muleta, hubo escaso lucimiento, no así con el acero, pues liquidó a los de Bañuelos con dos formidables estoconazos, siendo ampliamente felicitado por la concurrencia y, al día siguiente, los diarios ensalzaban los quehaceres del mexicano poniéndolo por las nubes.

Don Saturnino Frutos corrió a entrevistarse con el señor Mosquera, el cual, volvió a insistir en que no sabía quién era Rodolfo Gaona.

Terco el hombre.

***

Y vino el doctorado.

Maestro y discípulo seguían contando los días, así que Ojitos decidió jugar su última carta: para el 31 de mayo de 1908 montó una corrida en la plaza de Tetuán de las Victorias, para que Gaona tomara la alternativa de manos de Manuel Lara Jerezano”, con toros de la ganadería de Basilio Peñalver.

Dos grandes matadores, Bombita y Machaquito, andaban a la greña con Mosquera, y cómo tenían muy buenos amigos en la prensa, éstos le hacían la guerra al irascible empresario en tanto le dedicaban elogiosos comentarios al azteca, por lo que muchos aficionados decidieron dejar el coso de Madrid para irse a Tetuán, registrando la placita un lleno total.

Los toros fueron buenos y muy bien estuvo Jerezano, en tanto que Gaona se lució en grande con el doctorado, de nombre Rabanero, pero estuvo fatal con el estoque y fue empitonado en dos ocasiones, por fortuna sin consecuencias y, no obstante, fue ovacionado con calor.

En el cuarto, Gaona pudo mostrar sus muchas cualidades a un público que lo aplaudía sin cesar, y con el sexto, un animal viejo y cornalón, se mostró sereno y enterado, sólo que, al entrar por uvas, a punto estuvo de ocurrir una tragedia. El animal lo prendió de fea manera por el pecho, la sangre le empapaba la camisa y el animal no lo soltaba, en tanto que Gaona seguía aferrado, enterrando el estoque, sabiendo que su vida dependía de ello: o mataba él o lo mataba el toro. Los de luces corrieron en su auxilio y se espantaron al verle la camisa hecha jirones y tinto en sangre el pecho. Pensaron que Gaona estaba en las últimas, que tenía el pecho y el estómago desechos, sólo que… ¡estaba intacto!, eso sí, con una señora paliza y el consiguiente susto.

Fue un milagro.

Mientras Gaona comprendía que de estoquear toros poco sabía, la prensa se volcó en elogios. Críticos cómo Don Modesto, N.N, El Barquero y El Tío Campanita no cesaban de ensalzar al de León, sin faltar aquel que escribió que Mosquera era un verdadero burro.

Y no burro, sino mulo.

La prensa y la afición exigían se contratara al mexicano y ni por esas: no, no y no, contestaba iracundo el empresario madrileño, así que entre lo ocurrido en Tetuán, las opiniones de los críticos y los elogios de los aficionados, se decidió organizar una segunda corrida en Tetuán, con Gaona en calidad de único espada, agotándose el boletaje a poco se abrieron las taquillas.

Ni modo, en 15 días, seguiremos…

(AAB)