Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 29 de julio de 2012 Num: 908

Portada

Presentación

Bazar de asombros
Hugo Gutiérrez Vega

Entre el indio muerto
y el indio vivo

Ana Paula Pintado

Noticias desde Gutenberg
José María Espinasa

Una poeta que no
platica con el diablo

Yendi Ramos entrevista con
Dolores Castro

De Ruanda a Palestina
y viceversa

Ana Valdés

Conciencia personal
y colectiva

Ingrid Suckaer

Ramón Pérez de Ayala: literatura, oficio y experimento
Xabier F. Coronado

El Quijote,
las armas y las letras

Leandro Arellano

Leer

Columnas:
Prosa-ismos
Orlando Ortiz

Paso a Retirarme
Ana García Bergua

Bemol Sostenido
Alonso Arreola

Cinexcusas
Luis Tovar

La Jornada Virtual
Naief Yehya

A Lápiz
Enrique López Aguilar

Artes Visuales
Germaine Gómez Haro

Cabezalcubo
Jorge Moch


Directorio
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con Dolores Castro

Dolores Castro (Aguascalientes, 1923) no tiene una historia negra que contar, un anhelo de suicidio, o alguna leyenda oscura que le asegure convertirse en un icono de la cultura mexicana. Con una poesía de intensa luminosidad e instantes, y a diferencia de Rosario Castellanos, Castro cuenta que prefirió “vivir” y narrar sus fragmentos desde ese lugar no tan cómodo de la literatura. Más de una vez la autora del famoso poema “No es el amor el vuelo” narró la experiencia de haber conocido a Gabriela Mistral y en ese instante saber que no quería convertirse en la poeta solitaria y completamente entregada a un oficio ermitaño por antonomasia. Ahora, a sus ochenta y nueve años, Dolores Castro es quizá una de las poetas vivas poco leídas, pero conocida y apapachada por muchos de sus alumnos. Es común que antes de preguntarle sobre su proceso creativo, la acosen con una pregunta: “¿Cómo fue su relación con Rosario Castellanos?”, compañera de la universidad y amiga cercana.

Una poeta que no platica con el diablo

Yendi Ramos

Consentida por el caos

Castro se confiesa como una poeta feliz y católica. Recuerda su infancia en Aguascalientes, en una casa antigua bajo la protección de la abuela materna. Evoca aún las calles en ruinas de esa ciudad que dejó la Revolución: patios rotos, muros derrumbados. Y aunque se preguntaba qué había sucedido ahí, no insistió en saber más; se dedicó a jugar con los primos y a dejarse consentir por el caos. Enfermiza, no pudo jugar a la cuerda “ni nada de eso”, dice. “Me gustaba sentarme y ver.” Es donde empieza el vicio: la contemplación.

Obra y cobijo de la llamada
Generación del ’50

En 1952 publicó Dos nocturnos y de ahí continuó con La tierra está sonando (1959), Cantares de vela (1960), Soles (1977) y Qué es lo vivido (1980), y tuvo apariciones en diversas revistas, antologías y plaquettes. Mucho de ese material se perdió en el terremoto de 1985, cuenta Dolores en la entrevista realizada por el periodista Juan Domingo Argüelles publicada en el libro Literatura hablada. Veinte escritores frente al lector (2002).

Su obra completa fue editada en 2010 por el FCE bajo el título de Viento quebrado, que incluye el poemario hasta antes inédito Asombraluz.

También se le ubica en la llamada Generación del ’50 o de medio siglo, donde –además de Castellanos– destacaron nombres como Concha Urquiza, Amparo Dávila, Jaime Sabines, Emilio Carballido, Sergio Magaña, Margarita Michelena, Griselda Álvarez, así como los poetas nicaragüenses Ernesto Cardenal y Ernesto Mejía Sánchez. Algunos de ellos estudiaron juntos en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, antes con sede en el antiguo edificio de Mascarones, ubicado en la calzada México-Tacuba.

Poeta de lo breve

Después de casi diecinueve años, Argüelles sigue considerando a Castro como una poeta “luminosa, breve e intensa”. Para otros, la poesía de Castro cae en lo clásico y habla de una ensoñación superficial. Lo que es cierto es que, hasta ahora, no se ha sentado a conversar con el diablo…

–¿Ha platicado con Dios?

–Sí, aunque decirlo es sentirme importante pero sí he sentido su majestad. Eso me hace una persona religiosa.

–¿Con el diablo?

–No. Me da miedo.

–Si usted no fuera la poeta Dolores Castro, ¿qué poeta le hubiera gustado ser?

–Me hubiera gustado ser…pero no una mujer, hubiera sido Ramón López Velarde.

–A su edad, ¿está más cerca de la vida o de la muerte?

–Estoy más cerca de la vida porque la muerte tiene que llegar, para qué esperarla tanto.

–¿Cuándo se termina de ser poeta?

–Nunca, por fortuna.

–Su poesía es de mucha luz; ¿tanta luz puede provocar la ceguera, la sombra?

–No porque es una luz muy especial. Esa luz no puede cegar.

–Hermana Alicia.

–Bondad.

–Concha Urquiza.

–Una gran poeta.

–Dolores Castro.

–Una pequeña poeta.

–“Contemplo mis años a solas”...

–Constantemente.

–Intelectuales.

–Son los que están muy dispuestos a pensar y sentir por otro pero no dejar de comer ni de vivir por otro.

–Vejez.

–Una etapa necesaria en la que hay muchas cosas que están limitadas pero otras que son maravillosas.

–Poética.

–Forma de enfrentar la realidad y de expresarla.

–¿La poesía miente?

–No, la poesía imagina pero no miente. Es muy distinto “ser mentiroso” que “ser imaginativo.”

–¿Existen las musas?

–No, sólo la conciencia, la experiencia, la sensibilidad e inteligencia. Porque eso de las musas... ¿de dónde vienen? Creo que hay veces que uno tiene una capacidad mayor porque durmió bien, o situaciones parecidas, y es cuando uno puede captar mejor lo que quiere decir.

–Platillo favorito.

–Mira, a esta edad… la sopa.