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Presentaron el catálogo de la exposición Trazos de una vida, dedicada a la pintora

Reivindican a Angelina Beloff; más que esposa de Diego Rivera, fue una artista

¿Dónde están sus archivos?, inquirió la especialista María Estela Duarte

Falta mucho por indagar de su etapa y familia en Rusia y su estancia en París, así como su unión con el muralista

Merry MacMasters
 
Periódico La Jornada
Jueves 31 de mayo de 2012, p. 5

¿Dónde están los archivos de Angelina Beloff?, preguntó María Estela Duarte, asesora de colecciones del Museo Mural Diego Rivera, durante la presentación, hace unos días, del catálogo publicado con motivo de la exposición Trazos de una vida, dedicada a la artista, que concluyó el pasado 20 de mayo en ese recinto.

De Beloff (San Petersburgo, 1879-ciudad de México, 1969), falta mucho por conocer. “La parte de Rusia no la sabremos, cuántos hermanos tuvo, cuánta familia. La parte de París y toda su vida al lado de Diego Rivera (de 1911 a 1921), mientras estuvieron unidos, tampoco está documentada.

“Lo que sabemos de Angelina es porque estudiamos a Diego, no propiamente porque a ella la hayan estudiado per se, sola”, aseveró Duarte.

Velo de indiferencia

La creadora de origen ruso arribó a México en 1932, fue impulsada por Germán Cueto y al fallecer vivía con su amiga y discípula Vita Castro.

Como cualquier artista de la época debió tener correspondencia, su expediente de la Secretaría de Educación Pública (fue profesora hasta 1948) y los documentos de viaje, dijo la también historiadora del arte.

De allí la relevancia del presente catálogo, ya que el de su primera exposición individual en México, efectuada en 1932 en la Sala de Arte de la SEP, es una hojita doblada, diseñada por Gabriel Fernández Ledesma y Francisco Díaz de León, señaló Mercurio López Casillas, autor del texto Intimidad de la estampa y la ilustración, incluido en el catálogo.

Los otros ensayos son Con luz propia, de Mireida Velázquez, curadora de la muestra; Los años en Francia, de Serge Fauchereau, e Ilustradora y educadora, de Marilyn Castillo, quien también elaboró la cronología.

Un segundo catálogo, publicado en 1967 con motivo de su exposición-homenaje en el Museo del Palacio de Bellas Artes, da fe de 306 piezas (160 estampas, 44 dibujos, 53 óleos y 49 acuarelas y otras técnicas), la mayoría pertenecientes a la colección de Beloff cuando aún vivía. López Casillas, al leer la lista de trabajos, lamentó que haya muchas obras que no conozco y nunca he visto, como por ejemplo, sus exlibris. Con posterioridad, el Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo editó otro pequeño catálogo.

Foto
Angelina Beloff y su hijo Diego Miguel Ángel Rivera Beloff, 1917, imagen de autor desconocido incluida en el catálogo Trazos de una vida

En el actual se corrigieron erratas de investigación, como haber incluido cuatro grabados de la autoría de Francisco Gutiérrez, explicó Estela Duarte. Además, hay muchos datos nuevos en la cronología; sobre todo, se recuperó la parte docente. Ignorábamos que Angelina hizo unos murales para el Hospital Infantil, algo que no se pudo corroborar; nada más está el dato consignado, así como otro mural en Guadalajara para la familia González Gallo.

Laura González Matute, investigadora de la Coordinación Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas del Instituto Nacional de Bellas Artes, observó que por lo general a Beloff “se le identificaba, más que como artista, como la esposa que Diego Rivera tuvo en París. De la mismo manera, era etiquetada como una creadora mediana, de carácter frágil, lastimada por el abandono del muralista y siempre en espera del rencuentro.

Era reconocida por su dedicación a la práctica del grabado, el cual, en ciertos espacios, era considerado un género menor. Por lo mismo, su figura y creación permanecían, de cierta forma, ocultos bajo un velo de indiferencia.

Monserrat Sánchez, directora del Museo Mural Diego Rivera, aludió a la dificultad de conseguir obra para la exposición, que ya concluyó, y el catálogo. Coincidió con Duarte en que el tema no está agotado, pues la artista amerita una buena monografía.