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La karateca de 38 años lo conquistó tras quedar marginada varias veces

Una larga lucha de Yadira Lira para ganar el PND 2011

Su logro más reciente, oro en el Mundial de Serbia del año pasado

 
Periódico La Jornada
Lunes 26 de diciembre de 2011, p. 4

Estaba dormida cuando la llamaron. Del otro lado de la línea, Yadira Lira escuchó una voz familiar que le dio una noticia que había esperado por siete años de ilusiones y desencantos.

Acabas de ganar el Premio Nacional de Deportes (PND) por tu trayectoria, le dijo aquella persona una noche a principios de noviembre, a las 22:30.

Yadira ni siquiera había despertado por completo. No lo creía. Empezó a llorar y a gritar de alegría como no lo había hecho nunca. Ni siquiera cuando ganó el segundo campeonato mundial de karate, en Serbia 2010.

Después de quedar marginada en varias ocasiones del premio que otorga el gobierno federal, las expectativas de una campeona de 38 años por ser galardonada se volvían cada vez más difusas. Primero fue una ilusión su lucha por el reconocimiento, luego un reto, después una obsesión y al final casi un sueño imposible.

Después del título del orbe, para un deportista no olímpico no existe nada más a qué aspirar. Era la máxima medallista mexicana en esa arte marcial, madre soltera, veterana y a partir de esa noche ganadora del mayor reconocimiento al deporte en este país.

La primera sorpresa que dio Yadira Lira fue conseguir la medalla de oro en el Mundial que se realizó en Monterrey 2004. Ahí venció, ante el asombro de los asistentes a la Arena de aquella ciudad, a su némesis, la francesa Natalie Leroy, a quien había enfrentado en dos ocasiones previas sin éxito.

Esa victoria conllevó que el presidente de la Federación Mexicana de Karate, Roberto Hernández García, hiciera gestiones para que fuera considerada entre los candidatos a recibir el Premio Nacional del Deporte de aquel año. Imposible. Fue la primera de varias derrotas de la competidora, porque la convocatoria cerraba el 15 de octubre.

Fuera de fecha

“Los mundiales son cada fin de año –recuerda Lira–, en ese año que quedé campeona del mundo me enteré que no podía participar porque estaba fuera de fecha. Si queríamos hacerlo tenía que ser hasta el año siguiente, en 2005, pero ya no nos tomaron en cuenta y ahí fue cuando nos molestamos.”

La impotencia por conseguir un plazo para que la consideraran fue imposible y la ilusión se le volvió amargura, entre la sensación de marginación y la de haber conseguido una hazaña que pasaba desapercibida.

En aquella edición el premio se lo llevaron la velocista Ana Guevara, Javier Aguirre, la selección campeona del Mundial de futbol Sub-17 y Rommel Pacheco, quien había ganado oro en una Universiada.

Esto último fue lo que más ofendió a Yadira y a su federación. Yo había ganado un mundial de mucha calidad, en el que se presentaban potencias y más de 10 países, se queja Lira cuando recuerda esa premiación que tanto dolor le causó.

La verdad me dio mucha tristeza que me discriminaran porque el karate no es un deporte olímpico, y eso pesaba en aquel entonces. Pienso que nuestro esfuerzo y entrega es el mismo que el que hace cualquier otro deportista. Se me hacía cruel que nos hicieran a un lado, abundó.

A partir de ese momento empezó su carrera obsesiva por conseguir el PND. Si en 2004 no entró por límite de fecha; si en 2005 ya había pasado un año y se le hizo obsoleto al jurado que lo otorga, entonces tenía que refrendar el título del mundo para volver a aspirar a ese reconocimiento.

Llegó el campeonato mundial de Finlandia (2006), pero aunque se esforzó por revalidar el título no pudo hacerlo, y perdió la final. Ese año fue subcampeona.

También metí papeles, pero esta vez sí ganó alguien con campeonato mundial (José Everardo Cristobal, en canotaje); ahí sí ni para pelear, yo había conseguido plata. Está bien, estaba consciente de que no podía exigir algo que no era lógico, admite resignada porque esta vez sabía que el mérito no estaba de su lado.

Fue empezar otra vez de cero, porque despojada del título mundial, Yadira tenía que recuperar el campeonato si quería mantener sus aspiraciones al PND. El proceso de preparación para el Mundial de Japón 2008 fue arduo.

En ese trayecto logró colarse a los podios de Francia, en un par de torneos abiertos en los que terminó en segundo y tercer puestos, pero en el Mundial de Osaka, nada. Los resultados no fueron alentadores.

“En varias ocasiones estuve a punto de tirar la toalla –dice haciendo una pausa y respirando profundo antes de continuar–, pero no sé, había una fuerza dentro de mí que no me permitía hacerlo.

El tiempo es más cruel con los deportistas. Un año para la gente común no significa lo mismo que para quien trabaja con el cuerpo, forzándolo en entrenamientos agotadores para lograr hazañas durante las competencias. Casi con 40 años, Yadira ya era considerada una veterana para su actividad deportiva.

Mientras estaba en pie de lucha para lograr su meta de volver a ser campeona del mundo y, en consecuencia, de regresar a la pugna por el PND, empezó a sufrir lesiones que la alejaban de los entrenamientos regulares y amenazaron en varias ocasiones su participación en torneos importantes. Un esguince la dejó fuera de circulación todo el segundo semestre de 2009.

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Yadira dio la primera sorpresa con oro en Monterrey 2004Foto Notimex

El dolor del atleta

A un deportista le duele no entrenar. Un día que no lo haces sientes como que estás perdiendo algo importante, regalando algo. Uno imagina que los demás se están preparando óptimamente para lo mismo y sientes que te están sacando ventaja. Te deprimes, te desesperas y te metes a entrenar sin terminar la lesión, sin tratarla completamente y sigue ahí molestando. Nos duele, pero es parte del deporte confiesa modulando el tono de voz, como si al recordarlo reviviera esas dolencias.

Es sicológico, te quedas con esos dolores y con cualquier movimiento ya estás esperando a ver a qué hora te duele, abunda Lira.

A sus espaldas empezaron a correr murmuraciones. Ella sabía bien que mucha gente la señalaba como una competidora que ya estaba en edad de retiro, lastimada físicamente por las lesiones, y aparentemente sin posibilidades para regresar al nivel que tuvo en años previos.

Esos rumores le llegaban y la herían. Sentía dolor y coraje porque la dieran por vencida. En ese sentimiento encontrado tuvo el aliento para volver a trabajar duro y recuperar la competitividad que había perdido. Con el orgullo lastimado puso todo su empeño para estar lista para el mundial de Serbia 2010. Si quería un PND, antes debía tener argumentos para exigirlo.

“Yo decía: ‘les voy a demostrar que sí puedo y se van a comer sus palabras’. Eso me perjudicaba, pero era algo que me daba coraje y me motivaba para seguir demostrándoles que para hacer las cosas no hay edad, no hay lesiones. Si uno tiene ganas de luchar y lograr lo que se desea en la vida”, se repite cuando sabe que al final tuvo aquello por lo que peleó durante años.

El propósito de volver no iba a ser fácil, porque para recuperar la corona en karate tenía que enfrentarse a las potencias del mundo en esa disciplina, en la que se califica por apreciación y los puntos pueden caer del lado de los competidores de países influyentes, como Japón, España y Francia.

Voy como mexicana a otro país, con la ilusión, preparada, pero también con la conciencia de que pueden pasar muchas cosas, admite Lira ante una realidad que no mira de la misma manera a todos. La oportunidad llegó con el Mundial de Serbia, que se realizó del 25 de octubre al primero de noviembre de 2010.

Combate ante una joven

Un punto le cambió la vida a Yadira Lira durante la final de esa justa mundialista. La rival era la japonesa Asumi Ishizuka, con quien se lío en un combate difícil, rápido, con gran técnica y sobre todo con agresividad que tornaba complicada la decisión.

Abajo, en el área de combate, Yadira no sabía de los nervios que carcomían a los mexicanos que la alentaban. Ella sólo tenía en mente que ésta podía ser su última oportunidad de recuperar un campeonato mundial y de cumplir el sueño de ser reconocida en su país. Lo había hecho bien en el torneo, venció a las rivales más difíciles en fila: a la española Costa Colomar –tetracampeona europea y subcampeona del mundo 2008–, a la alemana Maria Weiss –campeona por equipos en 2008–, a la brasileña Lucelia Ribero y a la holandesa Hanina Berrouba. La final le deparó a la competidora más complicada del certamen y del país más fuerte de la disciplina.

“Estaba peleando con una joven de 20 años –17 menor que ella–, pero me dije: ‘soy más grande, más fuerte y tengo más experiencia’; ese era el mantra que repetía para tener seguridad ante el reto.

Yadira, con cinto rojo; Ishizuka, con azul. Ninguna dispuesta a regalar nada. Desde el arranque chocaron. Golpeaba una y respondía la otra. Un contacto era devuelto con otro. Nada para nadie. Sólo golpes veloces y gritos de guerra.

Casi al finalizar el combate ambas peleadoras se buscaron, Yadira alcanzó a meter un puño casi en el instante en el que la japonesa marcaba el suyo. En la tribuna el presidente de la federación sudaba de nervios, temía que el punto se lo darían a Ishizuka.

Yo no sé qué pasaba de mi lado o cómo lo veían afuera, yo sólo entré muy contundente y segura de que mis contactos cumplían con el requisito para hacer puntos, recuerda con mucha seguridad Yadira.

La nueva campeona

El combate esperaba la decisión y como suele ocurrir había silencio de suspenso. De pronto, la voz en el micrófono anunció a una nueva campeona: la mexicana Yadira Lira.

“Había imaginado que si ganaba iba a llorar, a brincar cañón, a besar el piso. A la mera hora sólo me llevé las manos a la cabeza y dije: ‘¡Vamos!’, nada más”. En cambio, en la tribuna la gente que la apoyaba se volvía loca, recuerda el presidente de la federación.

Esa victoria le devolvió los argumentos para competir por el Premio Nacional del Deporte, que otorga una medalla de oro, además de 577 mil pesos. Con ese dinero quiero poner un gimnasio o una escuela de karate, comparte Yadira, quien recibió el premio de manos del presidente Felipe Calderón. Dice que en ese momento sólo se limitó a disfrutar y una frase cruzó su mente: Ya estoy donde quería.