Economía
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Policías de NY resguardan los símbolos del poder económico

¿Por qué temen al movimiento?
David Brooks
Corresponsal
Periódico La Jornada
Sábado 15 de octubre de 2011, p. 23

Nueva York, 14 de octubre. Hoy el famoso toro de Wall Street, la escultura de bronce colocada donde desemboca Broadway, en la punta sur de Manhattan, está encerrado una vez más detrás de barreras de metal con una guardia de por lo menos 20 policías. Y el símbolo de Wall Street está acorralado ante la amenaza de unos manifestantes aparentemente tan peligrosos y ubicados en todas partes que se requiere de una enorme presencia de los guardianes del orden público, hasta para proteger símbolos.

Ocupa Wall Street asusta, a unos cuantos.

Cientos de ciudades a través del país ya tienen o están por colocar un plantón Ocupa, y este sábado hay planes para una acción mundial donde se procede con la amenaza de Ocupa Wall Street: ocupa todo.

Un turista le pregunta a un policía frente a Plaza Libertad si ahí es la protesta, o si hay otra. Están en todas partes, responde.

Pero es aquí a dos cuadras de Wall Street en la Plaza Libertad, donde permanece el epicentro de esta expresión. A lo largo de los últimos días las escenas en el parque ocupado ofrecen vistazos de lo que consiste este experimento. Unos punks sentados junto con unos integrantes del sindicato electricista hablando de historia laboral, músicos de percusión latina ofreciendo su ritmo, y unos africanos responden el movimiento, un hombre cesado de su empleo y que perdió su casa hace un mes decidió sumarse al grito de esperanza en este parque, una jubilada profesional de más de 60 años de edad llegó desde California, dejando en casa a su esposo, para participar en este festejo de democracia en Plaza Libertad y sanear así su asco con la política en este país.

Autoproclamados anarquistas se pasean muy seriamente, mientras pasa un joven con una pancarta: no soy un anarquista desempleado, afirma. Pasa un hombre sikh, a su lado un veterano de guerra de Vietnam y un soldado que dice que recién regresó de Afganistán, lo flanquean un universitario y un jubilado, y así. Aquí se topan toda una multitud de mundos que hace pocos días permanecían separados.

Muchos jamás han participado en una protesta, otros nunca en algo como ésta, y otros más no se imaginaban compartir palabras, comida y a veces cobijas con los que están a su lado ahora.

En las pancartas hechas a mano proliferan mensajes: Marx tenía razón; El primer deber de un revolucionario es salirse con la suya: Abbie Hoffman; Creo que estoy soñando, “hombres de Harvard por la justicia económica y deuda es esclavitud. Dos indígenas estadunidenses están bajo una pancarta en la que se lee en tono satírico: Claro que puedes confiar en el gobierno, pregúntale a un indígena.

Hace un par de semanas, Charles Goff llegó de México para presentar un regalo de solidaridad de la Fundación Don Sergio Méndez Arceo y leyó el mensaje de solidaridad:

“Desde nuestro México prehispánico hasta nuestros días, en la noche del día 28 de septiembre una cruz de ‘pericón’, es colocada en cada una de las cuatro esquinas de la tierra sembrada de milpas para proteger la cosecha. Con este mismo espíritu ahora [email protected] les enviamos cuatro cruces de pericón para que sean colocadas en las cuatro esquinas de la Plaza Libertad para protegerlos de las acciones de los dueños del dinero y el poder en Nueva York. Desde estas tierras que cabalgó Emiliano Zapata… reiteramos nuestra solidaridad”. Las cruces fueron colocadas en las esquinas de la plaza, pero la policía decidió que eran peligrosas, y pocos días después las retiró.

Árbol de la vida

Un arbolito en la plaza ha sido rebautizado como el árbol de la vida, ahí es donde se reúnen los poetas; atrás hay un altar a diferentes dioses y fuerzas divinas.

El dragón ya despertó, afirman unos que salen en una de las marchas cotidianas cargando un dragón que construyeron por las calles de centro financiero de Nueva York. Sobre Broadway, un joven de traje los observa, voltea hacia los dos lados tal vez buscando aprobación o tal vez asegurando que nadie que conoce se está fijando, y… se suma a la marcha.

Todo esto, al parecer, asusta a unos cuantos, y se asustan aun más cuando se dan cuenta que esto ya no se limita a una plaza ocupada cerca de Wall Street, sino que, como dice el policía, están por todas partes. Pero tal vez es aún más que eso.

Para la dramaturga Eve Ensler, autora de los Monólogos de la Vagina, y figura reconocida en las campañas internacionales contra la violencia a las mujeres: Ocupa Wall Street es una pieza de arte estallando sobre un bastidor en búsqueda de una forma, de una imagen, una visión. En una cultura obsesionada con producto, el proceso de creación es casi inaguantable. Nada es más amenazante que el momento, la ambigüedad viva y que respira del ahora. Nos han entrenado a nombrar las cosas, ha ser dueños de ellas, ponerles etiqueta y, al hacerlo, controlar y consumirlas. Bueno, el genio de Ocupa Wall Street es que hasta ahora no se le puede poner etiqueta, y eso es lo hace a su potencial tan amplio, con tal alcance, tan inclusivo, y tan peligroso.