Opinión
Ver día anteriorMiércoles 28 de julio de 2010Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Cosas veredes, Juárez
J

uárez sigue ganando batallas, incluso lo reconocen quienes siempre lo han denostado. El liberalismo de Benito Juárez ha tenido oposición férrea tanto en el momento que resquebrajó definitivamente el control social y político de la Iglesia católica, como en nuestros días por parte de los herederos ideológicos de un pensamiento que reniega de la pluralización cultural de la sociedad mexicana.

En este mismo espacio ya lo hemos mencionado, que en el estruendo armado desde el gobierno federal por la celebración del bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución se ha diluido que también se cumplen 150 años de la Ley de Libertad de Cultos, promulgada el 4 de diciembre de 1860. Con tal instrumento jurídico se dio un paso fundamental en la democratización social de la nación mexicana.

La mencionada ley no fue el origen de la incipiente pluralización religiosa del país. Es una completa distorsión afirmar, como históricamente es sostenido por los adversarios de Juárez, que éste estimuló el establecimiento del protestantismo en una sociedad que rechazaba un credo contrario al ente llamado idiosincrasia nacional. Para 1860 ya existían núcleos protestantes en México. El debate sobre la tolerancia de cultos llevaba cuatro décadas de ser tema entre un sector de la intelectualidad y de la clase política. En las filas del liberalismo anterior a Juárez y la brillantísima generación que le acompañó en dar pasos para descolonizar al país, varios personajes se pronunciaron abiertamente por abrir nuestra nación a otras creencias religiosas. Juárez, entonces, proveyó a la sociedad de un instrumento jurídico que reconoció derechos que algunos ya ejercían en un contexto que les era adverso y los definía de ajenos, exóticos, a la realidad mexicana. Realidad que debería permanecer por siempre, según los antijuaristas, uncida al control de la Iglesia católica.

Por la ley de 1860 los no católicos dejaron de ser encarnaciones del mal; ya tuvieron el amparo legal que les permitió ser protegidos en sus personas y creencias por el Estado laico. Jurídicamente ya no eran exóticos con aviesos intereses, sino ciudadanos en un México donde se reconocía el derecho a la diversificación religiosa. Benito Juárez naturalizó a quienes el clericalismo católico consideraba, y tal vez todavía considera, engendros.

Hoy vemos que para defender a uno de los suyos nada menos que el órgano informativo de la Arquidiócesis Primada de México, el semanario Desde la Fe, utiliza una línea de pensamiento que no es originaria de su ethos ideológico. En la publicación citada han fulminado con descalificaciones varias a otras formas de concebir y practicar la vida que son discordantes con el catolicismo. Pero cuando consideran que alguno de sus cercanos ha sido criticado y, en sus palabras, ridiculizado, llaman a la tolerancia y exigen respeto a las creencias religiosas (católicas) de un integrante del gabinete de Felipe Calderón.

De acuerdo con Desde la Fe, Bruno Ferrari, secretario de Economía, fue escarnecido en los términos que cito: Hemos sido testigos recientemente de la intolerancia con la que una comentarista de noticias ha tratado a un secretario de Estado, por el solo hecho de que en su formación profesional incluya también estudios o ciencias eclesiásticas. En vista de lo anterior, argumenta, nadie tiene derecho a ridiculizar a otro por sus convicciones religiosas.

La nota del semanario evita dar información importante para comprender el caso. Evade que fue el 16 de julio, en el programa radiofónico de Carmen Aristegui, donde el periodista Federico Arreola hizo afirmaciones sobre la formación educativa y religiosa del secretario de Economía. Por ejemplo que desde muy joven, Ferrari se enganchó a los legionarios de Cristo, del padre Maciel. Ferrari fue cobijado por el padre Maciel desde que tenía 15 años de edad. Además aseguró que los legionarios de Cristo lo enviaron [a Ferrari], hace unos 20 años, a trabajar a Monterrey, donde fue el enlace del padre Maciel con los empresarios. Una de sus obligaciones consistía en detectar viudas o viudos ancianos y con dinero que pudieran legar gran parte de sus fortunas a la Legión. En estas operaciones financieras usó como prestanombres a siete grandes y medianos empresarios de la capital de Nuevo León. Yo no veo ridiculización alguna, sino señalamientos muy concretos que no han sido desmentidos por el funcionario gubernamental mencionado. Tanto lo que dijo Federico Arreola, como lo que no, puede consultarse en el sitio en el que publica sus artículos (www.sdpnoticias.com).

Como sea, lo cierto es que, a pesar de que la defensa del derecho de Ferrari a tener convicciones religiosas católicas tiene más de tender una cortina de humo a los fuertes señalamientos que se le hicieron por las labores que desarrolló en favor de los legionarios de Cristo y su máximo dirigente, Marcial Maciel, la línea apologética tuvo que recurrir a una argumentación que atacó duramente cuando el presidente Juárez estableció la libertad de creencias. Entonces la cúpula católica no nada más lo ridiculizó, sino que lo combatió a muerte.