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El argentino Joaquín Daglio reúne en cinta a 10 de ellos que perdieron a sus hijos en la dictadura

Los Padres de Plaza de Mayo sí acompañamos a nuestras mujeres

Unos dicen que el trabajo les impedía involucrarse y otros que era difícil realizar marchas pacíficas, pues los hombres son más fáciles de reprimir

Se estrenó en festival de Mar del Plata

 
Periódico La Jornada
Martes 10 de noviembre de 2009, p. a10

Mar del Plata, 9 de noviembre. Las Madres de Plaza de Mayo son conocidas mundialmente por su incansable búsqueda de justicia por sus hijos desaparecidos durante la pasada dictadura militar argentina.

¿Qué pasó con los padres? es la pregunta central de un documental que se estrenó este lunes en el 24 Festival de Cine de Mar del Plata.

Padres de la Plaza, 10 recorridos posibles intenta encontrar respuestas por medio del testimonio directo de 10 papás de hijos desaparecidos durante el gobierno de facto que transcurrió entre 1976 y 1983, y esposos de las Madres de Plaza de Mayo, organismo de derechos humanos que lucha por obtener verdad y justicia hace más de 30 años.

Notamos que estaba ausente la voz del padre, lo cual nos llevó a preguntarnos que pasó con ellos. Las agrupaciones eran de madres, abuelas, hijos, familiares, incluso hermanos, pero los padres no se habían agrupado, dijo Joaquín Daglio, el director del filme.

La película, sencilla, testimonial, casi sin música, da voz a los padres para que cuenten cómo vivieron la desaparición de sus hijos y cómo acompañaron desde su lugar a sus mujeres, quienes son la cara visible de la lucha.

Según organismos de derechos humanos, durante la pasada dictadura militar argentina desaparecieron unas 30 mil personas y en la mayoría de casos no se han encontrado los cuerpos, uno de los principales reclamos de todos los padres.

Construcción de la memoria

Son 10 individuos dentro de los miles que han vivido esto. La idea de la película es acercar las preguntas y que se sigan desarrollando, así como proponer un espacio de reflexión para continuar construyendo la memoria, dijo Daglio.

Todos argumentan que acompañaron material y moralmente a sus mujeres. Algunos dicen que el trabajo les impedía involucrarse y otros sostienen que era muy difícil realizar marchas pacíficas, como las que hicieron las madres todas las semanas, porque los hombres son más fáciles de reprimir.

Mientras nuestras compañeras participaban de la ronda, los padres nos manteníamos en las esquinas lindantes a la Plaza de Mayo para ver si les pasaba algo, señala en el documental Jaime Steimberg, uno de los padres, quien murió hace dos años y pidió que lanzaran sus cenizas al mar, donde cree que está su hijo.

Ricardo Chidíchimo, otro de los participantes en el filme, reconoce: “Muchos padres se movieron, como me moví yo, y otros se resignaron. Era una época muy difícil.

No teníamos tiempo para dedicarnos ciento por ciento a la lucha, teníamos que ir a trabajar. Nuestras mujeres nos decían que éramos muy calentones y que mejor nos quedáramos en la recova esperándolas. Cuando nos quisimos organizar, primero discutíamos de política, luego de futbol y al final no hablábamos de lo que teníamos que hablar.

A lo largo del filme de Daglio, 10 padres que perdieron a sus hijos aventuran respuestas que en 30 años nadie había salido a buscar.

Ninguno de los que trabajamos en esta película tenemos una historia anterior de militancia en organismos de derechos humanos; lo que nos vincula es haber nacido durante la dictadura, por eso sentimos que esta historia es parte de nuestra vida, explicó el director, nacido en 1975, entrevistado, después de una emotiva presentación de la película, en la cual participaron nueve de los 10 padres, ya que uno murió.

“Cuando se cumplió el 30 aniversario de la dictadura (2006) me encontré con unos amigos en la marcha de la Plaza de Mayo y nos preguntamos: ¿qué habrá sido de los padres?

Algo que llamó la atención de los organismos de defensa de los derechos humanos y les alegró mucho fue justamente que nosotros no teníamos un vínculo directo con la tragedia de la dictadura, sino que nos acercamos desde el corazón, afirmó Daglio de su primer largometraje.

El rodaje comenzó en 2006 y duró cuatro meses. La cámara se mete en los hogares de los padres (dos pilotos, un abogado, dos comerciantes, un oftalmólogo, un albañil, un contador, un fotógrafo y un siquiatra), en los cuartos de quienes fueron sus hijos, en aquellos hogares habitados por recuerdos gratos y dolorosos.

Este cartel tiene muchas marchas... las veces que habré llorado con esto en las manos, afirma el albañil Óscar Hueravilo, de 76 años, mientras muestra a la cámara la pancarta con la foto de su hijo, Óscar, secuestrado en 1977, junto a su pareja, Mirta, también desaparecida.

Julio Morresi, de 79 años, abre la puerta de lo que era el armario de su hijo Norberto, desaparecido en 1976 a los 17 años, y muestra la leyenda que éste grabó del lado interior: Es preferible morir de dolor que de vergüenza.

En una escena conmovedora, Jaime Steimberg, quien falleció en enero del año pasado, revela el contenido de la billetera que su hijo Luis, desparecido en 1976, arrojó a la calle cuando fue secuestrado: un documento nacional de identidad (DNI), un boleto de colectivo, un paquete de cigarrillos y dinero, amarillentos por el paso del tiempo. Con esto tenemos una parte de Luis, dice.