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Dudamel, caballero de las Artes y las Letras en Francia
 
Periódico La Jornada
Domingo 25 de octubre de 2009, p. 5

París, 24 de octubre. Público exaltado, músicos que tocaban y bailaban en el escenario en los bises... En su primera actuación en París, la noche del viernes, la Orquesta Simón Bolívar de los jóvenes de Venezuela zarandeó los códigos del concierto clásico bajo la batuta apasionada de su director estrella, Gustavo Dudamel.

A sus 28 años, el joven prodigio venezolano, que acaba de asumir la dirección musical de la prestigiosa Filarmónica de Los Ángeles, que compaginará con la Orquesta Sinfónica de Gotemburgo (Suecia), es una figura que todos se disputan.

Al término de su segundo concierto en la Salle Pleyel, este sábado, el ministro de Cultura, Frédéric Mitterrand, lo nombró caballero de las Artes y las Letras. Al mismo tiempo, las insignias de oficial de la Legión de Honor distinguirán a su mentor, José Antonio Abreu, fundador en 1975 de un célebre sistema de formación musical para niños de la calle.

De las 30 orquestas profesionales reagrupadas en ese ‘sistema’, la Simón Bolívar, integrada por 200 músicos menores de 26 años, es el más importante. Desde que asumió la dirección musical Gustavo Dudamel en 1999, han recorrido América, Asia y Europa, recientemente hasta Viena.

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Gustavo Dudamel durante su debut frente a la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles, el pasado 3 de octubreFoto Ap

París era asignatura pendiente en el palmarés de los jóvenes venezolanos, una anomalía reparada el viernes con todo un acontecimiento: un concierto con dos orquestas, la Simón Bolívar y la Filarmónica Radio France, que Gustavo Dudamel frecuenta desde 2005.

El programa incluyó música de Francia y de Venezuela con la danza como denominador común. Dudamel dirigió primero a la ‘Filar’ en la suite n°2 de Dafnis y Cloe’(1913) de Maurice Ravel, imprimiendo una fuerza irresistible a la ‘danza general’ orgiástica que cierra la obra.

Le tocó luego a la Simón Bolívar, que pudo demostrar su vitalidad y potencia colectiva con Santa Cruz de Pacairigua (1954), del venezolano Evencio Castellanos, obra tan compleja como ágil en el plano rítmico.

La obra maestra quedó para el final: la Sinfonía fantástica (1830) de Berlioz, con guiños a la danza entre Un baile gracioso y una aterradora Marcha al suplicio. Unos 150 músicos provenientes de las dos orquestas interpretaron la partitura con evidente peligro de asfixia por efecto de la masa. Pero Gustavo Dudamel ganó la apuesta gracias a sus gestos límpidos y electrizantes, a su inteligencia musical.