Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 11 de enero de 2009 Num: 723

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

El primer Elizondo
RAÚL OLVERA MIJARES

Pancho Villa sí conquistó Columbus
IGNACIO SOLARES

Seabra y la diplomacia cultural
RODOLFO ALONSO

Vaz Ferreira: filosofar sin pretensiones
ALEJANDRO MICHELENA

Roberto Bolaño: los exilios narrados
GUSTAVO OGARRIO

Milorad Pavic: el rompecabezas imperfecto
JORGE ALBERTO GUDIÑO HERNÁNDEZ

Leer

Columnas:
La Casa Sosegada
JAVIER SICILIA

Las Rayas de la Cebra
VERÓNICA MURGUíA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Corporal
MANUEL STEPHENS

El Mono de Alambre
NOÉ MORALES MUÑOZ

Cabezalcubo
JORGE MOCH

Mentiras Transparentes
FELIPE GARRIDO

Al Vuelo
ROGELIO GUEDEA


Directorio
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Jorge Moch
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De animales

El canal del Congreso, en lugar de ser una suerte de narcótica, chiclosa melcocha televisiva, debería emular aquellos canales documentales de la vida salvaje como NatGeo, Discovery Channel o Animal Planet, y convertirse en sana y nacional fuente de esparcimiento e información que se haga cargo de la vida diaria, de qué comen, cómo viven, se aparean y mueren y se vuelven a aparear y siguen muertos y ya apestan, pero se siguen apareando algunos de los más fascinantes o espeluznantes, según sea el caso, ejemplares de la fauna política en este país. Para empezar, y para hacerse de un mejor nichito de mercado, podría cambiársele el nombre de Canal del Congreso, lo que ya de suyo concita una güeva espesa y casi infinita a algo más exótico: El Congrechannel.

El Congrechannel crearía además entrañables fuentes de trabajo. Así como Discovery rescató del ostracismo a Sir Richard Attenborough, se podría contratar de nuevo a Fito Girón quien, hasta donde esta mamizcle columna tiene entendido, no ha vuelto a la televisión casi desde los tiempos de Fantástico animal. Ese podría, por ejemplo, ser precisamente el título de una renovada y casi de seguro muy gustada sección conducida por don Fito: la explicación de vida y obra de un fantástico animal político en cada episodio, sus pros y sus contras, sus filias y sus fobias. Ejemplos sobran: La fabulosa vida en una burbuja bancaria del Luispazodonte, por ejemplo; los dramáticos filicidios y vaivenes emocionales en cualquier tribu de mangostas perredistas; el asombroso parecido de algunos primates –con hábitos de ponzoñosa viuda negra– que viven trepados en las cavernas del senado, con Gaspar Henaine, Capulina; la explicación del lento metabolismo de los indolentes cetáceos que flotan en las aguas de la Suprema Laguna Judicial o, para arrojar luz sobre tan oscuros y abisales tiempos, un programa dedicado exclusivamente a tratar de dilucidar cómo es que los prianosaurios, esos polífagos consumidores de presupuesto y carroña electoral, se niegan tercamente a una extinción que muchos hemos soñado tanto. Un canal, imagínate, que nos explicara la voracidad incomprensible del ofidio hacendario, y a dónde va a parar en realidad el tracto digestivo del monstruo tributario en su recaudación sin fin. Un canal, vaya, que documente claramente los hábitos del perezoso en su curul, del gorila en su cuartel, del cerdo en su tribunal y de la hiena en el cubil del sindicato.

Sería tan exitoso el Congrechannel, que dos cosas buenas pasarían gracias a él: primero, Televisa y TV Azteca habrían de llegar a la conclusión de que reciclar telenovelas y besar el culo al gobierno pueden dejar de ser negocio, y probablemente lanzarían sus propias producciones de investigación zoopolítica y divulgación antroponaturalista. Y segundo, la señal del Congrechannel terminaría siendo objeto de exportación; un buen producto nacional que fascinaría a científicos y televidentes de otros países donde, sin duda, deben estarse preguntando todos los días cómo es vivir en un hábitat tan exuberante como el nuestro donde, en cualquier lugar, en cualquier calle o rincón, te sale al paso un animal que puede ser hediondo, odioso, peligroso o simple, involuntariamente chistoso, pero siempre fascinante. Ello desembocaría quizá en un aumento del turismo de aventuras, una ola de visitantes cuajados en dólares para que los cacen los depredadores de la región, que son hartos. Con suerte, esos depredadores nuestros dejarían de estar chingando al prójimo y veríamos, ahora sí, una sensible disminución en los índices de violencia vulgarmente callejera: a mayor cantidad de gringos masticados por la horda, menos connacionales secuestrados, levantados, extorsionados y violados.

Pero al margen de posibles experimentos sociales, el Congrechannel sería asimismo el único canal del mundo capaz de pasar de la más soporífera de las rutinas a una dinámica emprendedora y vivaz en los medios, un éxito comercial y mediático sin precedentes. Y sumamente útil para explicarnos, finalmente, por qué, después de la próxima hecatombe ecológica, ya sean racimos de bombas nucleares que estallaron por todos lados porque un grupito de imbéciles fue incapaz de ponerse de acuerdo, o porque un meteorito gigantesco se nos estampó como microbús en barda, o porque simplemente este virus que somos los humanos terminó de envenenarlo todo con botellas vacías de refresco y envolturas de comida chatarra marca Servitje, la tierra la heredarán los diputados… y tal vez las cucarachas.