Usted está aquí: miércoles 2 de julio de 2008 Sociedad y Justicia Entre engaños, el compromiso de no secuestrar el cónclave se esfumó

■ Se mencionaron cinco lugares para la reunión, menos el real

Entre engaños, el compromiso de no secuestrar el cónclave se esfumó

Laura Poy y Karina Avilés

Conforme avanzaba la mañana el plan elbista se concretaba paso a paso. Sólo había un objetivo: fintar para imponer una nueva dirigencia incondicional. Así, el congreso cambió de sede en al menos cinco ocasiones: primero sería en Puerta del Sol, en Santa Fe; luego en un hotel del sur de la ciudad; después en el estado de Morelos y, cuando algunos disidentes se alistaban para trasladarse a esa entidad, llegó el rumor de que los charros se concentraban en un hotel de Paseo de la Reforma. Lo cierto es que el único sitio elegido para realizar el encuentro nunca fue revelado.

Mientras la mayoría de los institucionales eran paseados en camionetas para “despistar al enemigo”, los democráticos los buscaban en 12 autobuses blancos, que dieron vueltas por toda la ciudad en pos de un congreso que, para entonces, ya se había consumado.

Al mediodía, cuando ya se tenía a la “nueva secretaria general”, los disidentes aún esperan la llegada de los enviados elbistas para dar inicio a los trabajos en un hotel muy cerca del Metro Ermita. Incluso, Alfonso Cepeda Salas, miembro del Comité Ejecutivo Nacional del gremio magisterial, se encargó de hacer un “recorrido” para mostrarles la escenografía, con todo y manta alusiva al 23 congreso extraordinario de la sección 9.

La espera terminó muy pronto, al enterarse de que María Teresa Pérez Ramírez, quien fue auxiliar de la secretaria saliente, Blanca Luna Becerril, ya era la sucesora. Fue entonces cuando salieron del vestíbulo del hotel a la calzada de Tlalpan para bloquearla por más de cinco horas.

La impotencia y el enojo de los disidentes no podían ocultarse, porque desde la noche anterior tenían el compromiso de los elbistas de que el congreso “no sería secuestrado y de que habría una comisión bipartita para garantizar el ingreso de todos los docentes electos democráticamente”.

No obstante, desde las primeras horas del día los rumores sobre los cambios de sede eran constantes. Unos fueron citados, con todo y maleta, en el hotel Sevilla Palace; otras maestras, principalmente de prescolar, fueron convocadas al hotel Fontane, mientras la mayoría de los 510 delegados estaban en el Holiday Inn de Tlalpan.

La orden era puntual: llevar ropa “caliente” para abrigarse, aunque en los hechos sólo fueron acarreados a la colonia Santa Isabel Tola, al norte del Distrito Federal, donde fueron concentrados en una casa.

La vivienda, insuficiente para albergar a decenas de guaruras, golpeadores y profesores institucionales, ocasionó que muchos se ubicaran en sus alrededores, donde ya ni se enteraron de lo ocurrido dentro, donde sólo bastó la mención de Pérez Ramírez para que alzaran la mano.

Pese a todo, los charros todavía recalcaron: “Y no digan que esto no fue democrático”. Acto seguido, el “comité espurio”, como lo calificaron los democráticos, rindió protesta.

 
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