Usted está aquí: domingo 4 de mayo de 2008 Opinión ¿La Fiesta en Paz?

¿La Fiesta en Paz?

Leonardo Páez
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■ A más retos, mayor mérito

Ampliar la imagen Entre las actividades que se llevaron a cabo para celebrar las fiestas tradicionales de May Day, en China, se organizó una pelea de toros (arriba) en la provincia de Kaili, en Guizhou, el pasado viernes Entre las actividades que se llevaron a cabo para celebrar las fiestas tradicionales de May Day, en China, se organizó una pelea de toros (arriba) en la provincia de Kaili, en Guizhou, el pasado viernes Foto: Reuters

“De ninguna manera atentan contra la esencia de la tauromaquia las corridas incruentas, por el contrario, son una alternativa para crear nuevos aficionados y para quienes gustan de la estética del toreo sin que el toro sea herido y muerto a estoque. La esencia del toreo no es la sangre sino dominar, mediante el manejo de la técnica, al toro, así como conocer sus querencias, embestidas, comportamiento durante la lidia, distancias y presentación de los engaños. Con estos recursos y el valor suficiente, expresarse artísticamente ante un público siempre dispuesto a emocionarse, más que a divertirse con la sangre.”

Habla Álvaro Sánchez, prestigiado cronista taurino de Tlaxcala, con 30 años de experiencia en periódicos, revistas, anuarios e Internet, autor además de los emblemáticos Comentauros, donde sintetiza el festejo en sextetos o décimas de apretados versos rimados, con un agudo sentido de observación de la lidia y demás actores, y una privilegiada capacidad para emitir fundados señalamientos, no por breves menos certeros.

“Se debe entender –prosigue Álvaro– que más que una obsesión en los aficionados por la sangre y la muerte, subsiste aún el respeto por un rito tradicional taurino, incluso sin las condiciones óptimas del toro, que son: cuatro años cumplidos, astas íntegras y trapío o armonía de hechuras, al grado de imponer respeto con su presencia y comportamiento e impedir que cualquier improvisado esté dispuesto a enfrentarlo.

“Obvio, el toro sin picar ni banderillear –abunda quien ha colaborado en los diarios Esto y Ovaciones, en el Anuario Taurino de México y actualmente en el portal burladerodos.com– representa un reto mucho mayor para el torero, obligado entonces a demostrar no sólo su valentía, sino todas sus dotes de lidiador. Además, lo que técnica y estéticamente sea capaz de hacer con ese toro tendrá un mérito muy superior a lo hecho con un toro castigado.

“¿Cómo enseñar al nuevo público a justipreciar esas faenas incruentas? Como se le intentó enseñar, sin lograrlo unos ni aprenderlo otros, a ver y a valorar las faenas convencionales. La tauromaquia no es un invento de sanguinarios ni de trastornados, sino el último vestigio de la milenaria relación mitológica hombre-toro.

“Salvo la desaparición de la sangre animal –finaliza Álvaro Sánchez– el objetivo de la corrida incruenta es el mismo que el de la convencional: dominar al toro, meterlo en el capote y la muleta y, una vez logrado esto, intentar hacer arte, es decir, imprimir a las suertes ejecutadas una expresión personal y, dentro de lo posible, emocionante y estética.”

 
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