Usted está aquí: sábado 12 de abril de 2008 Opinión Desfiladero

Desfiladero

Jaime Avilés

■ Calderón: sus patrocinadores y petrosenadores ante la ira del pueblo

Preguntas y respuestas. ¿Qué empresa auspició el encuentro de Felipe Calderón con Jeffrey Davidow en 2003? Igasamex: Servicios Integrados de Gas de México. ¿Qué hace? Transporta gas natural. ¿Cuáles son sus socios? Frigus Therme, Corporativo San Ángel y Sask Energy. ¿En qué se ocupan? Frigus importa/exporta petroquímicos; San Ángel distribuye combustóleo y Sask también suministra gas natural, pero en Canadá.

¿Cuál es el consorcio ibérico que estuvo detrás del fraude electoral de 2006 (como lo demostró el Desfiladero del sábado pasado)? Repsol. ¿A qué se dedica? Transporta y comercializa petróleo y gas natural, como lo pretende hacer al amparo del contrato ilegal que firmó con Perú y México, para adquirir gas barato en el país sudamericano y vendérselo 300 por ciento más caro a la Comisión Federal de Electricidad.

¿En qué se parecen Igasamex, Frigus Therme, San Ángel, Saks, Repsol y la empresa Ivancar, de Juan Camilo Mouriño? En que todas transportan petróleo, gas natural y/o petroquímicos. ¿Cuál es el eje de la propuesta de reforma enviada por Calderón al Congreso para que éste la apruebe en dos semanas a más tardar? Modificar la Ley Reglamentaria del Artículo 27 Constitucional para que los particulares intervengan en “refinación y transporte” de hidrocarburos.

¿Qué le pidieron los transportistas de petroquímicos a sus empleados de Los Pinos? Garantías. ¿De qué tipo? Pues de Calderón. No, ¿qué clase de garantías? Ah. El proyecto de ley establece que Pemex efectuará “licitaciones secretas” para otorgar “contratos de servicios ampliados”. ¿Qué significa esto? Que, en rigor, la ley violaría la ley porque las licitaciones siempre deben ser públicas, para que todos los aspirantes cuenten (en teoría) con las mismas posibilidades de éxito, y porque los contratos de “servicios ampliados” serían contrarios a la Constitución, como de hecho lo son los de “servicios múltiples”, creados por Vicente Fox.

¿Cuál de todos los modelos de privatización del petróleo habidos en América Latina escogió Calderón? Los argentinos vendieron 100 por ciento de su industria a Repsol. Los brasileños subastaron en bolsa 40 por ciento de las acciones de la suya. Y los venezolanos, después de nacionalizarla en 1976, la declararon “autónoma” del gobierno, para que los gerentes de las trasnacionales que la manejaban cuando era empresa privada continuaran “dirigiéndola”, esto es, saqueándola a placer.

Calderón, en apariencia, optó por la salida venezolana al proponer que Pemex se convierta en “entidad autónoma” del gobierno y del Congreso, con la clara finalidad de dejarla en manos de los piratas de Repsol y de las petroleras inglesas y estadunidenses. Pero al mismo tiempo, quiere usar la variable brasileña para entregar a los inversionistas privados no 40 por ciento de la renta petrolera, sino algo que por ahora se llama “superior a 15 o 20 por ciento”.

La Jornada del miércoles 9 de abril publicó una nota acerca de una reunión celebrada el lunes 7 en el Instituto Mexicano del Petróleo, en la que Carlos Morales Gil, director de Pemex Exploración y Producción (PEP), anticipó que gracias a la reforma, las multinacionales podrán explotar no sólo los yacimientos de crudo que haya en aguas profundas sino también los pozos tapados o semisecos, mejor conocidos como “campos marginales”, que se encuentran en tierra firme y en aguas someras o bajas del Golfo.

Las aseveraciones de Morales Gil fueron reconfirmadas por el mismo funcionario durante una entrevista que el martes 8 divulgó otro periódico de la capital. A la pregunta expresa de un reportero –“¿qué porcentaje de retorno (léase, ganancia) resultaría atractivo para las multinacionales?”–, el funcionario contestó: “Considerando todo el entorno, puede resultar atractivo para los inversionistas un porcentaje superior a 15 o 20 por ciento”.

¿Qué tanto es tantito para que alcance el rango de “superior”? Si un barril del petróleo de las aguas bajas del mar de Campeche exige una inversión de 4 dólares para que podamos sacarlo, pero en el mercado mundial se vende a 90, la utilidad que deje será, más o menos, de 86 dólares. Ahora bien, si se reabren los pozos tapados de tierra firme, comunicados ya por carreteras que se construyeron con los impuestos de los mexicanos, el costo de extracción será más pequeño. Sin embargo, como el precio de venta será el mismo, ¿la utilidad para los extranjeros será mayor?

En las aguas ultraprofundas, por el contrario, todo será más difícil y más caro y el petróleo que salga, como chicloso, será de calidad inferior y por lo tanto de menor precio. ¿A eso se refirió Morales Gil cuando dijo que el porcentaje de ganancia de las multinacionales será variable dependiendo “del entorno”? En otras palabras, ¿ganarán muy bien en tierra firme porque allí la vida es más fácil y, para no quedarse cortas, recibirán generosas recompensas por el tesorito?

Calderón, en suma, parece haberse inclinado por la fórmula venezolana, con algunos condimentos brasileños para que su reforma alcance el grado de cocción de un bife argentino. Pero al enviar su proyecto para satisfacer los compromisos que contrajo con sus patrocinadores, ha quedado en manos de los petrosenadores y frente a la indignación popular. Desde que Andrés Manuel López Obrador dio la orden de iniciar la resistencia civil pacífica en defensa de Pemex, la gente ha empezado a salir a las calles creando nuevas consignas, que reflejan su alta moral y su alegre estado de ánimo, como esa que las adelitas inventaron el jueves frente a la casona de Xicoténcatl: “¡Auxilio, socorro, nos roban el petróleo!”, a la que por su parte, los adelitos respondieron con un verso más recio: “Beltrones, Beltrones, te hiciste en los calzones”.

Entre tanto, los levantacejas de siempre vociferan sin descanso, tratando de aturdir al pueblo con una gritería que revela de qué tienen forrada la garganta. ¿Quién los escucha? No las mujeres y los hombres organizados en brigadas de resistencia pacífica por todo el país, que aguardan el momento de actuar.

Tampoco los no movilizados, que se burlan de la ridícula oferta de los petrobonos calderónicos, porque piensan que si van a gastar 100 pesos en comprarlos tardarán 25 años en recuperar la inversión, a una tasa sostenida de ganancia de cuatro pesos anuales, y no empezarán a recibir dividendos sino cuando México buenamente sea, si se aprueba esta reforma, algo menos que un garabato en los viejos mapas que los niños de entonces ni siquiera estudiarán. ¡Todos al Zócalo, mañana a las 11!

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