Usted está aquí: domingo 30 de marzo de 2008 Política Defender Pemex, pero también dar alternativas

Antonio Gershenson
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Defender Pemex, pero también dar alternativas

Varios dirigentes y corrientes priístas empiezan a querer deslindarse de la posición oficial ante la “asociación” de Pemex con empresas privadas y otras variantes de la privatización. Esto no implica que haya que bajar la guardia en ningún sentido, pero la izquierda debe, sin dejar la defensa de Pemex, volver al ámbito público su alternativa. La izquierda debe mostrar que tiene su propia posición ante lo que se debe hacer con Pemex y el petróleo, y ejemplificar con lo que sucede ahora. No se debe permitir que el PRI se ostente como el que presenta alternativas, entre las que insisten en la autonomía de gestión, pese a las pésimas experiencias en otros países. Tal vez el caso en que más problemas han provocado la autonomía, y la oligarquía que se formó en torno al petróleo “autónomo”, fue Venezuela.

Pongo sólo dos ejemplos para la alternativa de la izquierda. Uno es el de que Pemex está produciendo cada vez menos, y teniendo cada vez menos reservas probadas. Primero, se debe aumentar el presupuesto a la exploración, y dar prioridad a zonas que ya tienen reservas probables, para que las que se pueda pasen a probadas. Dentro de éstas, dar prioridad a las que producen crudo ligero y con más porcentaje de gas asociado. Luego, la segunda prioridad son las áreas que tienen reservas posibles, para que las que se pueda pasen a probables. Todo esto puede sonar muy obvio, pero lo que plantean los funcionarios y legisladores que defienden la “asociación” con empresas privadas y demás medidas es que se dé prioridad a las aguas profundas, en las que no hay ningunas reservas, sino sólo “prospectiva”.

En cuanto a la producción, ésta debe apoyarse obviamente en las reservas probadas, pero también en un criterio elemental. No dejar tapados pozos que se bloquearon sin justificación actual. Meter a producción los yacimientos que están casi listos, dando los pasos necesarios, como sucede en áreas de la Región Marina Sur Oeste. En vez de meter dinero en pagarle a un contratista por perforar en Chicontepec, con 20 barriles diarios por pozo en promedio, usar el dinero para que Pemex directamente perfore en mejores zonas, como las de los ejemplos mencionados.

El otro ejemplo, que en cierto sentido es complementario, es el de la creciente importación de refinados, especialmente gasolina. Entre la decreciente producción de crudo y esa creciente importación de refinados, apuntan a que, en unos años, México tenga una balanza petrolera negativa, a que compre más hidrocarburos, en dinero, de los que venda. Además de la necesidad de nuevas refinerías en general, es urgente la instalación de hidrodesulfuradoras que permitan un uso más amplio del diesel, especialmente en coches, dado que, especialmente con los avances recientes en otros países, este producto es mucho más eficiente que la gasolina, y estaríamos reduciendo las importaciones de esta última.

También se reduce la importación de gasolina con estímulos fiscales a la compra de coches híbridos, que consumen aproximadamente la mitad de gasolina que los actuales. Esas medidas de estímulo son al mismo tiempo de tipo ambiental. Se estimula reducir los contaminantes a la mitad. En Estados Unidos, con los altos precios de la gasolina, la demanda de estos coches ha tenido un crecimiento acelerado, hasta llegar a casos del doble por año.

Y por último se debe sustituir el uso de productos químicos como el MTBE, muy tóxicos, con etanol (alcohol de caña), dado que, además, ingenios y tierras cañeras están en mala situación económica por la importación y producción de otros azúcares. Lo que consumimos de alcohol, que además de oxidante (y reduce la contaminación) es combustible, lo dejamos de consumir de gasolina. Cinco por ciento de alcohol implica una reducción, en ese mismo porcentaje, del consumo de gasolina.

Como un último comentario, nos referimos a la propuesta de Lula en el sentido de que se asocien Petrobras y Pemex para formar una tercera empresa. En primer lugar, esto, si esa nueva empresa va a trabajar en aguas o tierras mexicanas, viola la Constitución. En segundo lugar, por estas páginas nos enteramos de que el Estado es dueño de sólo 40 por ciento de las acciones de Petrobras. Sabemos que esto no fue responsabilidad de Lula, sino de la derecha que lo antecedió en el poder, pero es un hecho que no se puede ignorar.

Pero podemos recordar otro hecho. La ministra de Petróleo de Noruega anunció, hace unas semanas, que el gobierno de ese país, con el dinero de los excedentes petroleros, compraría suficientes acciones de StatoilHydro (resultado de la fusión de las dos grandes petroleras de ese país) para tener 67 por ciento de las mismas, lo cual le permite tomar incluso los acuerdos que requieren mayoría de dos tercios. Para otros países, que no para México, en que la nación tiene 100 por ciento de Pemex, este puede ser un ejemplo.

 
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