Usted está aquí: domingo 9 de diciembre de 2007 Opinión Desde otras ciudades

Desde otras ciudades

Yuriria Iturriaga, corresponsal

La Patinoire

Ampliar la imagen La pista de hielo parisina  tomada de Internet La pista de hielo parisina tomada de Internet Foto: tomada de Internet

París. Cuando ya hacía siglos los habitantes de Moscú, durante el invierno, se deslizaban en patines por las avenidas congeladas del parque Gorki, en 1998 en París el ya entonces muy controvertido alcalde de la llamada ciudad luz Jean Tiberi, inmiscuido en varios escándalos financieros y electorales que alcanzaban al entonces presidente Jacques Chirac, instaló una pista temporal de patinaje en hielo gratuita en gran parte de la plaza del Hotel de Ville, sede del gobierno de la ciudad.

No faltaron quienes lo acusaran de querer acallar las merecidas críticas sobre su actuación en los distintos affaires, pero cuando el electorado parisino lo destituyó en los comicios de 2001, para elegir a su acérrimo opositor Bertrand Delanoe, del Partido Socialista, éste retomó, amplió y mejoró la Patinoire de París frente a la Alcaldía que preside hasta la fecha, para no defraudar a los miles de usuarios de toda inclinación política.

El sistema de refrigeración, con base en un compuesto de agua y glycol, que congela el líquido sólo entre -9ºC y -12ºC y lo hace circular en circuito cerrado por debajo de la superficie mediante una alfombra de tubos de caucho, sólo tiene un problema: no resistir fuertes vientos, de los que París es víctima sobre todo en invierno, pero no así la ciudad de México.

En este invierno se añadieron a la pista del Hotel de Ville dos más: una a un costado de la Biblioteca François Mitterrand y otra frente a la estación de trenes Montparnasse. Las tres estarán abiertas en promedio tres meses –la duración del invierno europeo–, de lunes a jueves de las 12 a las 22 horas; el viernes de las 12 hasta la medianoche, y los sábados y domingos desde las 9 de la mañana para no favorecer el ausentismo escolar.

Sin duda, los parisinos no perdonarían ya a sus gobernantes la falta de la pista de patinaje en esta época.

 
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