Usted está aquí: jueves 4 de octubre de 2007 Gastronomía Antrobiótica

Antrobiótica

Alonso Ruvalcaba
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Cuatro apuntes para un mango

Ampliar la imagen "El mango, la más feliz de todas las frutas". En la imagen, los tenistas españoles Carlos Moya y Feliciano López preparan un platillo en Bangkok con el jugoso ingrediente “El mango, la más feliz de todas las frutas”. En la imagen, los tenistas españoles Carlos Moya y Feliciano López preparan un platillo en Bangkok con el jugoso ingrediente Foto: Reuters

I. Bíblico

De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como á espirituales, sino como á carnales, y os dije: “En el jardín del Señor la mandrágora da su olor, y hay toda suerte de dulces frutas, nuevas y añejas. Y el mango es la más feliz de todas las frutas dulces”.

II. Léxico

Hay que acostumbrarse al hecho de que los diccionarios no concuerdan. El Oxford dice que la primera aparición de mango en un texto occidental está en el Itinerario de Ludovico di Varthena, de 1510, y dice así: “Se troua quiui anchora unaltro fructo che se chiama Amba, el pede suo se chiama Manga”; y agrega que la primera aparición en otros idiomas europeos, por ejemplo latín postclásico (1511) y francés (1540), es “al parecer” en traducciones de ese pasaje. El Robert Historique lo niega: la primera aparición en francés es en traducción de un texto portugués; ventaja: concuerda con el año 1540; desventaja: no dice qué texto portugués. El Corominas pondera que en portugués la palabra manga no se documenta hasta 1554 y que en español aparece en 1578, en un libro del naturalista Cristóbal de Acosta; desventaja: no dice cuál libro (¿será el Tractado de las drogas y medicinas de las Indias Orientales?); también dice Corominas que la palabra llegó al español por medio del inglés, pero la primera aparición que registra el Oxford es de 1582, en una traducción: Lopez de Castanheda’s First booke of the historie of the discoverie and conquest of the East Indias. En lo que sí se ponen de acuerdo es que la palabra es muy probablemente dravídica –en kodagu hay mange, en tamil hay mankay– y que, junto con la fruta, la introdujeron los portugueses. Yo, obviamente, no tengo idea.

III. Poético

En su Treatise on mango, aparecido en Calcuta en 1897, Probodh Chundra dice que hay un pasaje en el Ramayana de Valmiki en que Hanuman, comandante de los ejércitos de Ramchundra, encuentra, para su gozo y el de sus concubinas, un ámra kanán, y traduce: mango-grove, arboleda de mangos; también dice que los viajeros budistas Fah-hian y Sungyun afirman que Amradarika obsequió al Buda con un jardín de mangos para su reposo y solaz. En The Mango, un manualito de G. Marshall Woodrow de 1904, está esta noticia: “Cuando Tuglak Shah estaba en el trono en Delhi (1325-1351) el poeta Amir Krushu escribió en verso persa: ‘El Mango es el Orgullo del Jardín, la fruta más selecta del Indostán’.” Hay un poema de Eliot (bastante mamerto, francamente) que refiere las diferencias entre el hipopótamo y la iglesia verdadera: ésta ha sido cimentada en la roca, el hipopótamo es carne y hueso, frágil; el paso del hipopótamo puede errar, no el de la iglesia; cuando se ayunta, el hipopótamo lanza ruidos extraños, en la iglesia, en cambio, oímos cantos de regocijo cuando se hace uno con Dios. También trae esta estrofa: “The ’potamus can never reach/ the mango on the mango-tree;/ but fruits of pomegranate and peach/ refresh the church from over sea”: conmueve ese pobre hipopótamo, tratando de alcanzar su dulce fruta. Hay un poema de Graves que verifica la extrañeza del tiempo de la guerra; no se sabe si estás vivo o muerto, dice, de repente estás en la trinchera, detrás de tu fusil, de repente te asfixias y te aprietas el pecho y de repente te vas to Treasure Island where the spice winds blow,/ to lovely groves of mango, quince and lime, a una isla del tesoro donde soplan los vientos de especias, a dulces jardines de mango, de lima y de membrillo... Es fácil comprender a Graves: sin duda en el paraíso hay un jardín de mangos.

IV. Apócrifo

Busqué dos o tres horas y no hallé una antigua referencia manguera, en español, que revelara de veras la explosión que es probar un mango, y el impulso que sigue, en el cual se combinan el ansia de difusión y la avaricia. Luego lo dejé pasar y pensé en un hipotético viajero español (letrado, probablemente gallego o asturiano) en la tripulación de una galera portuguesa; pensé que su nombre podría ser Diego de Negueira, el Joven, o no: mejor el Viejo; que la fecha podría estar en cualquier punto entre 1550 y 1590; que su volumen podría llamarse Historia natural de Ceilan, Cochin y Calicuta; que en el Libro cuarto habría un capítulo, el XXII digamos, cuyo título sería: “De diversos géneros de frutas que se encuentran en los jardines de Ceilan, y cómo los naturales las usan”; que en algún lugar de ese capítulo estaría escrito: “Tantas son, que no es posible relatar todas las frutas de los jardines de Ceilan, pues de muchas no tengo memoria, y de muchas más tampoco tengo noticia, y aun de las que me ocurren parece cosa de cansancio discurrir por todas. Pero la fruta principal es una que llaman manya, que dizen no hay ninguna más sabrosa en esta tierra si no la que llaman manyastan. Esta manya es à vezes redonda à vezes alargada; tiene piel, que no se come, y esta piel es color amarillo con trazos rojos ò color verde con trazos amarillos ò color rojo con trazos verdes, según que esté madura y quánto; y por dentro tiene un güeso, que no se come; y su pulpa es color amarillo, se asemeja mucho a la manteca fresca en lo blanda; en el sabor es semejable a la mejor miel, como no se encuentra en Castilla; es dulce como no lo son ni membrillos, ni duraznos, ni melocotón, ni albérchigo, ni albaricoque. Es más sabrosa que éstos la manya. En fin, que es admirable la providencia y riqueza del Criador, que repartió a estas partes esta fruta, para servicio también de los hombres cristianos”. Pensé también que si yo leyera ese texto sonreiría y estaría de acuerdo, porque no hay ninguna fruta tan dulce y tan feliz.

 
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