Usted está aquí: miércoles 18 de julio de 2007 Cultura Con la música infantil se recupera “la memoria y la imaginación”

Juan José Reyes desglosa en un libro la historia de las canciones para niños en el país

Con la música infantil se recupera “la memoria y la imaginación”

Estamos a punto de ser avasallados por la imagen, pues recibimos mensajes y sensaciones desechables, alerta

Cri Cri se apartó de toda intención didáctica y sólo suscitó alegría”

FERNANDO CAMACHO SERVIN

En México llevamos un largo trecho avanzado sobre el camino del mal gusto. El entretenimiento de consumo fácil, que domina desde hace tiempo la mayoría de los espacios en radio y televisión, nos va acostumbrando a tomar lo que nos dan, aunque carezca de contenido real.

Frente a ello, conocer la tradición de música infantil en México es una manera de recuperar la memoria y la imaginación, además de acercarse a la belleza y las palabras que hicieron reír a los padres y los abuelos.

Mediante el libro La música para niños en México: una crónica, editado por la Fundación Alejo Peralta, el investigador Juan José Reyes propone un recorrido por la historia de las canciones infantiles en el país, desde la tradición prehispánica hasta la época actual, pasando por el virreinato y el México independiente.

Dominio de las apariencias

“En los días que corren, estamos a punto de ser avasallados por la imagen, que como dijo un especialista, es el imperio de lo efímero. Recibimos mensajes o sensaciones desechables, sin sustancia alguna.

“Este dominio de las apariencias sólo ofrece a las personas la superficie de las cosas. Y detrás de ella, no hay nada”, comentó Juan José Reyes en entrevista con La Jornada.

En la música “de calidad” para niños puede encontrarse el polo contrario a la falta de sensibilidad promovida por la cultura chatarra.

La canción infantil, afirmó Reyes, “te remite al concepto de tradición; por su propia naturaleza va pasando de generación en generación. Ahí hay algo muy valioso: la aproximación de los menores a la belleza, lejos de lo desechable y lo vacío.”

El volumen se inicia con un análisis de la música que se hacía en el mundo prehispánico, para luego estudiar el virreinato, “una época muy rica, muy iluminada, con gran influencia de la religión. En ese entonces hubo artistas tan destacados como Sor Juana Inés de la Cruz, con sus villancicos para niños”.

A partir de la etapa independiente, los ritmos y coplas dirigidos al público infantil se hacen más populares. Además, las canciones de cuna, las rondas y las nanas reflejan a su manera los cambios políticos de la época.

En el siglo XX, añadió el autor, las canciones de origen rural empiezan a ganar terreno en las ciudades entre público de todas las edades, gracias a los medios de difusión masiva, “y entonces aparece la figura inmensa de Francisco Gabilondo Soler, quien tenía un don especial para contar historias y hacer música”.

Cri-Cri logró alejarse “de todo formalismo moralizante, o de cualquier intención didáctica, para tratar solamente de divertirse, de alegrar corazones y suscitar alegrías. Es un caso ejemplar.”

Para Juan José Reyes, la capacidad de evocación que tiene cierta música es muy superior al discurso visual de la televisión o el cine.

Como ejemplo, rememoró una película que se realizó en los años 60 en homenaje a Cri-Cri.

La representación con actores o con dibujos animados de algunas de las canciones del grillito cantor “es un fracaso, porque se trata de música para imaginar, para escuchar. Es literatura y no está al servicio de la imagen”.

El derecho a disfrutar de la vida

Durante muchos años, las manifestaciones artísticas dirigidas a los niños y las niñas cargaron con el estigma de ser un trabajo de menor categoría. Como si el teatro, la música o la comicidad para los menores tuviera que ser por definición “simplona”, inclusive tonta.

Esa tendencia, abunda Juan José Reyes, “por fortuna ya está pasando. Si te fijas, la literatura infantil en México tiene cada vez más empuje. Hay escritores muy buenos, como Francisco Hinojosa, que dedica especial atención a los lectores infantiles.

“Está también una versión reciente de Alicia en el país de las maravillas, traducida por José Emilio Pacheco, que publica Editorial Era en una presentación muy bonita.”

En suma, consideró, “hay llamados a la inteligencia infantil. Cada vez se entiende más que los niños son un público inteligente. Y no se trata tampoco de endiosarlos, sino de ver que son seres humanos pensantes y que tienen un derecho primordial, que es el de disfrutar la vida”.

Actualmente, la música para niños en México tiene exponentes profesionales y talentosos, entre ellos los hermanos Rincón y la chelista Pilar Gadea, o las cantantes Susana Harp y Eugenia León.

De la televisión “podría rescatarse la imagen del Tío Herminio e inclusive de Chabelo, pero todo lo demás es puro comercio”.

La música para niños en México: una crónica se presenta este jueves a las 18:30 horas en la librería Rosario Castellanos del Fondo de Cultura Económica (avenida Tamaulipas 202, esquina Benjamín Hill, colonia Hipódromo Condesa). Participarán Silvia Molina, Lidia Camacho, Valentín Rincón y el autor.

 
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