Usted está aquí: martes 26 de junio de 2007 Opinión Investigación en células embrionarias

Javier Flores

Investigación en células embrionarias

La cámara de representantes de Estados Unidos aprobó el 11 de enero pasado una iniciativa que permitiría a la investigación en células troncales de origen embrionario contar, por fin, con fondos públicos. La votación, mayoritariamente demócrata, tuvo la adhesión de 37 líderes republicanos para alcanzar un total de 253 votos en favor y 174 en contra. Pero el miércoles pasado, el presidente de ese país, George W. Bush, vetó la ley aprobada en el Congreso. Este episodio permite examinar el estado actual del debate sobre el estatus del embrión en ese país, y algunas de sus implicaciones para México.

La aprobación de la ley que fue vetada, incluyó a miembros de los dos partidos, lo que muestra que en las filas conservadoras crecen las posiciones adversas en este tema a la que sostiene el mandatario estadunidense. Además de los representantes demócratas -como la senadora Hilary Clinton, quien acusó a Bush de poner la ideología por encima de la ciencia-, algunas figuras relevantes del partido de Bush, como Rudolph Giuliani, ex alcalde de la ciudad de Nueva York, y uno de los posibles candidatos del Partido Republicano a la presidencia, han marcado en este tema distancia con su presidente.

En realidad, los aspirantes a la candidatura republicana para la presidencia, se encuentran divididos. Además de Giuliani, el senador por Arizona, John McCain es partidario de una mayor apertura a la investigación en este campo. Por el lado demócrata, además de Clinton, la mayoría de los precandidatos como Barack Obama, de Illinois, son partidarios de la ley que fue vetada. No hay que olvidar que el próximo año habrá elecciones. El nivel del debate no es despreciable, pues se produce entre posibles ocupantes de la Casa Blanca.

Lo anterior puede ser la expresión de los cambios que se han producido en la sociedad estadunidense. Una encuesta realizada en 2001 por la empresa Harris, mostró que 68 por ciento de los estadunidenses estaba en favor de la investigación en células troncales de origen embrionario. Esta proporción se incrementó a 83 por ciento en 2004. De acuerdo con el sondeo, entre los partidarios republicanos que fueron interrogados, la mayoría, 60 por ciento, se pronunció en favor de estos proyectos científicos, mientras que sólo 18 por ciento estuvo en contra y 21 por ciento no estaba seguro o no contestó. Es claro que el veto de Bush es una imposición contra la opinión de los ciudadanos de su país, entre los que se encuentran simpatizantes de su propio partido.

Antes de proseguir, es importante insistir en un punto al que ya me he referido aquí: Una de las características del oscurantismo actual, como lo fue el de la Edad Media, es el dogmatismo, que consiste en la imposición (incluso por la fuerza) de principios basados en la autoridad y no en una realidad objetivable. En el siglo XXI esta corriente adquiere un componente adicional, lo que justifica hablar de neoscurantismo, pues a diferencia del medievo, se incorporan ahora elementos "científicos" a los argumentos de la autoridad religiosa. Por ello, en escuelas de Estados Unidos se enseña, en lugar de la teoría de la evolución darwiniana, la del diseño inteligente, que es la versión bíblica del origen del universo y del hombre, aderezada con avances de la ciencia moderna seleccionados ad hoc. Por eso se identifican también hechos metafísicos como la infusión del alma, con fenómenos biológicos como la fecundación, lo que lleva a pensar al embrión -sin un fundamento que no sea el de la autoridad-, como persona humana y, por tanto, a la investigación en células embrionarias como asesinato.

El gobierno de Bush encabeza, junto con el Vaticano, un bloque neoscurantista (al que insistentemente se busca incorporar a México), integrado por naciones entre las que se encuentran las más pobres del planeta, opuesto a la investigación científica con células obtenidas de embriones y que se expresa en los foros internacionales. En este tema el mundo está dividido, pues mientras la ciencia estadunidense y la de sus países satélite, se enfrenta a las limitaciones ideológicas impuestas por la Casa Blanca, otras naciones, entre las que se encuentran algunas de las más desarrolladas, acumulan evidencias sobre la capacidad de estas células pluripotenciales (que pueden dar lugar a diferentes tipos de tejidos especializados), para desarrollar tratamientos contra enfermedades que hoy son incurables. El nivel del debate científico y filosófico en el mundo hace además imposible sostener, desde un punto de vista racional, la equivalencia entre embrión y persona humana.

Para México el tema es relevante. La investigación en células troncales y la legalización del aborto tienen un elemento común: el estatus del embrión. En virtud de la sumisión del gobierno de México a las políticas estadunidenses -que hasta ahora convierten a Felipe Calderón en este tema, en aliado inconsciente de Bush-, lo que ocurra durante la contienda presidencial en Estados Unidos tendrá efectos sobre nuestro país. La llegada al poder de corrientes favorables a la investigación en células embrionarias (de origen demócrata o republicano), significaría la desarticulación del bloque neoscurantista, pues quedaría sólo el Vaticano en la tarea de mantener el control sobre la sexualidad y la reproducción de los habitantes de un grupo cada vez más pequeño de naciones pobres.

La decisión de Bush muestra que se ha llegado a un límite, en el que el muro levantado por el dogmatismo religioso se resquebraja ante la opinión mayoritaria de los estadunidenses. Dicho en otras palabras, lo que representa el veto, son "patadas de ahogado".

 
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