Usted está aquí: lunes 4 de junio de 2007 Opinión PND: planificación impuesta

Iván Restrepo

PND: planificación impuesta

Diversas organizaciones relacionadas con el medio ambiente recibieron el pasado viernes 18 de mayo en sus computadoras un correo electrónico en el que se decía que por instrucciones del titular de la Unidad Coordinadora de Participación Social y Transparencia de la Secretaría del Medio Ambiente y los Recursos Naturales (Semarnat), Mateo Castillo, se les enviaba un borrador del Plan Nacional de Desarrollo, (PND) para someterlo a consulta. En la misiva se pedía que, a más tardar el 22 de mayo, se hicieran llegar los "comentarios, observaciones, propuestas y sugerencias al mismo en el formato anexo, dirigidos a la ingeniera Martha Cristina Maya Vargas, subdirectora de Servicios y Fortalecimiento a Programas de la citada unidad, al correo: [email protected], teléfono: (01-55) 5490-0964".

Quien suscribió el texto, don Raúl A. Avila, director de Asuntos Especiales de dicha unidad, afirmaba que era muy importante colaborar en la confección de la última etapa del PND, por lo que "les invito a que se sumen a este esfuerzo y así fortalecer la corresponsabilidad entre el gobierno y la sociedad civil en nuestro país".

Seguramente ese fin de semana muchas de las organizaciones y personas convocadas por la Semarnat lograron estudiar el borrador del plan, cuya versión final presentan el licenciado Calderón y sus más cercanos colaboradores el jueves pasado. Ese borrador debió ser elaborado por personas capaces en la materia. Es seguro que un grupo calificado incorporó, cuando lo estimó conveniente, las aportaciones de las organizaciones civiles hasta confeccionar un documento político de gran trascendencia, que une la gestión gubernamental con los requerimientos de la sociedad, lo que llevó a sumar, democrática y participativamente, voluntades y encauzar esfuerzos en torno a fines comunes. Porque es una forma idónea de trazar el rumbo económico, social, y ambiental del país. Porque fija objetivos, metas y formas con el fin de que el PND se cumpla y no quede, como desde hace tantas décadas, en recetario de buenas intenciones.

Para evitar que ello ocurriera así, ahora sí se deben haber hecho los amarres necesarios para que los tres poderes de la Unión, el sector empresarial, las organizaciones políticas, obreras y campesinas, las universidades y centros de investigación y la población en general se coordinen, hagan suyas y apoyen las acciones propuestas para llegar a buen puerto, pues desde el gobierno se insiste en que ya no hay lugar para planes y promesas que no se van a cumplir.

No faltaron unos cuantos inconformes que estimaron muy reducido el plazo para analizar un documento tan importante y con tantas implicaciones para el futuro del México en su camino de convertirse en la cuarta potencia mundial en un par de décadas más. Ni los criticones, quienes pensaron que en realidad un grupo de burócratas, ayudados por alguna firma consultora ducha en elaborar este tipo de documentos, cumplió su cometido y, de paso, respondió a promesas de campaña. Y que, por lo tanto, la invitación a que participaran las organizaciones de la sociedad civil relacionadas con el tema ambiental, industrial, cultural, científico o agrícola fue una forma de cubrir un expediente, de hacer como que se consulta a la población, cuando el documento final se hallaba cocinado y aderezado para hacerlo atractivo y presentarlo en tempranera y vistosa ceremonia.

Algún puntilloso agregará que lo del jueves fue una muestra más de la forma en que la burocracia simula vincularse con los sectores organizados de la sociedad; una prueba de la falta de cultura democrática que distingue a quienes dicen que desde el año 2000 se hizo realidad la relación gobierno-ciudadanos.

Al analizar el contenido del PND en su parte ambiental se descubre que sus autores pusieron al día ejercicios de planificación anteriores, actualizaron el diagnóstico de los problemas, pero olvidaron aterrizar las políticas para resolverlos con la participación efectiva y oportuna de la sociedad. Así, el actual gobierno sigue el modelo de "planificación" impuesto durante el largo mandato del PRI. Pero esta vez con menos imaginación.

 
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