Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 15 de abril de 2007 Num: 632

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Para verte en silencio
FEDERICO DE LA VEGA

El ángel y el pegaso
FRANCISCO JOSÉ CRUZ GONZÁLEZ

Me acuesto con mi ego, bien a solas
DANTE MEDINA

Fuego a la carta
JESÚS VICENTE GARCÍA

Miniserie Scherezada
JAIRO ISRAEL MORENO

El acompañante
GUSTAVO OGARRIO

Vivir en silencio
SIHARA NUÑO

Inmundo virtual
ROBERTO GARZA ITURBIDE

El atentado
SAÚL TOLEDO RAMOS

Mercedes Iturbe
FERNANDO GONZÁLEZ GORTÁZAR

Numb
JORGE MOCH

Leer

Columnas:
Mujeres Insumisas
ANGÉLICA ABELLEYRA

Paso a Retirarme
ANA GARCÍA BERGUA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

La Jornada Virtual
NAIEF YEHYA

Cabezalcubo
JORGE MOCH

Artes Visuales
GERMAINE GÓMEZ HARO

A Lápiz
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR


Directorio
Núm. anteriores
[email protected]

 

El poder no cambia

Ricardo Guzmán Wolffer

NOVELA


Gerardo Laveaga,
El sueño de Inocencio,
Planeta,
México, 2006.

La más reciente novela de Gerardo Laveaga lo confirma como una presencia en el panorama literario nacional. Conocido por sus anteriores obras, entre las que destacan Valeria (1987) y Creced y multiplicaos (1996), con El sueño de Inocencio el autor retoma el tema del poder y la política. Tomando como referencia la vida de Lotario de Segni, nombrado Papa en 1198, por lo que tomó el nombre de Inocencio III, Laveaga reflexiona sobre el poder y su ejercicio, sobre el derecho y el cuidado de los intereses de los poderosos. Narrada con una precisión notable, por el manejo riguroso de fechas y acontecimientos históricos, la novela no decae en interés. Sin embargo, no puede ser vista sólo como una novela histórica, a pesar de cumplir plenamente con la descripción de los lugares y las costumbres de la Europa de aquel siglo XII en que la Iglesia romana estaba en grave peligro por la ocupación musulmana de las tierras santas y por las luchas de poder entre los países más fuertes de la región. Quizá el mayor logro de la novela, que tiene muchos, es presentar (sin juzgar) el pensamiento que existía atrás de los personajes que fueron fraguando la historia alrededor de este Papa: San Francisco de Asís, el rey Ricardo Corazón de león, entre muchos otros. Pero, sobre todo, presenta las premisas del propio Inocencio: la necesidad de que el jefe de una nación o de un continente pueda fraguar un destino que sigan todos sus súbditos convencidos de ello; la importancia del derecho y la necesidad de que represente a la mayoría; saber que la felicidad reside en la percepción de los hechos a nuestro alrededor; y, entre muchas otras, la necesidad de reordenar, revivir, una estructura política como la Iglesia de Roma.

Laveaga muestra con tino que las dificultades políticas han sido las mismas desde hace siglos, sin importar incluso el país ni los gobernantes. Claro, en tanto el jefe de la Iglesia, el uso del poder tiene sus particularidades: innovar los ritos, sin dejar de extender el poder directo (con Inocencio se ampliaron los territorios de los Estados Pontificios). El personaje central de la novela, bien delineado por el autor, evoluciona de una juventud llena de sed de conocimiento académico, bien salpicado de ese erotismo que luego los Borgia harían famoso, hasta un Papa lleno de ambiciones, pero también de buenas intenciones, que no duda en ejercer el poder. Cada pasaje es presentado en el escenario respectivo y Laveaga muestra su virtuosismo para asimilar la descripción a la narración.

La novela toca una etapa crucial de Occidente, la de un personaje que modificó el curso de la historia en la búsqueda de que la Iglesia permaneciera. Además, refresca una temática editorial acaparada por bestsellers anodinos, con la visión de un observador que vive y modifica el poder político. Para quienes gustan de la reflexión política o de la recreación histórica, este libro resulta imprescindible.


Lo imposible de una búsqueda

Jorge Alberto Gudiño Hernández

NOVELA


Matilde Asensi,
Todo bajo el cielo,
Planeta,
México, 2006.

Elvira es una pintora española de principios del siglo XX que se ha casado con Rémy por conveniencia de ambas partes: ambos son amigos y han creído que con su enlace para ganarán libertad en un mundo de apariencias. Tanta, que él vive en China desde que el contrato matrimonial fue firmado. Tras la muerte de su hermana, Elvira ha tenido que hacerse cargo de Fernanda, su sobrina. Y ha empezado esa labor a bordo de un barco que la lleva hasta las costas del país asiático tras recibir la noticia de que su esposo ha muerto asesinado.

Entonces iniciarán los problemas. La herencia está conformada por una serie de deudas, el país no le resulta confortable, la presencia de Fernanda le impide actuar como quisiera y pronto se encuentra inmersa dentro de una conspiración que va en pos de uno de los objetos que Rémy guardaba. Sucede que, entre todas sus antigüedades, hay una en particular que esconde un secreto. Un secreto que será traducido en un tesoro y en la búsqueda por reinstalar la monarquía en aquel país.

Como toda novela de aventuras, las etapas son necesarias para ir avanzando dentro de la trama. Si primero era apenas un cofre, luego se volvió una serie de pergaminos, de persecuciones, de peleas entre la mafia local y los nuevos acompañantes ya sumados al cortejo familiar. Todo para desembocar en cada una de las tres paradas donde encontrarán los fragmentos de un texto que indica con precisión las instrucciones para llegar a un tesoro que, más que ningún otro, resulta inconmensurable, aunque, para llegar a él, haya que sortear toda una serie de trampas al más puro estilo de película norteamericana.

Todo bajo el cielo es una novela interesante. Sobre todo, porque es una de las pioneras (al menos de las contemporáneas) en atreverse a explorar una diégesis que, hasta hace poco, resultaba mítica. Si el mundo entero se está rindiendo a los pies de China, la literatura tenía que aprovechar las circunstancias y hacer uso del incomparable recurso que significa la majestuosidad del país. Y una novela de aventuras es una buena forma de iniciar la aproximación.

Pese a ello, por momentos resulta excesiva. La falta de concreción de la diégesis hace que raye en lo inverosímil: es el mayor tesoro, oculto bajo el más grande de los enigmas, rodeado de las peores trampas tras el más exhaustivo de los recorridos. Nada mal para quienes gustan de las novelas en las que las acciones predominan sobre los discursos. Sin embargo, a la hora de hacer una evaluación a la distancia, Todo bajo el cielo queda a deberle al lector que, ya encarrerado, busca una mayor contundencia en las anécdotas, en los movimientos de los personajes que parecen ralentizados por la distancia de la voz narradora. Pese a ello, para quienes creen que la literatura también es una forma de entretenimiento y evasión, es un libro de fácil lectura y lleno a rebosar del exotismo de un contexto que sigue resultándonos intrigante.


A

Jorge Valdés Díaz-Vélez

por haber recibido el

Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández